‘Una familia de Tokio': Ozu resucitado

| 18 noviembre, 2013 | 0 Comentarios

Fotograma de 'Una familia de Tokio'

Fotograma de ‘Una familia de Tokio

Elegida como la tercera mejor película de la historia en la última encuesta realizada por la revista británica Sight & Sound entre diferentes profesionales del cine, y considerada la gran obra maestra de Yasujirô Ozu, Cuentos de Tokio es uno de esos filmes cuya capacidad de conmover se mantiene generación tras generación. Con su prodigioso dominio de la elipsis, la depuración absoluta de un estilo basado en expresar lo máximo a partir de lo mínimo a través de encuadres fijos y precisos, y su característico punto de vista a la altura del tatami, Ozu dejó un legado artístico que no sólo ha influido a cineastas japoneses, como el caso de Hirozaku Kore-eda y su Still Walking, sino que ha maravillado a directores occidentales como Wim Wenders o Aki Kaurismäki.

La idea de hacer una nueva versión de una obra inmejorable como Cuentos de Tokio parece, de entrada, un despropósito totalmente innecesario. En el 50 aniversario de la muerte de Ozu, el veterano Yôji Yamada se ha atrevido a revisitar con Una familia de Tokio esta emotiva historia de un matrimonio de ancianos que deciden viajar a la capital japonesa para visitar a sus hijos, quienes apenas tienen tiempo para ocuparse de ellos debido a la frenética vida que les impone la ciudad. Del Japón de 1953 de la película original, donde las heridas de la Segunda Guerra Mundial aún siguen abiertas, pasamos a un Tokio en el que el terrible tsunami  de 2011, la catástrofe nuclear de Fukushima y la crisis económica han vuelto a traer un clima de desconcierto en la estoica sociedad nipona.

Fotograma de 'Una familia de Tokio', dirigida por Yôji Yamada

Fotograma de ‘Una familia de Tokio’, dirigida por Yôji Yamada

A pesar de este aparente cambio de escenario y circunstancias, que podría bastar para justificar un remake, Yamada se muestra meticulosamente fiel al espíritu de su modelo, variando apenas unas notas de la partitura original, dejando claro que su intención es más la de hacer un homenaje que la de profanar el sueño de los muertos. De hecho, quizás porque me faltan conocimientos sociológicos sobre la realidad de la isla, viendo Una familia de Tokio uno tiene la impresión de que poco ha cambiado en lo que se refiere a la estructura y las relaciones familiares. Obviamente, aparecen elementos que delatan que estamos en otra época, como los teléfonos móviles, la grandiosidad de los edificios o la presencia de la estética anime en el corazón de la urbe; pero en la intimidad del hogar, cualquiera diría que no ha pasado el tiempo.

Para aquellos que recuerdan perfectamente Cuentos de Tokio, este nuevo viaje puede resultar totalmente falto de sorpresa, como una emoción de segunda mano, un sucedáneo de algo mucho más bonito que ya hemos sentido. Pero es innegable que Yamada, que se hizo con la Espiga de Oro en la última Seminci por este trabajo, consigue de alguna manera que volvamos a conmovernos con la misma historia, a revivir su magia. A este mérito hay que reconocerle otro aún más importante: demostrarnos que la obra de Ozu  no sólo es insuperable, sino también incorruptible.

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Category: Críticas, Destacados

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