Los infieles, por Michel Hazanavicius

| 2 abril, 2012 | 0 Comentarios

Los infieles

Hemos tenido la oportunidad de hablar con Michel Hazanavicius sobre este nuevo proyecto.

¿Cuándo oyó hablar del proyecto por primera vez?

Jean me habló de ello mientras yo estaba escribiendo The Artist. Creo que fue un proyecto que tenía hace mucho tiempo. Después de sus últimas películas más serias, tenía un deseo real de hacer una comedia y rápidamente me ofreció dirigir una parte.

¿Qué pensó de su idea?

Mucha gente compara a Jean con Belmondo, pero yo siempre he dicho que le veo un lado “Vittorio Gass- man”. El proyecto tenía algo más de estas comedias ita- lianas un poco crueles de los años 60-70, solo que en forma de varios fragmentos. No tengo ideas preconcebi- das, es el texto lo que me importa, cualquiera que sea la forma de la película. Si el texto es bueno, la película será interesante. No hay nada prohibido, salvo hacer algo con cinismo. En este caso, al ser un gran fan de las comedias italianas que acabo de mencionar, no tuve ninguna vacilación.

¿Cómo ve la infidelidad?

Por una vez, tenía más dudas sobre el tema y lo dije desde el principio. Ellos no me escucharon, estaban se- guros de que estaría bien hecho. Pero no es un tema al que hubiera ido naturalmente. No me concierne: Casi nunca salgo, tengo cuatro hijos y estoy enamorado de mi esposa. De hecho, me tocó la parte que retrata al perdedor que es incapaz de engañar a su esposa y me va muy bien. Sin embargo, lo que crea sobre la infidelidad no impide que ame mi trabajo.

¿El lado atípico del proyecto que le ha atraído quizá?

Es posible, aunque yo no lo busqué a toda costa. Hago las cosas que creo y donde quiero. Estamos en una película que yo no he generado, y trabajar de una manera corta, for- mando parte de un proyecto colectivo, me interesaba. Y luego estaba el hecho de que se trataba de Jean, que me lo pidió. Él me ofreció La Bonne Conscience diciéndome que todos estaban de acuerdo en que fuera para mí. Ni siquiera lo discutí, me sentí muy cómodo.

¿Qué aportó a esta historia?

Necesito una estructura para entender lo que hago y para que los detalles se inscriban en un movimiento que les supera. Así que hice cambios en los diálogos, situaciones, personajes. Pero es sólo adaptación. Lo que me im- porta, es el marco general, el primer movimiento, el personaje que está.

Háblenos del reparto.

Esta es mi cuarta película con Jean. Creo que puedo decir que tenemos un vínculo real. Él confía en mí. Nos gusta trabajar juntos. Le puedo pedir que se agache con el culo mirando a cámara, y está dispuesto a hacerlo. Para un actor de su calibre, es más difícil de demostrar con- fianza en el gusto de un director. Gilles es un actor que me encanta, con quien tengo el gran placer de tra- bajar. Está mejorando, creciendo. Realmente ha ganado confianza y autoridad como actor. La elección de los ac- tores ha sido inteligente. Yo elegí, pero de todos modos, Jean fue productor y co-autor, se discutieron las cosas. La cuestión no es si él tiene algo que decir o no, yo trato de hacer que él se sienta bien. Por lo tanto, actúa con Isabelle Nanty, Carlos Gerard, Abelanski Lionel y Nathalie Lévy-Lang, quien interpreta a su esposa. Son actores que me encantan. Isabelle Nanty es una gran actriz con la que me encantó trabajar.

A usted que ha trabajado en todos los formatos, ¿le ha parecido algo especial trabajar en una película tan corta.

Mi fragmento dura unos 22 minutos, no está muy lejos de ser un episodio una serie. Incluso podría ser un episodio piloto. Hay un equilibrio. El pub es sencillo: es una bofetada, un viaje de ida y vuelta. Y en treinta segundos hay una situación, con su trama y su resolución y ya está. Va muy, muy rápidamente. Yo ya había hecho cortometrajes, pero hacía mucho que no intentaba algo en este formato. Eso es bueno.

¿Crees que los reflejos en este trabajo lo hacían un poco especial?

Teníamos un lugar único, un hotel que casi se ha convertido en estudio. Y tuve un buen equipo, casi el mismo de OSS 117, Isabel Ribis, con el guión, James Canal, de primer ayudante y el director de fotografía, Guillaume Schiffman. Estaba en un terreno muy familiar

¿Cómo enfocaste tu trabajo?
Por lo general, el director hace toda la preparación de la película y la gente se impregna de su energía. Actores y equipo se unen a él lentamente, y se va repartiendo a todos. Aquí es diferente porque hay siete directores. Mi función de director implica que yo impongo lo que sea. Si no lo hago, no hago mi trabajo. Pero, al mismo tiempo, en concreto, en la cronología de la dirección de esta película específica, yo era el cuarto, y el equipo ya estaba en marcha, ya había rodado a muchos personajes llenos de color. Mi trabajo fue, por tanto estar más tranquilo porque también veía la película a un ritmo más lento. Es un punto de vista del que tenía que convencer a todos, ya que hubo una búsqueda constante de energía y de ritmo. Es lógico, y fue complicado para ellos. Pero confiaban en mí, me dejaron planificarlo como yo lo sentía. Me acerqué a la historia afirmando que en última instancia, es un infiel que no engaña a su esposa. Así que no ocurre mucho. Trabajé en torno a esta noción de “nada”, de vacío. Lo que es bastante complicado, ya que tenemos que transmitir el aburrimiento, y desembocar en un ritmo de comedia. Esto es peligroso, y espero que funcione. En esta lógica, el montaje tiene una importancia primordial, ya que aquí es donde se impone el ritmo, y en este caso, el falso ritmo.

¿Cómo recordarás esta experiencia?

Como algo alegre, ligero, estoy contento con la película. Me gusta su espíritu. Y luego como la continuación del trabajo con Jean, algo muy bonito.

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