Zipi y Zape y el Club de la Canica: Bendita memoria y sano olvido

| 1 octubre, 2013 | 0 Comentarios

Con todos ustedes, los ilustres miembros del Club de la Canica.

Con todos ustedes, los ilustres miembros del Club de la Canica.

La única forma de sacar una buena película de un tebeo tan malo como Zipi y Zape era ignorar todas y cada una de las viñetas creadas por Josep Escobar. Al contrario que otras adaptaciones cinematográficas, que ignoran decenas de grandes tebeos para crear abominaciones, léase Los 4 Fantásticos, de Tim Story, o, yéndonos un poquito más cerca, las dos horripilantes entregas en imagen real de Mortadelo y Filemón estrenadas hasta la fecha, no existe ningún tebeo de Zipi y Zape en sus 65 años de historia que tenga gracia, sea entretenido o, simplemente, valga la pena hacer realidad en un largometraje. Muy consciente de ello, Oskar Santos ha concebido una aventura que reivindica el mejor cine juvenil de los años 80, y en concreto Los Goonies, sin desdeñar la influencia de una saga cinematográfica más reciente y tan notable como la de Harry Potter. Con semejantes referencias, el fantasma de la mediocridad que siempre ha revoloteado sobre el rancio tebeo de Escobar se transforma aquí en puro y sano entretenimiento.

Por supuesto, como de todo hay y debe haber en nuestro mundo, los defensores del cómic original ya están haciendo ruido y quejándose al respecto. Pero sus argumentos son bastante ridículos si tenemos en cuenta que Zipi y Zape y el Club de la Canica es, como mínimo, infinitamente superior a cualquier tebeo protagonizado por estos personajes. Sus 90 minutos pasan volando, su ritmo es frenético y apenas se nota que ha sido producida por una cantidad ridícula de dinero, teniendo en cuenta la espectacularidad de su dirección artística y la calidad de sus fotografía y banda sonora original, firmada por el cada vez más solicitado, y con toda razón, Fernando Velázquez (de la horripilante canción de Cali y el Dandee que mancilla los títulos de crédito finales mejor no hablar, que hoy estoy de buen humor).

Zipi y Zape a punto de descubrir los oscuros planes de Falconetti.

Zipi y Zape a punto de descubrir los oscuros planes de Falconetti.

No hay preámbulos. Zipi y Zape comienzan su narración en mitad del fregado. Tras fracasar estrepitosamente mientras intentaban robar un examen, ambos han sido expulsados de su colegio y viajan en autobús de camino a un internado que a más de uno se le antojará como un Hogwarts venido a menos. Afortunadamente, no es este un corta y pega de Harry Potter, aunque éste no sea el único de los ingredientes que comparten. Aparte de hermoso aunque algo siniestro castillo, la pareja de gamberrillos pronto hará migas con algunos de los alumnos del centro, aunque Matilda, recién llegada al colegio, será quien atraiga poderosamente la atención de los hermanos, hasta el punto de llegar a disputarse su posible interés amoroso.

La disciplina asfixiante impuesta por el director del internado, apodado por su alumnos Falconetti e interpretado por un sobreactuado Javier Gutiérrez, pronto aviva la perversa imaginación de los dos chavales, que deciden crear un club dispuesto a a cuestionar el sistema a base de travesuras. Pero será durante una de sus gamberradas nocturnas cuando la pandilla de pequeños rebeldes descubre los ocultos propósitos del inquietante Falconetti, que busca un tesoro oculto entre los muros del castillo, reto que inmediatamente aceptan los niños, con lo que la aventura está servida.

Oskar Santos (a la derecha) dirigiendo a los protagonistas del film.

Oskar Santos (a la derecha) dirigiendo a los protagonistas del film.

Entre los muchos aciertos del segundo largometraje del cineasta bilbaíno, que deja atrás aquí los titubeos de su ópera prima, El mal ajeno, para meterse de lleno y sin complejos en el cine de género, hay que destacar la naturalidad con la que aborda el cine familiar sin defraudar a nadie. Un equilibrio logrado a base de respeto por la inteligencia de grandes y pequeños, trufando el guión de pequeños juegos de adivinanza, humor, acción y referencias cinematográficas y televisivas de los años 70 y 80. No sólo Los Goonies, también Heidi, Hombre rico, hombre pobre o Tiburón, sin olvidarnos de algún que otro guiño a las novelas de Enid Blyton, como Los cinco, que no todo lo ha inventado J.K. Rowling.

A pesar de sus evidentes limitaciones presupuestarias y carencias interpretativas (los actores en nuestro país siguen siendo en general mediocres, ya sean adultos o infantes), estamos ante un film con alma facturado con cariño a pesar de sus lógicas aspiraciones mercantilistas. Es más, me atrevería a decir que esta es la mejor película española estrenada en lo que va de año, y no me importa lo que nuestra Academia de Cine tenga que decir al respecto. El buen cine de género es la mejor manera de crear industria en nuestro país. No tanta mirada al ombligo. Si se hicieran más películas como ésta otro gallo nos cantaría. No sólo por su acierto a la hora de deslocalizar la historia, de hacer universales escenarios y personajes, haciéndola asequible al público internacional, sino por construir un producto que puede convivir con sus referencias sin resultar un plagio o una burda y triste parodia, como fue el caso de la exitosa pero dolorosamente mediocre Las aventuras de Tadeo Jones. Zipi y Zape y el Club de la Canica no sólo es un producto comercial, es uno de calidad. Y si es así es por el talento y las buenas decisiones de su director y sus guionistas.

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Category: Críticas, Destacados

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