¿Quién sabe dónde?: grandes directores en periodo sabático

| 5 diciembre, 2012 | 0 Comentarios

Ya está en los cines Damiselas en apuros, el nuevo filme de Whit Stillman con Greta Gerwig (A Roma con amor), la actual musa del cine independiente americano. El director de The Last Days of Disco ha tardado nada menos que trece años en estrenar nuevo material. Justo el mismo tiempo que separa el último estreno de Leos Carax, Holy Motors, de su anterior trabajo, la olvidada Pola X. La feliz coincidencia en nuestra cartelera de estos dos cineastas que no conocen la palabra estrés nos ha llevado a recordar a otros directores que hace tiempo que están desaparecidos en combate. Sus ausencias empiezan a ser tan largas que, a su lado, hasta Terrence Malick parece un autor prolífico.

 

Adrian Lyne

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Adrian Lyne con Richard Gere en el rodaje de ‘Infiel’ (2012)

Al igual que otros colegas de profesión como Ridley Scott o Alan Parker, este cineasta inglés se hizo un nombre en la publicidad antes de dar la campanada en el cine. El  tremendo éxito de Flashdance en 1983 le puso en primera línea y desde entonces ha encadenado películas acontecimiento como Atracción Fatal o Una proposición indecente, que despertaron la ira de las feministas, con títulos más personales como La escalera de Jacob o su infravalorada versión de la Lolita de Nabokov.

Masacrado por los críticos por su estilo esteticista y la moralina subterránea de sus trabajos más taquilleros, Lyne no ha estrenado nada desde Infiel (2002) y es probable que muchos no hayan lamentado su ausencia. Sin embargo, con la inminente adaptación de Cincuenta sombras de Grey todavía sin director, el autor de ese clásico del erotismo soft para multisalas que era 9 semanas y media sería el candidato idóneo para ponerse al mando de la versión cinematográfica del fenómeno literario del momento. Lástima que Adrian Lyne tenga en mente llevar al cine otro bestseller: Black Roads, la historia de un joven de 20 años que tiene que cuidar de sus tres hermanas después de que su madre sea condenada por el asesinato de su violento padre.

 

Alan Parker

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Alan Parker durante el rodaje de ‘Evita’

No entendemos por qué el director de The Wall lleva casi una década sin rodar. Parker ha acumulado a lo largo de su trayectoria méritos suficientes para hacer que echemos en falta su presencia en las carteleras: consiguió que Madonna no se llevara el Anti-Oscar por una vez gracias a su trabajo en Evita; sacó lo mejor de un Mickey Rourke pre-Carmen de Mairena en la estupenda El corazón del Ángel, con un satánico Robert de Niro; y nos convenció mejor que cualquier campaña del Ministerio de Sanidad de que jugar con drogas es malo con El expreso de medianoche, donde mostraba el infierno que vive un turista americano en una cárcel turca. Vale, tu último filme, La vida de David Gale, fue un fiasco considerable, pero ya te hemos perdonado. ¿Cuándo vas a volver querido Alan?

 

David Lynch

Lynch en Venecia

Lynch en la presentación de INLAND EMPIRE en la Mostra de Venecia (2006)

Dios supremo del gafapastismo más ilustrado, creador de verdaderos sueños y pesadillas cinematográficas, genio inimitable al que, sin embargo, cada año le buscan un sucesor…, el toque de David Lynch pertenece a otra dimensión y, tal vez por ello, sus películas son lo más parecido a un viaje psicotrópico al que es mejor acercarse con ganas de entrar en trance. Con INLAND EMPIRE, su última película,  rozó la sobredosis, dividiendo a público y crítica. Mientras unos ven en este flipe audiovisual una maravilla insuperable, otros sintieron ganas de contratar un sicario por lo que consideraban una tomadura de pelo de tres horas.

No sabemos si Mr. Lynch tiene miedo a una lapidación, pero lo cierto es que lleva 6 años sin hacer un largo, un tiempo en el que ha preferido suministrar sus pastillas en pequeñas dosis de corta duración, rodar conciertos o componer música inaudible por el oído humano. Desde aquí deseamos que la vuelta del autor de títulos imprescindibles como Terciopelo Azul, El Hombre Elefante o Mulholland Drive se produzca pronto. David, ¡deja la meditación trascendental y ponte a currar de una vez!

 

John Waters

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John Waters en Madrid, durante el Festival Rizoma en 2011.

En la laureada serie The Wire, Baltimore aparece como una jungla hostil donde el tráfico de drogas, la miseria moral y la corrupción institucional y policial lo invaden todo. Pero mucho antes, esta ciudad estadounidense fue también el escenario en el que se desarrollaron las delirantes historias del rey del cine trash. Desde el prisma de John Waters, Baltimore es un particular universo donde las amas de casa matan a su vecina porque no recicla, las drag queens comen caca de perro para conseguir el título de “la persona más inmunda del planeta” y la laca hace estragos en medio de disturbios raciales.

Para el padre cinematográfico del primer Almodóvar, la escatología, el gore y la grosería adquieren categoría de arte, y hasta estrellas hollywoodienses venidas a menos como Kathleen Turner o Melanie Griffith se han rendido a sus encantos, regalándole alguna de sus mejores interpretaciones. Por desgracia, llevamos ocho años sin una nueva barbaridad del director de Hairspray, Pink Flamingos y Los asesinatos de mamá. Quizás se debe a que, viendo el demencial panorama en el que se encuentra el mundo actualmente, Waters ha llegado a la conclusión de que la realidad se ha vuelto sencillamente insuperable.

 

Juanma Bajo Ulloa

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Juanma Bajo Ulloa en el rodaje de ‘Frágil’ (2004)

En España también contamos con ejemplos de cineastas que fueron a por tabaco y nunca volvieron. En 1991, el cineasta vasco Juanma Bajo Ulloa se llevó la Concha de Oro del Festival de San Sebastian con Alas de mariposa, uno de los debuts más sorprendentes de la historia de nuestra filmografía. Dos años después, estrenó La madre muerta, un cuento tétrico que demostró que era un director al que seguir muy de cerca. Y entonces llegó Airbag, esa película española que sólo Esperanza Aguirre ve con subtítulos. El filme fue un bombazo económico y la convirtió en la película más taquillera en este país hasta el momento.

Sin embargo, este éxito no se tradujo en una prolífica carrera posterior. El abortado proyecto de llevar a la gran pantalla las aventuras de El Capitán Trueno y el fracaso de Frágil (2004), un estimable trabajo que pasó prácticamente desapercibido en las salas, lo alejaron de la industria. Una gran pérdida. Juanma, si necesitas un crowdfunding, ya sabes donde estamos.

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