Un Goya Azul, y no tan rosa

| 26 febrero, 2014 | 0 Comentarios

Fotograma de Azul y no tan rosa ganadora del premio Goya a la mejor película iberoamericana

Fotograma de Azul y no tan rosa ganadora del premio Goya a la mejor película iberoamericana

En América Latina aún queda un largo trecho por recorrer en el camino hacia la igualdad de derechos de los homosexuales. En sociedades machistas donde tener una orientación sexual diferente es motivo de burla, de marginación y está asociada a la depravación y la enfermedad, se agradece que el cine sea un motor más en la lucha contra los prejuicios. Desde mi condición de latinoamericana cuando me cuestiono si puede el cine contribuir a cambiar la sociedad inmediatamente pienso en Fresa y chocolate, en cómo forma parte del imaginario cubano en lo que a la problemática gay se refiere, y en cómo se ha convertido en una referencia innegable.  Por eso creo que en la región se agradecen cintas como la venezolana  Azul y no tan Rosa, Goya a la Mejor Película Iberoamericana 2014.

Se agradece sobre todo el impacto social que puede acarrear una película llena de buenas intenciones en el gran público. Notemos que el filme estuvo treinta y tres semanas en cartelera y contó con la asistencia de más de quinientos mil espectadores en Venezuela.  Si desde siempre el cine nos ha impuesto cánones de belleza, patrones de consumo, falsas necesidades,  ¿por qué no usar su capacidad comunicativa para fines ahora sí urgentes y humanitarios?

Azul y no tan rosa se vale para elaborar su discurso de la progresión de diferentes conflictos. El neurálgico y sin dudas el más interesante es el de la paternidad asociada al conflicto gay, donde Diego (Guillermo García) después de cinco años se reencuentra con su hijo español  Armando (Ignacio Montes) para asumir por primera vez su papel de padre,  un rol que se suele asociar indisolublemente a la heterosexualidad.

Paralelamente, su director, Miguel Ferrari, desarrolla otras tramas  que tocan también puntos conflictivos dentro de la sociedad latinoamericana: la violencia de género, la inseguridad, el tema transexual, la incapacidad de comunicarnos en un mundo donde la tecnología media las relaciones personales… Es precisamente aquí, en la ambición de tratar tantos temas y desarrollar tantas líneas argumentales, donde se halla el punto más endeble de la cinta. Y esta es una característica propia de algunas Óperas Primas, que tratan de hablarnos de todo aquello que inquieta a su realizador, descuidando así la fuerza y la sucesión armoniosa de la trama principal. Subtramas como la del transexual Delirio y su primer amor,  o la relación de Perla Marina con su marido, cuesta integrarlas en el conflicto principal, pues pareciera que están flotando de forma separada, cuando lo que el espectador realmente espera es que interfieran dramáticamente en el curso de la historia.

Otras veces aparecen personajes secundarios, como por ejemplo la familia de Diego, que responden a estereotipos y que no contribuyen a hacer avanzar el argumento, da la sensación de que más bien están diseñados para ayudarnos a ubicar al protagonista en su realidad social, la del joven profesional proveniente de una familia de clase media no exenta de prejuicios hacia los homosexuales, de modo que la madre cariñosa y el padre gritón asemejan más a elementos del decorado que a personajes con verdaderas disyuntivas.

Miguel Ferrari recoge el premio Goya por Azul y no tan rosa a la mejor película iberoamericana de 2014

Miguel Ferrari recoge el premio Goya por Azul y no tan rosa a la mejor película iberoamericana de 2014

Creo que cabe destacar la actuación de Guillermo García que, con una interpretación muy sincera y esmerada, consigue que el público se identifique enteramente con Diego, haciendo nuestras las inquietudes del personaje. Sin embargo, con respecto al casting, me ha llamado la atención que el director haya elegido a la actriz Hilda Abrahamz para interpretar el papel del transexual Delirio. No es la primera película hispanoamericana en la que encontramos a actrices interpretando a transexuales, y yo me cuestiono desde un punto de vista más personal si no sería incluso más interesante que transexuales puedan asumir este tipo de roles, creo que se lograrían personajes mucho más potentes, además de reafirmar la postura inclusiva del discurso que suelen tener películas como ésta.

De todos modos, y aunque se trate de un filme con algunas carencias, cabe destacar que Azul y no tan Rosa da visibilidad y frescura a la cinematografía venezolana, tanto formal como temáticamente, y creo también que su realizador, Miguel Ferrari, merece una enorme enhorabuena por proponernos una historia repleta de buenas intenciones en un contexto donde ciertamente la igualdad se necesita con urgencia.

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Category: Galerías, Reportajes

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