Marvel contra DC 2: Superman, el superhéroe definitivo

| 29 octubre, 2013 | 0 Comentarios

Christopher Reeve, el actor definitivo para el superhéroe definitivo

Christopher Reeve, el actor definitivo para el superhéroe definitivo

Las superproducciones cinematográficas del universo de DC Comics no comenzaron a vislumbrarse hasta 1976, año en el que Warner adquirió los derechos de la editorial. Las revistas especializadas no tardaron en especular sobre la idea, y poco después se anunció la versión cinematográfica del hombre de acero. Pocos meses antes del estreno de Superman, la más bien pobretona serie de animación Challenge of the Superfriends presentaba en televisión a los principales personajes del universo DC, el último hijo de Krypton incluido, para que el público los conociera mejor, se aficionara un poco más a ellos y de paso fuera salivando ante la inminente superproducción en imagen real.

'Usted creerá que un hombre puede volar'. Y vaya si creímos.

‘Usted creerá que un hombre puede volar’. Y vaya si creímos.

Superman (Richard Donner, 1978)

El canon. La película de superhéroes definitiva… al menos hasta la llegada de Los Vengadores en 2012. Una superproducción con alma gracias a un buen guión, un director inspirado, un reparto ideal liderado por el irrepetible Christopher Reeve y la banda sonora original perfecta compuesta por John Williams. Las claves: Respeto al material original, inteligentes y consecuentes aportaciones a la mitología, sentido del humor y del espectáculo.

Una película dividida en dos actos diferenciados y algo descompensados, a decir verdad. El primero: el origen, donde figuran los mayores aciertos del film, empezando por la concepción del mundo alienígena de Kryton y acabando por el irresistible clasicismo americano de la juventud del protagonista en Smallville. El segundo: el choque contra el gran villano: Lex Luthor, al que dio vida un magistral Gene Hackman, que sacó petróleo de unos chispeantes diálogos, incorporando algún que otro chascarrillo de cosecha propia. A pesar de sus escasos defectos, localizados especialmente en su algo majareta clímax, con Superman haciendo retroceder el tiempo al hacer que la tierra gire en sentido inverso, la película de Richard Donner seguirá siendo un espejo en el que se mirarán el resto de adaptaciones de superhéroes.

La traca final de 'Superman II' puso el listón bien alto para el género superheróico.

La traca final de ‘Superman II’ puso el listón bien alto para el género superheróico.

Superman II (Richard Lester, 1980)

La secuela fue producida simultáneamente, expandiendo la subtrama del General Zod esbozada en el prólogo de la primera parte. Pero hubo problemas de presupuesto y diferencias con los productores que animaron a Richard Donner a abandonar el proyecto (hoy, gracias al DVD, se puede disfrutar de una versión aproximada a su visión original, echando mano para completar ciertos pasajes de algunos ensayos filmados).

Richard Lester fue el encargado de retomar el rodaje con los cambios aprobados por sus inversores. El resultado, a pesar de su accidentada producción, fue un espectacular entretenimiento que logró equilibrar con acierto humor, acción y la polémica consumación del romance entre Superman y Lois Lane. La recién estrenada El hombre de acero, a grandes rasgos, supone un remake de las dos primeras y mejores películas de Superman hasta la fecha.

Y llegó Richard Pryor y convirtió la saga en una parodia de sí misma.

Y llegó Richard Pryor y convirtió la saga en una parodia de sí misma.

Superman III (Richard Lester, 1983)

Las tendencias de la época llevaron peligrosamente hacia la comedia la siguiente entrega. Richard Pryor, cómico de moda por aquel entonces, se convirtió el auténtico protagonista, convertido en un informático manipulado para construir un peligroso superordenador y reproducir algo de kriptonita para aniquilar a Superman. Un cambio de ingrediente en la fórmula saca la peor parte del superhéroe, que acaba desdoblándose para descubrir cuál de sus dos versiones, la buena o la mala, debe prevalecer en la que es la mejor secuencia del film, con perdón del brillante homenaje al cine mudo, y en concreto el slapstick, que tiene lugar durante la secuencia de títulos de crédito iniciales.

Y es que a pesar de sus malas decisiones, Superman III sigue siendo una digna entrada en la serie, aunque el resultado comercial no fue el esperado y Warner cedió temporalmente a diversos estudios de poca monta los derechos de la franquicia para seguir sacando tajada. Craso error.

Y entonces llegó la prima de Superman.

Y entonces llegó la prima de Superman.

Supergirl (Jeannot Szwarc, 1984)

Primera prueba que demostró que aquello fue una mala decisión fue esta aproximación al origen de la prima del superhéroe, encarnada por una atractiva pero desangelada Helen Slater que aparte de lidiar con su pasado como superviviente de Krypton, debía plantar cara a una bruja con muy malas intenciones. A pesar de la ausencia de su ilustre primo, la cinta presumía de secundarios de lujo como Peter O’Toole o Faye Dunaway, y sobre todo una maravillosa partitura original del por aquel entonces otro grande de las bandas sonoras, Jerry Goldsmith.

El resto se saldó con un guión ramplón, un diseño de producción ridículo y un director más preocupado por el cheque prometido que por otras cuestiones.

Superman IV: En busca de la paz (Sidney J. Furie, 1987)

Un subproducto apadrinado por Cannon Films, es decir, los temibles Yoram Globus y Menahem Golan, que echó por tierra una premisa prometedora: el hombre de acero se planteaba erradicar las armas nucleares en plena escalada bélica entre Estados Unidos y la por entonces Unión Soviética. Pero aparte del pésimo guión y la ineficacia total de su director, era evidente la escasez de presupuesto, concentrado principalmente en poder permitirse a Christopher Reeve y a Gene Hackman.

Un póster que nos dejó muchas promesas rotas.

Un póster que nos dejó muchas promesas rotas.

Dejando a un lado lo malo, es decir, casi todo, la película contiene una secuencia digna de los mejores tebeos de Superlópez, en la que el protagonista debía simultanear sus roles de Clark Kent y Superman al citarse a la misma hora y en el mismo lugar con dos féminas que esperan encontrar a cada uno de sus diferentes alter egos.

Lo dicho, una oportunidad perdida que en buena parte arruinó el futuro de la carrera de Reeve, vinculado personalmente al desarrollo del guión e, incluso, los efectos visuales, y que se saldó con un merecido fracaso de taquilla que exilió por muchos años al hombre de acero de las salas de cine. Había llegado la hora del relevo.

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