Sitges 2013: Película a película (2)

| 17 octubre, 2013 | 0 Comentarios

Segunda entrega de nuestras aventuras… ¡Y apenas hemos cruzado el ecuador del primer día!Shane Carruth y Amy Seimetz en el póster de 'Upstream Color'.

Shane Carruth y Amy Seimetz en el póster de ‘Upstream Color’.

 

Los Adán y Eva de 'Upstream Color'.

Los Adán y Eva de ‘Upstream Color’.

UPSTREAM COLOR

No pueden faltar en todo festival esas propuestas abiertamente vanguardistas y gafipastas. Y Sitges siempre tiene una buena ración en ese sentido, quizá más en la sección Noves Visions durante los últimos diez años que en la Oficial a concurso. Pero que nadie se ponga a temblar, Shane Carruth ya sorprendió gratamente con Primer, aquella apuesta por la ciencia ficción más dura e ingeniosa, y también de bajo presupuesto. Su esperado segundo largometraje, sin embargo, apuesta claramente por la filosofía y su narración es alegórica. Una emancipada mujer que se dedica a cazar talentos en el excéntrico mundo de los inventores topa con enigmático individuo que, al estilo Cronenberg, experimenta con unos gusanos que en contacto con nuestro organismo producen una reacción que transforman al individuo de tal manera que se convierte en otra cosa. Ella lo hace y de la noche a la mañana, su seguridad y confianza en sí misma desaparecen. En su lugar, descubrimos a una mujer miedosa e insegura, mientras se nos presenta paralelamente a otro personaje misterioso al cuidado de una piara de cerditos de lo más monos. A partir de ese instante, el filme de Carruth no deja de insinuar la idea de que el gusano pueda ser la fe… o el mal, mientras que el hombre al cuidado de los gorrinos sea el mismísimo Dios… o simplemente el control que nos impide ser libres.

Una invitación a la reflexión sobre el control que ejerce la sociedad sobre nosotros, y sobre la necesidad de liberarnos a través de una superioridad moral que nos permita ver más allá de las convenciones. Mucha tela que cortar para apenas 90 minutos de pura hipnosis narrativa gracias a un estilo narrativo austero pero visualmente exquisito. Una película muy exigente, pero de lo más estimulante. Y con bastantes elementos en común con otra metáfora cinematográfica, la que Richard Kelly nos ofreció con la magnífica e incomprendida The Box, en la que el mito de Adán y Eva se nos presentaba de una manera hasta cierto punto similar a la de Upstream Color.

Michelle Mylett, en 'Antisocial'.

Michelle Mylett, en ‘Antisocial’.

 

ANTISOCIAL

Y ya que hablamos de referencias, poderosa es la presencia de Kairo, de Kiyoshi Kurosawa, en esta otra película de infectados. Aún más modesta en cuanto a presupuesto que la anterior, nos habla en clave de comedia de terror sobre cómo el mundo se ve amenazado por una red social denominada theredroom.com (todo un guiño fonético al Redrum de El resplandor), que poco a poco está convirtiendo a sus usuarios en asesinos sanguinarios por culpa de una aplicación subliminal del software de la página cuyo objetivo es acentuar la adicción a la misma.

Ambientada una noche de fin de año en la que varios amigos se juntan y acaban parapetados en su piso frente a la oleada homicida, Antisocial presume de una habilidosa puesta en escena, que aparte de esconder bien sus falta de presupuesto, explota las posibilidades narrativas que pueden aportar inventos como el skype o youtube, pero sufre, y mucho, por culpa de un reparto bastante nefasto. Simpática.

Un perfecto ejemplo del delirio que nos reserva 'Rigor mortis'.

Un perfecto ejemplo del delirio que nos reserva ‘Rigor mortis’.

RIGOR MORTIS

Escucho algunos tímidos silbidos al finalizar la proyección de este irresistible ejercicio de cinefilia en el que el realizador Juno Mak homenajea dos géneros cinematográficos del cine chino tan emblemáticos como las artes marciales y la historia de fantasmas.

Un actor fracasado y amargado alquila una habitación en un desvencijado edificio de apartamentos para suicidarse de forma más anónima. Pero cuando cuelga de su improvisada horca antes de expirar, un espíritu secuestra su cuerpo para ser rescatado en el último segundo por un excéntrico cazavampiro que vive retirado y supervisando un restaurante familiar en el mismo edificio. Y su trabajo se va a duplicar en pocas horas, porque una de las vecinas del inmueble mantiene el cuerpo de su difunto marido en su apartamento e intenta devolverlo a la vida con la ayuda de un brujo, algo que convertirá irremediablemente al viejo sastre en un chupasangre. ¿Delirante? Ese es precisamente el tono del filme, cuyo objetivo es sumergirnos en una grandilocuente atmósfera gótica por medio de una espectacular dirección artística y un trabajo de fotografía y efectos visuales tan ambicioso como logrado. Sinceramente, yo lo pasé teta. Lo siento por aquellos que no encontrasen lo que buscaban.

Comienza el 'desfile de genitales' de Peter Greenaway para 'Glotzius & the Pelikan Company'.

Comienza el ‘desfile de genitales’ de Peter Greenaway para ‘Goltzius & The Pelican Company’.

GOLTZIUS &
THE PELICAN COMPANY

¿Peter Greenaway el primer día? Una opción suicida para muchos, pero una sorpresa relativamente agradable para otros. Mi relación con el director de El contrato del dibujante es más bine de amor-odio, pero este juguetón ensayo sobre la doble moral de los poderosos a propósito de los tabúes sexuales representados por el arte es tan ingeniosa como absorbente, aunque en eso juega bastante el grado de vouyerismo que se gaste cada uno a la hora de enfrentar este desfile de genitales, algo de lo más habitual, por otra parte, en la filmografía de Greenaway.

Pintura, teatro y devoción por el barroco una vez más se adueñan de su último trabajo, y esta vez esas molestas y efímeras nuevas tecnologías narrativas, de las que tanto ha abusado el cineasta británico anteriormente, aparecen más tímidamente, sin echar por tierra el buen trabajo de escenografía del filme. A destacar la banda sonora de Marco Robino y la presencia de un F. Murray Abraham algo cohibido en alguna que otra secuencia ante las exigencias carnales de la historia, que describe la recreación teatral de siete de los citados tabúes, todos ellos extraídos de las páginas de la Biblia,  como pago a la aportación económica de un acaudalado marqués al empresario editorial y teatral Goltzius, cuyo objetivo es imprimir una edición ilustrada del Antiguo Testamento.

No te pierdas la siguiente entrega.

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