‘Trash, ladrones de esperanza’: los chicos de Daldry

| 23 noviembre, 2014 | 0 Comentarios

Fotograma de 'Trash' de Stephen Daldry

El joven Rickson Tevez protagoniza ‘Trash’

En Billy Elliot, su primer largo, Stephen Daldry nos regaló un delicioso cuento sobre un chiquillo destinado a ser un ‘patito feo’ en un barrio minero pobre del noroeste de Inglaterra de los 80 que termina convirtiéndose en ‘cisne’ triunfando como bailarín en la escena londinense. La excelente interpretación del pequeño Jamie Bell, y su perfecto equilibrio entre drama y comedia, revelaron a un eficaz director de jóvenes actores con la sensibilidad suficiente para controlar los excesos de emoción que suelen arrastrar las llamadas feel good movies.

En sus posteriores trabajos, todos ellos adaptaciones literarias de obras de prestigio, Daldry ha mantenido este interés por personajes infantiles o juveniles enfrentados a una situación traumática que les hace madurar antes de tiempo. El pequeño proyecto de escritor marcado por una madre incapaz de quererle de Las horas; el joven estudiante que se enamora de una mujer veinte años mayor en El lector; y el niño que trata de superar la muerte de su padre en los atentados del 11-S de Tan fuerte, tan cerca evidencian esta constante temática que recorre la obra de Daldry. Con Trash, ladrones de esperanza, el cineasta continúa esta tendencia con, no uno, sino tres chavales protagonistas sobre los que se sostiene el filme.

Raphael (Rickson Tevez), Gardo (Eduardo Luis) y Rato (Gabriel Weinstein) pasan su existencia rebuscando entre las basuras que rodean las favelas de Río de Janeiro donde viven. Un día, Raphael encuentra una cartera con dinero y la llave de una taquilla. Cuando la policía local irrumpe en el vertedero para preguntar si alguien ha encontrado este objeto, el joven decide no decir nada, convencido de que tiene entre manos algo más valioso de lo que parece. Con la ayuda de sus amigos Gardo y Rato, el muchacho inicia una búsqueda para resolver este enigma que acabará destapando un peligroso entramado de corrupción y abusos policiales que podría costarles la vida.

Rooney Mara en un fotograma de 'Trash'

Rooney Mara interpreta a una maestra voluntaria.

 

Tras el patinazo crítico que supuso el exceso de intenciones de Tan fuerte, tan cerca, Daldry recupera algo de la frescura  y del espíritu de su celebrado debut. Aunque la sombra de Slumdog Millionaire aún es alargada, el director de Las horas saca partido del cada vez menos exótico escenario de las favelas en el que transcurre esta fábula con sesgo más lúdico que sociológico. Daldry evita el riesgo de caer en la pornografía social o en un cínico embellecimiento de la pobreza y conduce con brío un filme producido por Fernando Meirelles – director de Ciudad de Dios–  donde la voluntad de hacer un thriller solvente prevalece sobre la de radiografiar o denunciar una determinada situación social. Si esto es una virtud o un defecto, dependerá del criterio de cada uno.

Lo que queda fuera de duda es la confirmación de que Daldry no ha perdido su toque para sacar lo mejor de los más jóvenes – el trío protagonista brilla en un reparto en el que las dos única estrellas, Martin Sheen y Rooney Mara, sólo tienen una presencia funcional –; y el inesperado descubrimiento de un buen director de escenas de acción. La versatilidad del cineasta británico y el encanto de los tres chavales vuelan por encima de un guión eficaz, pero epidérmico, del siempre amable Richard Curtis (Notting Hill, Love Actually). Aunque se le podría reprochar un final demasiado luminoso, que aun así no desentona con el tono del filme, Trash es altamente disfrutable, además de por todo lo dicho, por una jubilosa banda sonora repleta de artistas brasileños.

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Category: Críticas, Destacados

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