Entrevista a los directores de ‘Intocable’

| 9 marzo, 2012 | 0 Comentarios

Eric Toledano y Olivier Nakache, directores de Intocable

Eric Toledano y Olivier Nakache son los directores de Intocable (UNTOUCHABLES), la película sensación en Francia que ha visto más de 10 millones de franceses y que se ha mantenido durante más de 9 semanas en eL número uno de la taquilla francesa desbancando a grandes taquillazos como Lo que el viento se llevó o Titanic. Ante estas cifras, hemos preguntado a los directores del que es el fenómeno cinematográfico del año en Francia. Intocable se estrena en nuestro país el próximo 9 de marzo y promete mover conciencias de aquellos que se presten a desvelar el secreto de la joya del cine francés de esta temporada.
PREGUNTA: ¿Cómo dieron con la idea de Intocables?

Olivier Nakache: Se retrotrae a 2003. En cierta velada, estuvimos viendo un documental que nos marcó: A la vie, a la mort. Trataba sobre un muy improbable encuentro entre Philippe Pozzo di Borgo, que se había quedado tetraplégico tras un accidente practicando parapente, y Abdel, un joven procedente de las viviendas sociales contratado para cuidarle. En aquella época, acabábamos de rodar Je préfère qu’on reste amis (2005). Probablemente, no éramos aún lo suficientemente maduros en aquel momento para abordar aquel tema, pero el documental se quedó en nosotros. Y a menudo lo veíamos de nuevo… y, tras Tellement proches (2009), sentimos que quizá ya era el momento de trabajar la historia.
Eric Toledano: Las circunstancias eran algo especiales tras ese film, en el que Omar daba vida a un médico. Ya había sido muy reconfortante verle crecer como actor a nuestro lado en Aquellos días felices (Nos jours hereux, 2006), por lo que naturalmente queríamos continuar con él esta aventura. Nos parecía que a Omar todavía no se le había extraído todo el potencial que tiene para la pantalla grande. Y entonces, la relación entre Philippe y Abdel regresó a nosotros como un boomerang, como algo obvio. De tal modo que le mostramos a Omar el documental por ver si le podía interesar. Al obtener una reacción positiva por su parte, finalmente percibimos que esta historia tenía todo cuanto buscábamos: una historia increíble, un tema potente, mucho humor… Y más allá de eso, todo cuanto Olivier y yo admiramos: gente que, en situaciones extremas, no pierde su sentido del humor y mantiene el optimismo. Al fin y al cabo, así es cómo funcionamos cotidianamente: éramos conscientes de que teníamos cosas que decir de un tema como éste.

PREGUNTA: Una vez con Omar a bordo, ¿cómo prosiguieron?

O.N.: Antes de comenzar a trabajar en el guión, quisimos encontrarnos con  Philippe Pozzo di Borgo en Mogadur, Marruecos, donde contrajo nuevo matrimonio. Queríamos comprobar que nuestro deseo de realizar un film sobre su historia se incrementaba al conocerle personalmente.
E.T.: Nos fue muy fácil contactar con él, pues al final del libro que había escrito, “Le second soufflé,” facilita su propia dirección de correo electrónico. Y nos contestó de inmediato informándonos de que no era la primera vez que algún director había querido adaptar su historia para la pantalla grande, que había incluso leído algún guión, no obstante, estaría encantado de conocernos.
O.N.: ¡Y ese encuentro fue decisivo!
E.T.: Porque nos contó el final de la historia, todo cuanto no estaba en el documental. Y algunas cosas que nos dijo nos marcaron. Philippe no habla mucho pero, cuando lo hace, sus palabras son poderosas… Así que nos dijo: “Si hacen esta película, ha de ser divertida. Porque esta historia debe tratarse con humor.” Eso nos encantó, y le aseguramos que lo tendríamos en cuenta. Y entonces añadió: “Si no hubiera conocido a Abdel, ya estaría muerto.” Aquella conversación nos permitió abrir una serie de líneas de reflexión. Por ejemplo, el modo en que esos dos estratos de la sociedad francesa, representados por  Philippe y Abdel, crean una nueva relación y sentimientos cuando se topan. Esos dos hombres, uno golpeado por una minusvalía física, el otro, víctima de la desigualdad social, desarrollan una especie de extraña e impensable  complementariedad que posibilita ese intercambio.

