Marvel contra DC 3: del Batman más gótico al más estridente

| 12 noviembre, 2013 | 0 Comentarios

Batman, el hombre de las mil caras. Aquí, Val Kilmer.

Batman, el hombre de las mil caras. Aquí, Val Kilmer.

Antes de entrar en faena con el hombre murciélago, hagamos un pequeño paréntesis, porque no se nos puede escapar otra adaptación superheróica, aunque más desconocida: Swamp Thing, monstruo conocido en estos pagos como La cosa del pantano. Sin duda, uno de los mejores personajes que han poblado el Universo DC (y Vértigo hasta no hace mucho), y que ahora vive una nueva edad de oro de la mano de Scott Snyder gracias a The New 52, esa máquina de fabricar sonrisas y enemigos a partes iguales.

No hace falta ser un monstruo para enamorarse de Adrienne Barbeau.

No hace falta ser un monstruo para enamorarse de Adrienne Barbeau.

Swamp Thing (Wes Craven, 1982)

Sí, amigos, hay una película, aunque a algunos se les escape el dato habida cuenta de su escasa distribución y presupuesto. Y sí, Wes Craven, el padre de Pesadilla en Elm Street, fue su director a principios de los 80.

Entre sus pocos aciertos detectamos un intento por respetar el hilo argumental de los primeros tebeos escritos por Len Wein e ilustrados magistralmente por Berni Wrightson, pero los rigores de la serie B acaban imponiéndose, por un lado poniendo el acento en la interminables curvas de Adrienne Barbeau, legendaria scream queen de armas tomar, y por otro reduciendo el asunto a una vulgar y barata película de acción de esas con muchos tiros y trompazos, pero poco más.

El villano que precipita la tragedia sigue siendo Anton Arcane, interpretado por un amanerado hasta la náusea Louis Jourdan, deseoso de hacerse con los logros científicos de Alec Holland, al que da vida un como siempre excelente Ray Wise (a unos años de convertirse en el controvertido padre de Laura Palmer), que se transformará en la cosa del pantano tras ser atacado y bañarse por accidente en los productos químicos de su propia invención. Inciso friki: cualquier espectador avezado podría decir que Sam Raimi pudo encontrar cierta inspiración aquí para su magistral Darkman, aparte, cómo no, de en Los crímenes del museo de cera, de André De Toth, y El fantasma de la ópera de Terence Fisher.

En 1989 llegó una secuela imposible, El regreso de la cosa del pantano, perpetrada por uno de los más prolíficos cineastas de serie B, Jim Wynorski, que añadió picante pero restó carne, porque aunque por allí se dejase ver la sinuosa Monique Gabrielle, la protagonista fue la esquelética y televisiva Heather Locklear, en la piel de la hija de Arcane, incorporado una vez más por Louis Jourdan. La estrategia fue convertir en una comedia erótica el invento, dejando a un lado el gótico americano que por aquel entonces habíamos disfrutado en la serie regular de DC Comics gracias al talento del guionista Alan Moore.

El personaje sería reflotado en televisión en una pobretona serie estrenada en 1990 y que durante tres temporadas explotó los elementos de ciencia ficción de la historia por encima de los terroríficos, ignorando sistemáticamente las buenas ideas del cómic para languidecer en convencionales y aburridos guiones netamente televisivos. Para redondear el despropósito, en 1991 se intentó levantar una versión animada también para la pequeña pantalla y sin éxito alguno. Sin duda, el tránsito de Swamp Thing por el cine y la televisión ha sido un infierno en toda regla. No se puede decir lo mismo de Batman, aunque su camino ha estado plagado tanto de luces como de sombras.

Pocos carteles han funcionado mejor en la historia del cine que el del Batman de Tim Burton.

Pocos carteles han funcionado mejor en la historia del cine que el del Batman de Tim Burton.

Batman (Tim Burton, 1989)

Fue en 1966 cuando se estrenó oficialmente la versión cinematográfica de la mano de Fox, pero eso sí, con los actores, la estética y la visión paródica de la serie televisiva estrenada ese mismo año. En 1989 tocaba celebrar el 50 aniversario del hombre murciélago con una superproducción a la medida de la revitalización en las ventas del cómic que por aquel entonces habían provocado dos míticas miniseries escritas por Frank Miller, Batman: El regreso del señor de la noche y Batman: Ano Uno.

El resultado fue un rotundo éxito de taquilla y un fenómeno de público a escala mundial que no sólo se explotó vendiendo más tebeos, sino con todo tipo de merchandising. Tim Burton fue el encargado de devolver al personaje a su primigenio elemento oscuro y gótico, aunque también se permitió acercarlo a su propio terreno como cineasta. Dio protagonismo a los villanos y a la ciudad de Gotham y humanizó a Bruce Wayne, interpretado por un discutido Michael Keaton. No renunció al humor, pero potenció al mismo tiempo el elemento gótico a través de un alucinante diseño de producción obra del malogrado Anton Furst, que fue premiado con un Oscar.

El mismísimo creador del personaje, Bob Kane, se mostró entusiasmado con el resultado. Y aunque el guión dejaba bastante que desear, la película tenía garra. Era visualmente deslumbrante y su apoteosis final, con Batman sobrevolando los cielos de Gotham en su batplano para medirse con el Joker en lo alto de una catedral, no ha sido todavía superada por ninguna versión cinematográfica posterior. Y no conviene olvidar su otro gran acierto, la banda sonora original de Danny Elfman, compositor de moda por aquel entonces, que firmó un año después otra memorable partitura inspirada en un cómic, Dick Tracy.

