Sitges 2013: Película a película (15)

| 10 noviembre, 2013 | 0 Comentarios

Jodorowsky por partida doble, el vampirismo y el elitismo según Jim Jarmusch y una nueva vuelta de tuerca al subgénero zombi.

El emotivo homenaje de Alejandro Jodorowsky a su padre.

El emotivo homenaje de Alejandro Jodorowsky a su padre.

JODOROWSKY’S DUNE

El cómo no se hizo ya es un subgénero documental adulto. En esta época tan negativa nos da un morbo tremendo descubrir los entresijos de cualquier fiasco. Hace poco más de 10 años, Lost in La Mancha nos relataba de forma apasionante las razones por las que El Quijote de Terry Gilliam no pudo acabarse, y siguiéndole muy de cerca sus pasos, este divertidísimo largometraje documental de Frank Pavich describe cómo Alejandro Jodorowsky, allá por 1974, intentó levantar su adaptación de la novela de Frank Herbert, la cual ni siquiera había leído, y cómo Hollywood le dió un portazo en las narices cuando llegó el momento de encontrar una financiación millonaria, y eso a pesar de haber reunido a un equipo de artistas, entre los que figuraban genios como Dan O’Bannon, Moebius, H.R. Giger o Chris Foss, que pocos  años más tarde volverían a juntarse para dar la campanada con el Alien de Ridley Scott.

El cartel promocional del Dune de Alejandro Jodorowsky.

El cartel promocional del Dune de Alejandro Jodorowsky.

Las anécdotas que nos cuenta el propio Jodorowsky son impagables, aunque uno a veces tiene la sensación de que la mitad se las está inventando sobre la marcha, como esa que tiene a Mick Jagger como protagonista. Pero lo más espectacular es tener acceso al interior de ese impresionante libro, del que sólo existen dos copias en el mundo, con la suma del diseño conceptual, guión y storyboard de esta película de vocación imposible que, de alguna manera, y sin haberse materializado, allanó el camino a proyectos tan arriesgados y rompedores como Star Wars. Aunque tal vez lo más jugoso de esta mirada retrospectiva es que ha permitido la reunión de Jodorowsky y el productor Michel Seydoux, lo que ha hecho posible hacer realidad el largometraje que abordamos a continuación.

LA DANZA DE LA REALIDAD

Tras disfrutar de su arrolladora presencia en la pantalla del Auditori, el propio Jodorowsky, con unos maravillosemente bien llevados 84 años, se subió al escenario poco después para presentar su nuevo largometraje tras un silencio como cineasta de 23 años. Visiblemente nervioso, acusando cierta timidez, pero como de costumbre lúcido, el genio chileno nos presentó la adaptación cinematográfica de su novela autobiográfica del mismo título, que pone el acento en la figura de su padre por encima de la suya. Curiosamente, la cinta, está protagonizada por su hijo Brontis, que da vida a Jaime Jodorowsky en una convulsa pero como no podía ser de otra manera imaginaria Chile, desde finales de los años 30 hasta bien entrada la década de los 40.

Con un presupuesto escaso, pero con la habitual imaginación desbordante, afán provocador y espíritu libre del cine más genuino del director de Santa sangre, La danza de la realidad huye de convenciones y construye con vocación surrealista pero ante todo íntima y muy personal un relato dual: los recuerdos de la propia infancia y la interpretación de la memoria ajena. La niñez de Alejandro Jodorowsky y su versión de la peripecia vital de su progenitor. Un retrato de esa figura paterna a veces cruel, otras patético, pero finalmente cariñoso y repleto de admiración, algo que a muchos espectadores sin duda conmoverá porque habla de una generación en vías de extinción que pudo y aún puede decir que lo pasó bastante peor que la mayoría de nosotros.

Aunque el conjunto pueda ser irregular, o excesivo a veces, La danza de la realidad está llena de ideas y momentos únicos. Visualmente arrebatador a veces (como la memorable escena final) y sorprendentemente muy cercana en algunos momentos al universo de Fellini, el film merecería la atención de nuestros distribuidores cinematográficos más allá del circuito festivalero al que parece circunscrita casi exclusivamente en estos momentos.

