‘Los vengadores’ lleva los auténticos cómics Marvel al cine

| 23 abril, 2012 | 1 Comentario

Los Vengadores de Marvel

Los Vengadores de Marvel

No trabajamos para Marvel, no le debemos ningún favor a Paramount ni nos tienen untados los de Disney. Todo lo que habéis leído y escuchado sobre Los Vengadores hasta la fecha es cierto. Es una de las grandes películas del año, y no precisamente por su abultado presupuesto.

Los Vengadores parece haber sido creada para que los fans del cómic en el que se basa griten como fanáticas de Justin Bieber y para que los espectadores ajenos al rico y vasto Universo Marvel no sólo sientan una irreprimible necesidad de volver a pasar por taquilla, sino de sumergirse en los títulos anteriores que presentaron individualmente a la mayoría de los protagonistas del film… y quién sabe si engancharse a los tebeos que las inspiraron.

Joss Whedon es el director de Los Vengadores

Joss Whedon es el director de Los Vengadores

El artífice de este milagro es uno de esos genios no suficientemente reconocidos, que, hasta la fecha, esperaba una gran oportunidad de Hollywood con la que demostrar su sobrado talento para el cine de entretenimiento: Joss Whedon, creador de tres series televisivas de culto, Buffy Cazavampiros, Firefly y Dollhouse. La primera disfrutó de siete temporadas y un fandom que sigue tan activo como el día de su nacimiento, allá por 1997. Firefly, sin embargo, fue cancelada tras su primera temporada, lo que no impidió que se produjese un largometraje, Serenity, con el que Whedon debutó con sobresaliente en la gran pantalla y en el que narró la última aventura de ese grupo de cazarrecompensas espaciales cada vez más conocido entre los buscadores de oscuras joyas televisivas. Dollhouse llegó a la segunda temporada, pero también fue cerrada prematuramente, algo que no impidió a Whedon colocar a sus espectadores en una montaña rusa de ingeniosos conceptos de ciencia ficción a costa de una suerte de prostíbulo del futuro donde los hombres y mujeres que los más adinerados alquilan por horas son carcasas vacías a las que implantan antes de cada trabajo una personalidad y recuerdos a la carta.

No menos importante y decisiva a la hora de aterrizar en este gigantesco proyecto de Los Vengadores ha sido la experiencia de Whedon como guionista de cómics. Trabajó para la colección Atonishing X-Men, y que, junto a los New X-Men de Grant Morrison, devolvió la esperanza y el interés a miles de lectores que se habían descolgado de la lectura de la franquicia mutante durante la sequía de ideas sufrida a principios de los 90.

X Men: First class

X Men: First class

De hecho, fue ese demostrado talento el que le permitió colarse en las primeras reuniones de desarrollo de la adaptación cinematográfica de X-Men para dar sus ideas. Ninguna de ellas fue tenida en cuenta, algo evidente viendo el penoso resultado artístico del filme de Bryan Singer. Whedon comentó sobre el asunto que en aquella reunión nadie, excepto él, había leído un cómic de X-Men. Era 1999, y las posteriores adaptaciones producidas por ese mismo estudio, 20th Century Fox, demostraron ese nefasto criterio de ignorar sistemáticamente los cómics en los que se inspiraban (Daredevil, Los 4 Fantásticos, Elektra, Lobezno…) hasta que, más de 10 años después, otro devorador de tebeos como Matthew Vaughn logró invertir las tornas con la más que digna X-Men: First Class.

Sigamos haciendo historia. Por aquel entonces, y afortunadamente, otros estudios iniciaron por su cuenta un camino más prometedor: Universal produjo una notable adaptación de Hulk y una secuela más apreciada entre el gran público pero claramente inferior al filme original de Ang Lee; Sony Columbia confió a Sam Raimi (Posesión infernal) la adaptación cinematográfica de Spider-Man en una trilogía en la que brilló especialmente la segunda entrega y decepcionó claramente la tercera (en estos momentos, la franquicia se reinicia de la mano de Marc Webb y con un nuevo reparto); y Paramount acabó asociándose a una recién nacida Marvel Studios para construir un universo de cómics a 24 fotogramas por segundo en un ambicioso plan que pasaba por cruzar diversas franquicias cinematográficas. O dicho de otra manera, empezar a hacer las cosas como era debido.

