Tú y yo: La eterna juventud de Bertolucci

| 26 septiembre, 2013 | 0 Comentarios

Fotograma de Tú y to de Bertolucci con los protagonistas Jacopo Olmo Antinori y Tea Falco

Fotograma de Tú y to de Bertolucci con los protagonistas Jacopo Olmo Antinori y Tea Falco

Uno escucha el nombre de Bernardo Bertolucci y enseguida acude a nuestra mente la imagen de uno de los grandes. Un director más que consagrado, autor de películas tan memorables como El último tango en París (1972), Novecento (1976) o El último emperador (1987). Hoy día, este genio italiano encara la última etapa de su vida con setenta y dos años sobre sus espaldas y postrado en una silla de ruedas. Con dos Oscar bajo el brazo y multitud de premios en su dilatado currículo, el parmesano ha estrenado recientemente una de sus cintas más íntimas y modestas: Tú y yo. Y como todos aquellos que, a pesar del transcurso del tiempo, no pierden su olfato para rastrear buenas historias, Bertolucci se erige como un experto sabueso. Pasados dos lustros desde su anterior trabajo, el veterano realizador se pone otra vez detrás de las cámaras para ofrecernos un sufrido viaje sobre la adolescencia y la juventud.

Tú y yo está basada en una novela de Niccolò Ammaniti, un drama juvenil que arranca con la presentación de Lorenzo (Jacopo Olmo Antinori), un adolescente de catorce años con tremendas dificultades para socializarse con los demás; alguien carente de amigos en su entorno más cercano. Huraño y retraído, el chico decide aprovechar las vacaciones de semana blanca para enclaustrarse en el sótano de su edificio y así poder disfrutar de lo que más le place: su soledad. Lorenzo burla la confianza de su madre, la engaña para hacerle creer que realmente se encuentra esquiando con sus compañeros de colegio. Pero la realidad es bien diferente. Sobreviviendo a base de refrescos y comida enlatada, el adolescente se regocija en su propio aislamiento en compañía de los libros polvorientos de un desvencijado desván. Sin embargo, su felicidad se ve truncada por la inesperada llegada de Olivia (Tea Falco), la hermanastra del protagonista. Marginada por su familia debido a su condición de yonqui y con un odio recalcitrante hacia la madre de Lorenzo, la chica busca refugio en el sótano ocupado por el chico. De esta manera, los jóvenes emprenden un camino donde cada recoveco resulta ser una discusión; y cada paso que dan, un nuevo descubrimiento acerca del otro.

Imagen de Tú y yo en el sotano donde se desarrolla parte de la película.

Imagen de Tú y yo en el sótano donde se desarrolla parte de la película.

Cuando pensábamos que Bernardo Bertolucci iba a decir adiós al cine, después de haberse sometido a cuatro operaciones en la columna y siendo consciente de que su estado era un impedimento para rodar, el cineasta vuelve a sorprendernos en un alarde de firmeza narrativa. Y es que parece ser que el realizador nade en las aguas de la juventud eterna, ya que en este último film se sumerge en la pérdida de la inocencia y en la búsqueda de la aceptación. Adornada con temas musicales de grupos tan conocidos como Muse, Red Hot Chili Peppers, Arcade Fire, The Cure e incluso una versión italiana de Space Oddity, de David Bowie, la película se transforma en un canto a la inadaptación social de dos jóvenes que están condenados a ser repudiados por el mundo, pero predestinados a entenderse entre ellos.

El director ya había reflejado su fijación hacia la adolescencia en su anterior película, la aclamada Soñadores (2003). Pero a diferencia de esa cinta, Tú y yo se despoja de cualquier envoltorio intelectual para adentrarse en un universo en el que priman los sentimientos de sus protagonistas. El cineasta adopta un tono emotivo, donde la tragedia puede palparse de manera notable en cada mirada, en cada gesto. A pesar de la profundidad de su temática, la película se caracteriza, precisamente, por su ligereza.

Fotograma de Tú y yo de Bertolucci

Fotograma de Tú y yo de Bertolucci

Bertolucci escoge un espacio cerrado como lo es el sótano donde se desarrolla la historia para estrecharnos entre sus paredes, para que la claustrofobia haga mella en el espectador y los personajes se vean forzados a relacionarse entre ellos. Al final, el film acaba adquiriendo la forma de obra de teatro, pues el desván se convierte en un escenario donde las dotes interpretativas de los actores dirigen la trama. La localización de Tú y yo recuerda a otras que el cineasta utilizó para anteriores películas: la ciudad prohibida donde se ambienta la oscarizada El último emperador; el apartamento en el que Marlon Brando y Maria Schneider desataban su amor en El último tango en París; o la mansión donde los personajes de Soñadores daban rienda suelta a su lujuria y su apetito sexual.

Otra semejanza que la enlaza con su anterior largometraje es la presencia del incesto, tratado de manera explícita en Soñadores. En cambio, en la película que nos ocupa, la relación incestuosa tan solo se sugiere; algunas secuencias insinúan cierta atracción entre un adolescente de acné galopante y una adicta a la heroína. El público puede llegar a adivinar el deseo que sienten ambos hermanastros con la sutilidad que utiliza el director.

Vale la pena ver Tú y yo para conocer los secretos que esconden sus personajes; para saber que a veces es mejor afrontar nuestros temores con alguien. Y, sobre todo, para constatar como a Bernardo Bertolucci aún le quedan ganas de hacer cine. Y del bueno.

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Category: Críticas, Destacados

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