ONLY LOVERS LEFT ALIVE

Tilda Swinton en compañía de sus mejores amigos.

Tilda Swinton en compañía de sus mejores amigos.

El cine de Jim Jarmusch ha alcanzado cotas excelencia formal difícilmente superables, pero ésta ha venido acompañada de una tendencia a la afectación cada vez más ridícula. Su reflexión sobre los peligros de la globalización y las nuevas formas de imperialismo occidental o, más concretamente, norteamericano, en Los límites del control era muy seductora y oportuna, pero de una simpleza en su voluntarioso minimalismo que la acercaba peligrosamente a la estulticia. Y, lamentablemente, por las mismas aguas navega este acercamiento al mito del vampirismo que lo vincula, como ya han hecho otros autores dentro del cine,  la literatura o el cómic, a la élite intelectual.

Comparto su mirada pesimista sobre el avance de la estupidez. Los protagonistas de Only Lovers Left Alive aparte de sensibles a la luz del sol, son discretos para otras muchas cosas y disfrutan del silencio y la soledad, demostrando ser devoradores de libros o artistas que no necesitan darse baños de multitud para alimentar su alma, y permanecen ajenos a la tontería escaparatista de las redes sociales y el culto a la autopromoción de hoy en día.

El problema de la película, aparte de hacerse larga, es su afán por resultar diferente, excéntrica y aguda, una especie de plato de alta cocina reservado para intelectuales, o  un juguete para modernos de esos que no pueden esperar a lanzar un tweet con el que dejar claro que son más listos que nadie. Si a esa sensación sumamos un plano final con vocación autoparódica pero que llega tarde y mal, el resultado es simplemente decepcionante, por muy bonita que sea la fotografía, estupenda la banda sonora y brillantes que estén Tom Hiddleston, Tilda Swinton y John Hurt, sus protagonistas, sin olvidar la presencia de valores seguros como Mia Wasikowska y Anton Yelchin.

Un póster capaz de poner la mosca detrás de la oreja a cualquier aficionado.

Un póster capaz de poner la mosca detrás de la oreja a cualquier aficionado.

RETORNADOS

No descubre la pólvora este thriller que toca el género zombi en clave de ciencia ficción. Hace años, descubrimos en Sitges una estupenda película de origen francés titulada Les revenants (adaptada el año pasado a la televisión), que planteaba el concepto desde una perspectiva sociológica prescindiendo del canibalismo tradicional de estas criaturas de ficción: ¿se puede reinsertar en la sociedad a los resucitados? ¿Cuál debería ser el tratamiento médico para devolverles la normalidad? Esta premisa ha sido retomada este mismo año en una serie británica titulada In the Flesh.

Retornados nos traslada a un futuro donde la plaga zombi está contenida gracias a un tratamiento que mantiene a raya la infección y protege la humanidad del paciente, aunque lo convierte en un enfermo crónico, algo así como pasa en la actualidad con el SIDA. Ahora bien, el fármaco comienza a escasear porque la materia prima se saca de los infectados irrecuperables, y habiendo menos esta medicina es cada vez más difícil de sintetizar. La cinta mantiene el interés de principio a fin, pero desaprovecha algunas de sus buenas ideas, como es el problema del acceso a los medicamentos entre los sectores menos favorecidos de la población, o la lucha encarnizada entre personas aparentemente civilizadas por tener acceso a la bendita vacuna en tiempos de escasez. Con todo, el nuevo largometraje de Manuel Carballo, veterano de Sitges gracias a títulos como El último justo o La posesión de Emma Evans, ha logrado una película con su propia voz, eligiendo bien a su reparto y ambientándola con credibilidad a pesar de contar con un presupuesto muy ajustado.

No te pierdas la siguiente entrega.

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Category: Reportajes

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