John Wesley Shipp fue Flash para la televisión

John Wesley Shipp fue Flash para la televisión

A pesar del éxito de Batman, Warner se mostró muy conservadora a la hora de probar suerte con otros personajes DC. La televisión fue su laboratorio a ese respecto, y le dio una oportunidad a Flash en una serie que no superó las dos temporadas (emitidas en 1990 y 1991), y en la que, hasta cierto punto, se intentaba reproducir el tono creado por Tim Burton, pero con muchos menos presupuesto. Buenas intenciones, una gran banda sonora de Shirley Walker y poco más.

Más éxito de público obtuvo Lois y Clark, que durante cuatro temporadas (1993-1997) se reveló como una especie de cruce entre los cómics de Superman y la legendaria serie Lou Grant, donde brilló especialmente Teri Hatcher, casi perfecta en la piel de la intrépida reportera Lois Lane, tanto por su encanto a la hora de interpretarlo como por su belleza clásica, uno que perdió posteriormente para encajar en el más bien anoréxico prototipo de belleza actual, como dejó patente en la dilatada hasta la náusea Mujeres desesperadas.

Murciélagos, gatos y pingüinos. La fauna de Gotham.

Murciélagos, gatos y pingüinos. La fauna de Gotham.

Batman Vuelve (Tim Burton, 1992)

Burton regresó para transformar al Pingüino de los cómics en un ser repulsivo interpretado por Danny DeVito, auténtico protagonista de esta continuación en la que además aparecía Catwoman, a la que dio vida una inspirada Michelle Pfeiffer, y que fue el mayor acierto de esta secuela con la que Warner no quedó satisfecha a pesar de su abultada taquilla. Querían una de acción y no una feria de monstruos, por lo que decidieron aparcar la visión de Burton, que seguía dispuesto a continuar en la franquicia. Aunque a grandes rasgos era visualmente fiel a los cómics, su tono melancólico, circense y poco heroico cosechó malas críticas y el abucheo de muchos aficionados. Burton se permitió además alguna que otra excentricidad, como introducir a un personaje al que dio vida Christopher Walken y llamado Max Shreck, en homenaje al actor que encarnó a Nosferatu en el clásico de Murnau… y del que se llegó a decir que era un verdadero vampiro, como se abordó en la película La sombra del vampiro.

A pesar de su lujoso envoltorio, su ritmo irregular dejaba al descubierto las carencias de su guión, por no hablar de una superpoblación de villanos, algo que aparte de convertir a Batman en un personaje aún más secundario que en su predecesora, se ha demostrado en posteriores películas de superhéroes como algo contraproducente para el guión, que no para la taquilla.

Aprovechando el estreno del film, y exprimiendo aún la aún latente batmanía, Bruce W. Timm supervisó una serie de animación inspirada en Batman que se convirtió instantáneamente en la mejor adaptación en movimiento del personaje. Tres inolvidables años que animaron a producir una adaptación en la misma onda de Superman, también excelente y en antena poco más de dos años.

Como de costumbre, el mejor Batman fue el animado.

Como de costumbre, el mejor Batman fue el animado.

Batman: La máscara del fantasma (Eric Radomski y Bruce W. Timm, 1993)

El unánime éxito de público y crítica de la serie de animación permitió crear un largometraje de dibujos animados basado en la misma, que se estrenó en salas de cine únicamente en Estados Unidos, para ser comercializado en el resto del mundo en el por entonces emergente mercado doméstico, práctica hoy en día totalmente consolidada gracias a Warner Animation y que merecería más atención por parte de muchos aficionados reticentes a ver en formato animado a sus superhéroes favoritos.

Mafia y vigilantes enmascarados más violentos de lo normal eran los problemas que debía combatir el hombre murciélago en esta espectacular película con una apabullante banda sonora de la ya desaparecida Shirley Walker y un guión que funcionaba mucho mejor que el de las anteriores adaptaciones del personaje en imagen real… y las dos que estaban aún por llegar. Qué cosas.

Chris O'Donnell se convirtió en Robin... y todo fue a peor.

Chris O’Donnell se convirtió en Robin… y todo fue a peor.

Batman Forever (Joel Schumacher. 1995)

Tras encadenar varios éxitos de taquilla en las antípodas del género superheróico, Warner puso a Joel Schumacher al frente de la franquicia. Michael Keaton quedó fuera de la ecuación y un algo despistado Val Kilmer se hizo con el papel protagonista. Schumacher no se contuvo y puso de manifiesto su orgullo gay en el envoltorio visual, presentándonos además a Robin, siendo el más bien crecidito Chris O’Donnell el actor elegido para convertirse en el Chico Maravilla. Una vez más, dos villanos hacían frente a Batman, incorporados por dos estrellas de moda del momento: un adecuado pero como de costumbre histriónico Jim Carrey, como El Acertijo, y Tommy Lee Jones, con el Oscar calentito todavía debajo del brazo por El fugitivo, haciendo las veces de Dos Caras, en una desafortunada interpretación del mítico villano.

Divertida y espectacular, esta tercera entrega volvía a desatender el guión, pero eso no impidió que lograse un éxito de taquilla mundial por encima de Batman Vuelve. Elliot Goldenthal heredó la batuta del compositor de la originalísima banda sonora, el mayor acierto de la nueva secuela.

Marvel vs DC Comics (I): La épica batalla por la taquilla

Marvel vs DC Comics (II): Superman, el superhéroe definitivo

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