PREGUNTA: ¿Les dio Philippe Pozzo di Borgo su aquiescencia inmediatamente para que pudieran abordar Intocables?
O.N.: El encuentro le permitió saber quiénes éramos. Le mostramos nuestros filmes previos. Hubo un intercambio genuino. Y entonces, nos urgió a que nos aventuráramos.
E.T.: Se dio cuenta de inmediato de que, desde luego, le permitiríamos leer todo. Podríamos decir que se mostraba ávido, que anhelaba hablar de ello con nosotros… Fue generoso y extremadamente cortés al recibirnos, así como en todos los mensajes de correo electrónico que no cesó de enviarnos desde aquel momento.
O.N.: Creyó en nosotros. Y cuando encuentras a alguien así, no lo olvidas.
E.T.: Nos pasaba páginas con notas con cada nuevo borrador del guión. Por ejemplo, hacía notar situaciones que técnicamente eran imposibles en su condición. En resumen, nos aportó determinado verismo en el film al informarnos a veces de una realidad que incluso era más demencial y cómica de lo que estábamos escribiendo. En todo momento, él mantiene una actitud de normalidad en situaciones nada normales. Y esa habilidad para hacer que nos olvidemos de su condición nos guió a través de todo el film. Y ese es el motivo, una vez que Omar y François Cluzet subieron con nosotros a bordo en esta aventura, que organizáramos nuestro “curso de integración.” Regresamos a Mogadur para ver a Philippe con ellos. Y, una vez más, nos dio más materia de reflexión…
O.N.: Fue en ese momento cuando François comenzó a inspirarse en él, mediante la observación de cómo vivía, cómo se movía, cómo hablaba, antes de recrear todo eso en la película. Al final de aquellos tres días, François se limitó a decir “asumo la responsabilidad.” Resulta alguien tan intenso y se mete tanto en los personajes que encarna, que aquel encuentro le abrumó.

PREGUNTA: ¿Por qué quisieron a François Cluzet para el papel de Philippe?
O.N.: En un inicio, buscábamos para este papel una diferencia de edad muy marcada con Omar, lo que implicaba a actores de cierto calibre. Pero gracias a su agente nos enteramos de que François había leído el guión sin que nosotros lo supiéramos. Y entonces pidió que nos encontráramos. Y eso ¡precipitó todo!
E.T.: Su inmediato entusiasmo fue suficiente para que quisiéramos trabajar con él. Por ejemplo, cuando explicó que quería experimentar las situaciones y no simplemente interpretarlas. Luego, al ir conociéndole poco a poco, comenzamos a estar ansiosos por ver la electricidad que se generaría en su encuentro con Omar, que, como él, vive las situaciones más que interpretarlas. Fue mucho más allá de lo que nos esperábamos.
O.N.: François es un actor genuinamente intenso. Ese papel exigía una preparación enorme. No podía presentarse el día antes del rodaje, sentarse en una silla de ruedas, y comenzar a ensayar la respiración y el sufrimiento… sin haberlo trabajado de antemano. Como prometió, asumió el desafío.

PREGUNTA: En la pantalla, jamás vemos a dos actores que actúen centrados en sí mismos. Actúan juntos, genuinamente, y crean una especie de personaje único con dos cabezas. ¿Era eso evidente desde el primer día de rodaje?
O.N: Para ser sinceros, no nos dimos cuenta inmediatamente, pues François es un actor que al principio mantiene una cierta distancia. Antes de rodar, aplica a las cosas una perspectiva intelectual. Para él, la principal parte del trabajo ya está hecho para cuando llega al plató, donde todo cuanto ha preparado se ajusta. De tal manera que la obviedad que por supuesto sí buscábamos, no se nos hizo evidente inmediatamente. Pero tan pronto como nos dimos cuenta de que estaba allí, era una permanente delicia observarlo. Omar y François, cada uno a su manera, procuraron que su papel fuera tan real como fuera posible, y evitaron la competición entre ellos.

