Sitges 2013: Película a película (11)

| 29 octubre, 2013 | 0 Comentarios

Seguimos con el eclecticismo y nos atrevemos con la primera película grabada íntegramente con un iPhone, el lado oscuro de José Saramago, un poco de estereoscopía chusca y una de ciencia ficción de las que darán que hablar.

'Enemy', uno de los mejores platos servidos en Sitges 2013.

‘Enemy’, uno de los mejores platos servidos en Sitges 2013.

 

Los odiosos protagonistas de 'Hooked Up' haciendo lo que mejor saben hacer.

Los odiosos protagonistas de ‘Hooked Up’ haciendo lo que mejor saben hacer.

HOOKED UP

Pablo Larcuen le ha echado morro y le ha funcionado. Porque eso es Hooked Up, otra ración de cine porque sí financiada con poco más de doce mil euros, y que corta y pega de media docena de películas de found footage más o menos recientes, especialmente Rec, de la que roba su memorable escena final y le quita la trama de posesiones diábolicas para meternos en otro vetusto inmueble de Barcelona que se transforma en una trampa mortal.

Aparte del descuidado envoltorio visual, algo disculpable teniendo en cuenta el planteamiento narrativo (uno de los personajes lo graba todo en su iPhone), el gran problema de Hooked Up está en sus dos protagonistas, dos norteamericanos impresentables que ya causaron vergüenza ajena al subirse al escenario del Auditori, y que uno empieza odiar desde la primera secuencia del film. No es esa una sensación nueva si hablamos de cine de terror. Suele ser así, para que luego no acabemos traumatizados si algo malo les pasa a los protas. El problema es que ya estamos deseando que los quiten de en medio desde el minuto uno, y toca aguantarlos hasta las últimas escenas de la película, lo que complica ciertamente su visionado. Verlos emborracharse, vomitar o ponerse pesados con el personal en las primeras escenas es lamentable, y cuando ligan con dos señoritas y se van a la casa de los abuelos de una de ellas tenemos la seguridad de que por mucho que pueda mejorar esto, la película ya no la salva nadie.

Y no nos equivocamos. Por mucha prisa que se da la anfitriona atrancando todas las salidas del edificio, poniéndose una máscara y, cuchillo en mano, intentando eliminar a los jóvenes incautos. Se trata de una venganza, y su motivación no la revelaremos aquí, pero su ejecución no será la más rápida o bien planificada, derivada del planteamiento low cost del asunto: pocos personajes, pocas muertes. Todo se salda con un par de sustos efectivos y mucha repetición de situaciones de esas que encima están ya trilladísimas, algo que unido a la nula puesta en escena impuesta por los rigores del dichoso iPhone convierten la experiencia en un calvario que, afortunadamente, no alcanza los 90 minutos.

Jake Gyllenhaal por partida doble en 'Enemy'.

Jake Gyllenhaal por partida doble en ‘Enemy’.

ENEMY

Tras su excelente Prisioneros, Denis Villeneuve regresa con otra película igualmente recomendable, una personal adaptación de la novela de José Saramago que se revela inmediatamente como una de esas películas de director donde,  por encima del guión, lo más importante es la puesta en escena, el montaje y la dirección de actores (Jake Gyllenhaal está gigantesco). 

La premisa no es una nueva, siendo otra vuelta de tuerca sobre el mito del doble. Viendo una película en su portátil, un gris profesor universitario descubre que existe una persona idéntica a él . Pronto se obsesiona con el actor, y decide compartir su descubrimiento. ¿Se trata de un gemelo perdido o de un capricho de la naturaleza? Al principio, la cosa resulta bastante violenta entre los dos, y el profesor tiene las de perder al irrumpir con tan excéntrica revelación, pero dos vidas tan distintas acaban por atraerse, ofreciendo algo nuevo a cada uno de ellos. La cosa, por supuesto, no tardará en complicarse, algo que Villeneuve logra a través de una atmósfera amenazadora que pone en marcha desde la enigmática primera escena, donde reside la clave del film, que concluye, de forma coherente, en una de las secuencias más inquietantes que hemos visto este año en Sitges 2013. No os la perdáis.

Los santos pecadores de 'Hellbenders 3D'.

Los santos pecadores de ‘Hellbenders 3D’.

HELLBENDERS 3D

Torrente 4 ya nos sumergió en los infiernos del 3D más feísta, desagradable y explícito, por lo que esta comedia de terror políticamente incorrecta no sorprende precisamente en ese sentido. Y eso que insiste lo suyo en dejar claro que esto no es un mainstream al uso, por más que su modelo sea Los Cazafantasmas. J.T. Petty, director del invento, presente en el cine Retiro de Sitges,  piropeó la camiseta de uno de los espectadores, que acudió al pase ataviado con el inolvidable emblema del clásico de Ivan Reitman. Pero ni a la suela del zapato le llega esta serie B inspirada en el cómic firmado por el propio Petty, apellido que dio lugar a uno de esos momentos tierra trágame vividos en las casi siempre embarazosas presentaciones con invitados. La maestra de ceremonias nos obsequió con el siguiente grito de guerra antes de dar paso a la proyección: ¡Petty lo peta! Ay.

Y eso que la cosa podría haber estado bien, ya que esta pandilla de cazademonios son un grupo de religiosos que, para atraer el mal hasta sus mismísimas narices, peca sistemáticamente, lo cual queda reflejado en una colección de chistes bastante burdos y reiterativos. En cuanto a la estereoscopía, esta brilla cuando se trata de escenas filmadas al natural, con una atractiva y bien aprovechada profundidad de campo, pero hace aguas estrepitosamente cuando sus pobretones efectos visuales entran en juego.

 

Bienvenidos al futuro.

Bienvenidos al futuro.

THE CONGRESS

Uno de los cineastas que mejor ha pasado este año la reválida ha sido Ari Folman. Hace cinco años nos dejó sin aliento con su magistral Vals con Bashir, y su siguiente y cuarto largometraje es toda una audacia, no sólo por la cantidad de temas que toca en dos horas de auténtico deleite audiovisual, saltando además de la imagen real al cine de animación, sino por adaptar de forma tan sorprendente y libérrima la novela Congreso de futurología del gran Stanislaw Lem. Folman se la lleva a su particular universo, reflexionando sobre el futuro del cine y el mundo que hoy se abre ante nosotros de adicciones tecnológicas y químicas, capaces de llevarnos más allá de nuestra propia existencia tangible.

Entre sus muchos aciertos, como su deliciosa banda sonora original compuesta por Max Richter, está el haber convencido a una actriz tan mediocre como Robin Wright para hacer un poco de terapia, al interpretar a una actriz de capa caída que se ofrece a vender su imagen a una empresa cuyo objetivo es sustituir actores de forma virtual, perpetuándolos en la existencia tras registrar sus emociones y escanear su físico a través de un programa informático que les permitirá ser estrellas de cine inmortales. La cosa no queda ahí, sin embargo, porque, tras saltar 20 años en el tiempo, descubrimos un mundo donde ese invento es uno más entre las formas alternativas de sustituir al individuo de forma artificial.

La propuesta narrativa es tan original como exigente, y aunque haya un momento, justo cuando saltamos por primera vez al mundo animado, en que podemos llegar a creer que al señor Folman se le ha ido la pinza, The Congress tiene aún muchos ases en la manga, los suficientes para convertirla en una de las mejores películas proyectadas en Sitges 2013.

No te pierdas la siguiente entrega.

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Category: Reportajes

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