Sitges 2013: Película a película (y 18)

| 19 noviembre, 2013 | 0 Comentarios

Dejaron lo mejor para el final. Pero antes de Miyazaki, un Shion Sono primerizo, una de fantasmitas y un Terminator meets Caprica.

¿La última película de Hayao Miyazaki? Dios no lo quiera.

¿La última película de Hayao Miyazaki? Dios no lo quiera.

 

Caos, ruido, confusión, yakuzas... Esto es 'Bad Film'.

Caos, ruido, confusión, yakuzas… Esto es ‘Bad Film’.

BAD FILM

El año pasado, convertido ya en un cineasta consagrado, Shion Sono decidió revisitar un proyecto inacabado y darle forma en la mesa de montaje a las interminables horas de grabación que, en compañía de la agrupación teatral Tokyo GAGAGA, registró allá por 1995. Una película coral e improvisada que, entre otras muchas cosas, explora la tensión jamás resuelta entre China y Japón en clave de film de yakuzas… pero en plan amateur, que nadie se haga ilusiones.

Tiene gracia ver esta película apenas unos días después de disfrutar de una obra de madurez como Why Don’t You Play in Hell? Todo el mundo tiene un comienzo, y aunque Bad Film tenga destellos de buen cine, el título es absolutamente honesto y preciso. Sono no pretende ocultar las carencias de sus obra primeriza y ofrece al espectador una experiencia agotadora, de dos horas y cuarenta minutos, donde la historia avanza a trompicones entre generosas dosis de humor, surrealismo, violencia, sexo, política y reivindicación.

Insolencia juvenil a raudales que aunque a veces despierte la complicidad del espectador, no deja de ser una película que demanda la presencia de un espectador consciente de en qué berejenal se está metiendo. Aquí sólo cabe ser un completista de Sono o uno de esos voluntariosos cinéfilos con tiempo y paciencia para devorar lo que se le ponga a tiro.

 

Pasado y presente unidos para limpiar una casa embrujada.

Pasado y presente unidos para limpiar una casa embrujada.

HAUNTER

Hace ya tiempo quedó claro que Vincenzo Natali fue flor de un día. Cube, a pesar de sus frases lapidarias y personajes impertinentes, era una idea fresca estupendamente realizada con un minúsculo presupuesto. Sin embargo, su director nunca ha vuelto a cautivar a la audiencia de la misma manera. Más bien ha tratado de emular, sin personalidad, el cine fantástico de otros realizadores más capaces, como fue el caso de la reciente Splice, en la que sin éxito trataba de recrear el universo de David Cronenberg en un film predecible que no pasaba de simpático.

Con Haunter uno acaba perdiéndose entre tantas referencias, las cuales van de Bitelchús, pasando por Los Otros y Atrapado en el tiempo, hasta Frequency. Comunicación entre vivos y muertos, casas encantadas, maldiciones, posesiones de utratumba… el concepto engancha, pero la película no tiene garra.

Lo más interesante acaba siendo todo lo relacionado con el hecho de ser un fantasma: el bucle, la repetición y lo inquietante que es descubrir que uno está atrapado dentro de éste. El problema es que eso apenas suma 20 minutos de película y, una vez las cartas están sobre la mesa, la trama no tarda en revelarse como bastante convencional, con villano incluido y maldición a resolver. Una sosería.

 

Caity Lotz es una máquina... de matar.

Caity Lotz es una máquina… de matar.

THE MACHINE

Un guión ambicioso y un presupuesto escaso. Un punto de partida siempre prometedor para una película de ciencia ficción. Lamentablemente, la cosa queda en intento. Y hay muy buenas ideas por aquí rondando. Para empezar el contexto, un futuro marcado por una guerra fría entre Gran Bretaña y China. Así, la industria armamentística británica intenta desarrollar el soldado definitivo, creando para ello cyborgs tan bellos como mortíferos.

Es como si fuéramos testigos de los orígenes del Terminator, sólo que añadiendo el factor espiritual que Ronald D. Moore aportó a su reinvención de Battlestar Galactica y, en concreto, a la precuela de ésta, Caprica, esa maravillosa serie que Syfy, con su ineptitud habitual, canceló tras una primera temporada sencillamente magistral.

La máquina de matar acaba impregnada por los recuerdos de una de las científicas que ha trabajado en el proyecto, y así nace una inteligencia artificial que acaba siendo consciente, con todo el debate moral que ello conlleva, del propósito para que ha sido creada. Lo dicho, un concepto muy interesante que queda deslucido por un reparto desigual, una realización algo torpe y un guión que nunca acaba de aprovechar su propia materia prima.

 

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El creador y su creación.

THE WIND RISES

Hayao Miyakazi ha asegurado que deja el anime de largo metraje, pero no ha descartado que vuelva a dirigir, aunque eso implicaría que, de hacerlo, sería en algún cortometraje. Si a este dato añadimos que el maestro japonés en estos momentos se encuentra dibujando manga, ni mucho menos se puede hablar de retiro. Está claro que el director de Mi vecino Totoro tiene ya una edad y el esfuerzo que supone una película de animación es algo que cuesta cada vez más asumir para alguien que cumplirá 73 años el próximo 5 de enero. También es verdad que los que admiramos a este genial artista simplemente no queremos que se retire nunca y nos siga dando alegrías como The Wind Rises, la mejor película que he podido ver este año, y sin duda la mejor que se ha proyectado en Sitges 2013… en mi humilde opinión, claro.

The Wind Rises nos cuenta dos historias de amor. Una es la que Miyazaki siente por volar, y más concretamente por la aviación, expresada aquí a través de la pasión por la aeronáutica de su protagonista, una figura histórica como Jirô Horikoshi, el ingeniero detrás del caza más emblemático de la aviación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial, el Zero. La segunda es el trágico romance del propio Hirokoshi con una joven enferma de tuberculosis. La película nunca pretende ir más allá del círculo íntimo del protagonista. De ahí que resulte incomprensible que haya gente que critique el film por no posicionarse políticamente o por evitar entrar en los horrores de la dictadura militar japonesa y la Segunda Guerra Mundial. No hay que ser muy observador para darse cuenta de lo que nos está contando aquí Miyazaki.

La historia arranca con un sueño y termina con otro. El film nos habla de perseguir nuestros sueños en un mundo donde el horror y la decepción están siempre presentes. Ambos enamorados se conocen durante un terremoto, algo que marca el destino trágico de su existencia en común. Por otra parte, el precio que Jirô paga para hacer realidad su impulso innovador como ingeniero aeronáutico es fabricar máquinas de guerra. De hecho, en una secuencia asegura que para que una de sus creaciones vuele mejor sería conveniente quitarle las metralletas previstas por sus contratadores. Y es que aparte de hermosa y emotiva, como son todas las películas del director de Porco Rosso, The Wind Rises es muy pesimista, pero con un mensaje sabio y bastante pragmático: Vale la pena luchar por nuestros sueños una vez descubrimos no sólo lo que el mundo es capaz de darnos, sino de quitarnos.

Con ese mensaje se despide Miyazaki de la gran pantalla. Tal vez para siempre, pero por todo lo alto, en plena forma creativa, con un drama costumbrista absolutamente personal y cinematográficamente arrebatador. Una obra maestra con mayúsculas.

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Category: Reportajes

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