La banda Picasso: naturaleza muerta

| 24 enero, 2013 | 0 Comentarios

Ignacio Mateos y Pierre Bézénit en un fotograma de 'La banda Picasso'

Ignacio Mateos y Pierre Bézénit en un fotograma de ‘La banda Picasso’

Artífice de algunas de las mejores comedias españolas de los 80 y los 90 como La vida alegre, Bajarse al moro o Alegre ma non troppo, Fernando Colomo no necesita demostrar nada después de una veintena de largometrajes y varias series de televisión. Salvo en sus contadas incursiones en el drama o el género fantástico, el cine de Colomo se ha caracterizado por una deliciosa ligereza y un humor tan ágil que hace casi imposible aburrirse con sus películas. Ya sea en el Madrid de la movida madrileña reflejado en sus primeras comedias urbanas, en la posguerra española de Los años bárbaros o en la Alpujarra que encandila al escritor inglés Gerald Brenan en Al sur de Granada, el cineasta rara vez ha perdido su frescura. Quizás por ello, siempre nos ha costado mucho referirnos a él, a sus casi 67 años, como uno de los veteranos del cine español.

Con La banda Picasso, sin embargo, Colomo parece haberse rendido a la previsible nostalgia que trae la edad.  Su nuevo trabajo se sitúa en el París de principios de siglo, una ciudad convertida en centro de peregrinaje de todo aquel que quiere convertirse en artista. Un joven Pablo Picasso (Ignacio Mateos) malvive en un estudio mientras intenta que su obra sea tomada en serio en un selecto círculo cultural dominado por la figura de Henri Matisse (Tony Gaultier). Gracias al mecenazgo de Gertrude Stein (Cristina Toma), Picasso empieza a crear la que será una de sus obras puntales, Las señoritas de Avignon.  Durante estos años decisivos en la trayectoria del pintor, el genio forma una extraña familia con el escultor español  Manolo Hugué (Jordi Vilches), el poeta francés Max Jacob (Lionel Abelanski), el también cubista George Braque (Stanley Weber) y, sobre todo, el excéntrico Guillaume Apollinaire (Pierre Bénézit). Pero la amistad que los une se pone en peligro cuando Picasso y Apollinaire son detenidos en 1911 como sospechosos por el robo de la famosa Gioconda del Louvre, un suceso que pondrá a prueba las prioridades del pintor.

Ignacio Mateos y Raphaëlle Agogué en un fotograma de 'La banda Picasso'

Ignacio Mateos y Raphaëlle Agogué en un fotograma de ‘La banda Picasso’

Este episodio real y poco conocido de la biografía del autor de El Guernica motivó un proyecto que Colomo ha estado madurando durante ocho años en los que escribió hasta catorce versiones del guion. Es inevitable recordar Midnight in Paris al ver este viaje en el tiempo del cineasta español. Al igual que el filme de Woody Allen, Colomo retrata a algunos de los rostros más conocidos de la bohemia francesa de principios de siglo con una mirada a la vez paródica y admirativa, pero con mucho menos poder de evocación.

Desgraciadamente, Colomo no consigue construir un material narrativo suficientemente interesante alrededor de la anécdota que sirve de germen al filme, y el giro en la relación entre Apollinaire y Picasso está dibujado con trazos muy gordos. La ausencia de situaciones verdaderamente divertidas, la previsible caricatura de los arbitrarios criterios mundo del arte y el mínimo desarrollo de los personajes secundarios, sobre todo los femeninos, también deslucen un filme en el que la tibieza se confunde con ligereza. Todo el esfuerzo de ambientación y el trabajo de un casting internacional, que habla en francés la mayor parte del metraje, se vuelve baldío por una dirección rutinaria a la que la convencional banda sonora de Juan Bardem tampoco ayuda demasiado.

Es una pena que una historia sobre uno de los artistas más vanguardistas resulte tan poco estimulante como ver una naturaleza muerta en un catálogo comprado en la tienda de un museo, aun viniendo de un cineasta que nunca ha pretendido revolucionar nada.

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