PREGUNTA: ¿De qué modo les sorprendió Omar en esta película por comparación con los otros filmes en que le han dirigido?
E.T.: Jamás nos hubiéramos embarcado en una película como Intocables si no hubiéramos tenido una idea clara del reparto que queríamos. Y, como en el caso de Philippe, quien encarnara a Driss, tenía que ser instantáneamente creíble. Omar no dejaba de sorprendernos en todo momento. Tomó la iniciativa de perder 10 kilos y aumentar su musculatura sin que se lo hubiéramos pedido, simplemente porque, en su mente, un tipo de las viviendas públicas tenía que ser más delgado que él en la vida real. Cuando le vi aparecer con la cabeza rapada, vestido con una sudadera con capucha y una chaqueta de cuero, me quedé pasmado por el modo en que había evolucionado hacia el personaje tan hábilmente y por su cuenta.
O.N.: Y luego, en el plató, Omar estaba ¡increíble! Siempre supimos que había en él un actor oculto. Pero ahora, allí, nos dejó fuera de combate.
E.T: Omar brinda buen humor y gran afabilidad, lo cual no tiene precio en un rodaje. Le asiste una extraña forma de humildad. En ocasiones, la gente le esperaba cerca del plató de rodaje, dado que estábamos rodando cerca de un instituto, en Bondy, y él permitía que le fotografiaran con todos los chicos sin perder jamás el buen humor. Nunca se toma en serio. Su relación con la fama es del todo natural.

PREGUNTA: ¿De qué modo trabajaron con François y él antes del rodaje?
O.N.: Hicimos con ellos muchas lecturas del guión. Ello nos aportó un gran bagaje porque nos encantaba robarles cosas en aquellos momentos, cosas que se les escapaban completamente. Tuvimos varios estadios en nuestro “método” de trabajo. En primer lugar, escribíamos el guión y lo rescribíamos durante el  rodaje. Ciertamente, no sabíamos cómo iba a reaccionar François en el plató porque hablábamos todo el rato, ¡incluso durante las tomas!
E.T.: Al hacer esto, tratábamos de desestabilizar la interpretación de nuestros actores y lograr que emergieran cosas inesperadas, accidentes, material imprevisto.
O.N.: Preparamos las cosas muchísimo, por supuesto, pero cuando se trata de rodar, nos gusta tantear todas las ideas que nos vienen. Y eso es necesariamente desestabilizador, incluso para el equipo técnico, que a menudo nos pide que por lo menos una vez hagamos la escena tal como está escrita.
E.T.: Pero no podemos satisfacer esa demanda porque hemos preparado todo juntos y sabemos qué puede funcionar. Llega un momento en el que necesitamos desbaratarlo todo porque nos preocupa que los actores puedan aburrirse. Precisamos de esa excitación tan particular, la compartimos, es una de las principales cosas que tenemos en común.