Iron Man con Robert Downey Jr. como protagonista

Iron Man con Robert Downey Jr. como protagonista

Iron Man fue el primer paso de esa feliz colaboración, donde, además de darle el papel protagonista a un inspiradísimo Robert Downey Jr., se incluyó una escena, estratégicamente insertada al final de los títulos de crédito, en la que aparecía Nick Fury (Samuel L. Jackson) anunciándole a Tony Stark que no era el único superhéroe en el mundo y que una organización llamada S.H.I.E.L.D., para la que también trabajaba el agente Phil Coulson (Clark Gregg), visto brevemente en la misma película, ponía en marcha la creación de una Iniciativa Vengadores.

Esa sensación de Universo compartido se reafirmó con la aparición sorpresa de Robert Downey Jr. en la última escena de El increíble Hulk, cinta producida por Universal y Sony Columbia, que daba luz verde a que el monstruo del mismo color se uniera al grupo. Eso sí, con otro actor en la piel de Bruce Banner. Si a Eric Bana lo había sustituido en la secuela un actor con fama de metomentodo como Edward Norton, en Los vengadores el elegido sería Mark Ruffalo. Viendo la película, la decisión no podría resultar más acertada.

Contradictoriamente, el problema de Iron Man 2 fue que la subtrama Vengadores lastraba de forma evidente la narración principal. Afortunadamente, unos diálogos chispeantes y un reparto más que atractivo, en el que se presentó en sociedad a la turgente Viuda Negra (una agente secreto encarnada por Scarlett Johansson), mantuvieron a flote un film que podría haber sido mucho, mucho mejor, teniendo en cuenta que se inspiraba en la saga de El demonio en una botella, todo un hito en la historia de los cómics.

Scarlett Johansson es Viuda Negra

Scarlett Johansson es Viuda Negra

En la escena sorpresa escondida al final de Iron Man 2 el agente Coulson anuncia el descubrimiento de un martillo de origen aparentemente divino. Era la manera de anunciarnos la llegada de Thor, el título más modesto del lote, pero con suficiente encanto para satisfacer a los fans del cómic original y a los espectadores en busca de la dosis justa de humor y acción. Además de incluir una escena en la nos presentaban a otro futuro vengador, Ojo de Halcón, el arquero y mercenario Clint Barton (interpretado por el emergente Jeremy Renner), los últimos segundos del film (en una escena dirigida por el propio Joss Whedon) dejaban claro a la audiencia que el villano de la cinta, Loki, hermanastro de Thor, no había dicho su última palabra, poniendo sus ojos en el Teseracto (el Cubo Cósmico para los lectores Marvel), un pequeño objeto de infinito poder ahora en manos de S.H.I.E.L.D.

Ese objeto, como diría, Hitchcock, se convertiría en el McGuffin, la excusa argumental, de la última y más brillante pieza del puzle por encajar: Capitán América: El primer Vengador, una película que confirmaba la política de buenas decisiones de Marvel Studios había iniciado con Iron Man. Esta vez se encargaba el proyecto a un artesano como Joe Johnston, autor de otra de las mejores adaptaciones que haya conocido un cómic en el cine, Rocketeer, cinta estrenada en 1991 sin demasiada repercusión ni éxito comercial pero en la línea del mejor cine de aventuras de los años 80 (o sea, el de Lucas y Spielberg).

Capitán América

Capitán América

Capitán América supuso también el primer cambio de planes. Su estreno en 2011 iba a tener lugar pocos meses antes del de Los Vengadores. Pero por motivos de logística, compleja postproducción, fecha adecuada de estreno…, esta última se retrasó definitivamente a la primavera de 2012.

Por otra parte, un cambio de escenario corporativo tenía lugar esos días, ya que Marvel había sido comprada nada menos que por Disney en una operación similar a la que le llevó a adquirir en su momento el estudio de animación Pixar, es decir, apropiarse de otra gallina de los huevos de oro que asegurara la vida comercial del estudio del ratón. La buena noticia para los lectores Marvel era que eso no implicaba un cambio de política editorial. Para Paramount significaba que su contrato cinematográfico con Marvel Studios acabaría definitivamente con Los Vengadores y Iron Man 3. De hecho, Disney se ha hecho con la distribución de Los Vengadores, augurando un negocio mayúsculo para el estudio que ayudará a enjugar las presuntas pérdidas (se especula que entre 80 y 120 millones de dólares) causadas por el fracaso comercial de John Carter, que, a pesar de haber cubierto la inversión gracias a la taquilla internacional, no ha sido la máquina de hacer dinero que algunos esperaban.