PREGUNTA: Tras dos filmes corales, Aquellos días felices (Nos jours hereux, 2006), y  Tellement proches (2009), el presente film se centra en dos personajes, un poco como en su primer largo, Je préfère qu’on reste amis (2005). ¿Cuál de los dos estilos prefiere?
E.T.: El éxito de Aquellos días felices influyó, inconscientemente, en nuestra inclinación por la película coral. Quisimos continuar en la misma línea con Tellement proches: trabajando con el grupo, pero también con cada personaje. Por otro lado, nos encantan las historias en las que todo se mezcla, las películas italianas en las que la gente no para hablar…
O.N.: ¡Le tenemos fobia a aburrir a nuestro público! Así, si disponemos de muchos personajes e historias podemos evitar correr ese riesgo.
E.T.: Ése es el motivo por el que Intocables era una empresa compleja para nosotros. Pero pudimos contar con nuestros siempre vigilantes productores, que sabían como urgirnos, desde los primerísimos borradores del guión, para que elimináramos personajes secundarios con miras a centrarnos en los dos protagonistas. Y tenían razón, porque la voluntad estaba en hablar sobre esa relación de los dos que es lo que nos llevó a escribir y dirigir Intocables. Por tanto, decidimos depositar nuestra fe en esta historia y relación, tratando de no desviarnos del camino.
O.N.: En Intocables, hay muy pocos personajes secundarios, y proveen un descanso en la comedia, y contribuyen a que la historia progrese sin que perdamos de vista lo esencial.
E.T.: Pero, por supuesto, para tener éxito ha de haber secundarios y hay que proveerles de profundidad. Debemos mucho a los actores que los encarnan, todos aceptaron algo que no era tan obvio: tan sólo unos pocos días de rodaje, actuaciones breves, aunque cabe admitir que eran papeles fundamentales en los que deberían servir al argumento con toda humildad. Y tuvimos suerte de encontrar eso en Anne Le Ny, Clothilde Mollet, Audrey Fleurot, Grégoire Oesterman y en todos los otros que aceptaron prestarse al juego con un talento increíble.

PREGUNTA: La música juega un papel importante en sus películas, particularmente en ésta. ¿En qué estadio de la producción piensan en ella?
O.N.: En todos. Por ejemplo, tan pronto como empezamos a escribir, estuvimos pensando sobre la canción de los ‘Earth, Wind and Fire’ que Driss baila en el cumpleaños de Philippe. En relación a las canciones que acompañan las secuencias ‘de montaje’ del film, no dejamos de pensar en ellas en todo el proceso de rodaje y montaje. Para ser sinceros, con respecto a la música ¡somos unos neuróticos! Dedicamos mucho tiempo pensando en ello. Luego sobreviene el quebradero de cabeza de ¡lograr los derechos!
E.T.: Y por lo que se refiere al compositor de la banda sonora, dimos con  Ludovico Einaudi mientras navegábamos por varios sites de música en Internet. Sus piezas para piano, parejas a las composiciones perfectas de Michael Nyman o Thomas Newman, también acompañaron el redactado de muchas secuencias en las que necesitábamos tanto emoción como una cierta distancia. Más tarde, le llamamos un día para pedirle que escribiera la banda sonora de la película. Y aceptó.

PREGUNTA: ¿Hubo secuencias que les diera miedo rodar?
O.N.: En el plató, cada día hay algo que te da miedo…
E.T.: Las escenas con la silla de ruedas, que Omar tiene que posicionar antes de llevar a François hasta ella y sentarle en la misma; la escena en la que  François sufre de “dolores fantasmas” como si sus extremidades volvieran a la vida. En este último caso, no nos sentimos con autoridad suficiente como para orientar a François, por lo que estábamos bastante tensos. Las otras escenas complicadas fueron aquéllas con muchos extras.
O.N.: Y entonces, se nos planteó un problema prioritario: ¡el rodaje de las persecuciones de coches! Aquellos fueron momentos demenciales, aunque nos embargaba mayor excitación que estrés.
E.T.: De hecho, en la película, hay muchas escenas que estábamos impacientes por rodar como un par de chicos emocionados, particularmente aquélla en la que Omar baila a los acordes de ‘Earth, Wind and Fire’ Seguramente, habíamos comenzado a hablarle sobre ella cuatro días antes. Entrábamos en la habitación, y él comenzaba a danzar. Al final de cada uno de esos cuatro días previos al rodaje de la escena, ponía ese número para que todos pudieran imaginar la tesitura que buscábamos para la misma.
O.N.: Y más tarde hubo aquellos días verdaderamente especiales, que comenzaron en un complejo de vivienda pública en las afueras de París y acabaron en las lujosas casas de los elegantes vecindarios de la ciudad.
E.T.: Eso resume el film perfectamente: nos desplazamos de un mundo al otro, de un reino visual al otro. En momentos así, sentíamos que estábamos en el meollo de cuanto intentábamos lograr.