A día de hoy la taquilla mundial que Los Vengadores podría amasar es una incógnita, pero sus responsables ya pueden estar orgullosos de haber logrado que una película tan esperada no acabe suponiendo una decepción para nadie (o casi nadie, que haters siempre habrá en esta vida). Los Vengadores no solo funciona como un reloj porque está escrita y dirigida por alguien que conoce muy bien los cómics en los que se inspira, sino porque tiene alma, encanto, gancho, duende, brujo, garra o como se quiera llamar.

Es una película con un guión coherente y unos personajes bien construidos, donde importan tanto sus protagonistas como la acción en la que se ven inmersos. Es un triunfo artístico y técnico que aúna emoción y épica a partes iguales. Es una rara avis en el actual Hollywood, una maquinaria de películas ruidosas y desangeladas como la reciente Ira de Titanes, o de entretenimientos espectaculares pero descerebrados como Battleship. La apoteósica batalla final de Los Vengadores, que pone patas arriba Nueva York al más puro estilo Marvel, será comparada por algunos con los últimos 45 minutos de Transformers 3, donde Chicago era reducida a cenizas por Decepticons y Autobots. Técnicamente tal vez (los deslumbrantes efectos visuales incluyen en su equipo a las tres grandes casas del momento, ILM, Weta y Digital Domain). La diferencia, en esta ocasión, es que, al contrario que Michael Bay, a Joss Whedon se le entienden las escenas de acción y, lo que es más importante, es un director que logra que los espectadores se preocupen por lo que le pasa a sus protagonistas.

Siguiendo más cerca de lo que parece lo narrado en el número uno de Avengers, cómic escrito por Stan Lee e ilustrado por Jack Kirby en 1963, Los Vengadores nos cuenta cómo las malas acciones de Loki, dios de las mentiras, acaban precipitando la reunión de un grupo de superhéroes no demasiado bien avenidos. Whedon saca petróleo de lo narrado en las películas anteriores de la franquicia Marvel, explorando motivaciones, enriqueciendo mitologías y haciendo progresar a estos personajes. Y lo hace sin desatender aquello que hace estos cómics tan especiales: fantasía, humor, acción épica y superhéroes emocionalmente creíbles. La película, como dicen los yanquis, comienza con un ¡bang! que pone en guardia al espectador y entra en materia sin preámbulos. La inevitable reunión del grupo tiene lugar así de forma tan fluida como justificada, además de explorar con detalle las verdaderas intenciones y funcionamiento de S.H.I.E.L.D, esa misteriosa organización gubernamental que orquesta semejante asociación de superegos y superpoderes.

Sin lagunas, sin tiempos muertos, con numerosas escenas de acción inteligentemente repartidas por todo el metraje, Los Vengadores nunca olvida su verdadera naturaleza, la de entretenimiento puro y duro. Y eso es lo que la hace grande. Sirva un ejemplo de lo que os espera, y evitando spoilers: hacia la mitad del film, el grupo se ve en auténticos apuros; divididos en parejas por circunstancias diferentes, los Vengadores se enfrentan a una situación cuya escala justifica de por sí la reunión de seres tan extraordinarios. Una gigantesca escena de acción durante la que uno, golosamente, se frota las manos intuyendo lo que todavía le espera en la posterior e inevitable traca final, apenas atisbada en los trailers. Y es que la escala épica de la película, como bien han apuntado ya algunos, apenas se intuye en los avances cinematográficos.

Es cierto, Los Vengadores es mucho más que el tan esperado Santo Grial del cine de superhéroes. Es, por encima de todo, una buena película. Un sueño hecho realidad para cualquier lector de tebeos y una experiencia más que satisfactoria para cualquier espectador y aficionado al cine.

Pero lo bueno parece no acabar aquí. Esta vez no hay que esperar al final para disfrutar de esa tradicional propina Marvel. Tras un par de minutos en el que desfilan ante nosotros unos elegantes títulos de créditos con los principales artífices del film, llega una breve pero jugosa escena (especialmente para los conocedores de la mitología de Los Vengadores) en la que descubrimos por dónde irán los tiros del siguiente reto al que tendrá que hacer frente el supergrupo. Así que ya podéis decirlo, que corra la voz, los auténticos cómics Marvel por fin han llegado a las pantallas de cine.

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