PREGUNTA: También es la oportunidad para adoptar una mirada particular al entorno de las viviendas públicas…
E.T.: Cuando te adentras en las viviendas públicas, las imágenes devienen impactantes al instante. Pero fuimos muy escrupulosos en procurar no desviarnos  de nuestro tema. En los primeros minutos de la película, no queremos hacer un retrato del extrarradio de la gran ciudad en nuestros días, sino explicar quién es Driss, de dónde procede y, por medio de ello, poner énfasis en el contraste con la casa unifamiliar de Philippe en Saint Germain des Prés. Hoy, el público sabe muy bien cómo es la dura realidad de las viviendas públicas. Por tanto, un único plano es suficiente para reflejar el mundo en el que estamos.
O.N.: Además, la presencia de Omar hace que nuestro metraje sea de lo más creíble, dado que él mismo procede de uno de esos complejos, como Driss, en Trappes, y porque podía decirnos si lo que estábamos haciendo era correcto o no. Con él, no podíamos equivocarnos…

PREGUNTA: ¿Se reescribió mucho de la película durante el montaje?
O.N.: Cuando vimos el primer montaje del montador –editaba mientras rodábamos–, por supuesto todavía era preciso trabajar en el material, pero el film ya estaba allí. Reescribimos mucho menos en este montaje que en nuestras películas previas.
E.T.: Y ello porque improvisamos mucho menos en el plató, mientras que siempre habíamos tratado de que las cosas se descarrilaran en nuestros filmes precedentes. Ahora, las cosas estaban más centradas. Sin embargo, incluso habiendo pocos cambios, el último estadio de escritura se produjo realmente en el montaje. Dado que hay mucha espontaneidad e improvisación en el plató, puede llevar su tiempo dar con la forma final de la película.
O.N.: La esencia de las escenas cambia.
E.T.: Aquí se trataba de mantener ese frágil equilibrio entre la risa y la emoción. Durante el rodaje, a menudo lo enredábamos todo, y no había dos tomas iguales. El montaje nos permite escoger de entre los distintos talantes de cada toma para construir algo coherente mientras alternamos entre la comedia y la emoción. El montaje fue un momento muy satisfactorio: como en un rompecabezas donde las piezas encajaban fácilmente. Para nosotros, eso eran señales particularmente alentadoras: íbamos por buen camino.

PREGUNTA: Dado que han basado Intocables en una historia auténtica, ¿sintieron estar asumiendo algún tipo de responsabilidad?
E.T.: Si, pese a que nos sentíamos libres. No estábamos rodando un documental, así que no teníamos límites. Tras leer los distintos borradores del guión, Philippe nos dijo que había ocasiones en las que incluso nos habíamos aproximado mucho a los hechos reales. Sin embargo, tuve la impresión de que estábamos siendo moralmente responsables de algo…
O.N.: No creo que hayamos traicionado la historia de Philippe, pese a que hayamos tenido que adaptar ciertas partes de ella por necesidad.
E.T.: Además, no fue por casualidad que tuviéramos la necesidad de ir y mostrarle imágenes de la película recién acabado el rodaje. Fuimos invitados a su fiesta de aniversario sorpresa. Abdel estaba allí, junto a la madre de Philippe, su familia, y todos sus amigos. Mediante un ordenador, le hicimos mirar una serie de fotografías tomadas en el plató. Para él tuvo que ser necesariamente un momento extraño ver a François Cluzet encarnándole. Se produjo un delicado silencio en medio de aquella velada feliz. Todos estaban conmovidos. Creo que la primera proyección del film completa será un momento muy intenso para él y todos aquellos próximos a él.

 

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Category: Entrevistas, Galerías

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