Trance: Sin miedo al ridículo

| 14 junio, 2013 | 1 Comentario

A Vincent Cassel se le ha perdido un Goya en "Trance".

A Vincent Cassel se le ha perdido un Goya en “Trance”.

Está claro que la fiebre por Danny Boyle ha bajado en los últimos tiempos. Lejos queda el delirio de Oscars  (hasta 8, cuesta creerlo aún) cosechado por Slumdog Millionaire,  por no hablar del culto a la sobrevalorada Trainspotting. Manierista audiovisual siempre atento a las formas aunque sistemáticamente perdido en su obsesión por apabullar al espectador, el creador británico, fiel a sí mismo, nos presenta un thriller de esos donde nada es lo que parece, y en el que se permite dar rienda suelta a sus habituales desvaríos con la seguridad del cineasta consagrado, laureado y admirado al que, a estas alturas todo se le puede perdonar. Pero eso no quita que su último trabajo siga siendo lo que es, una enorme tomadura de pelo sin sentido del ridículo.

Es toda una misión imposible, si uno es un incondicional del director de 127 horas, defender Trance sin darse de bruces con sus trampas e inconsistencias. El film, aparentemente, está protagonizado por el empleado de una casa de subastas implicado en el robo de una pintura de Goya. En el transcurso del mismo resulta herido en la cabeza. La consecuencia es una pérdida de memoria parcial que convierte el paradero del cuadro es un enigma oculto dentro de su fracturada mente. Para rescatar esa información, los rateros deciden contratar los servicios de una profesional de la hipnosis, rescatando recuerdos, pero también alterándolos o sepultándolos. Una mujer con un enorme poder y una misteriosa conexión con nuestro protagonista… ¿o es ella el verdadero centro de esta historia?

James McAvoy a punto de perder los nervios con Vincent Cassel.

James McAvoy a punto de perder los nervios con Vincent Cassel.

Trance es una de esas películas autocomplacientes y cegadas por su propio y presunto ingenio, hasta el punto de bombardearnos con unas intragables ruedas de molino. Unos insalvables agujeros de guión que convierten el conjunto en algo simple y llanamente insostenible y risible. Porque, como ya habrá adivinado la mayoría, este es el típico rompecabezas donde al final todas las piezas acaban encajando para dejar sin habla al respetable. Y hay que reconocer que, aunque los más curtidos puedan adivinar buena parte de los derroteros del argumento durante los primeros 20 minutos, el final es de los que coge por sorpresa. Eso sí, para mal, porque es una soberana tontería.

Y es que tiene mucho peligro apoyar la mayor parte del argumento en algo tan cogido por los pelos como la hipnosis, trufando la historia de discutibles  licencias científicas y reglas caprichosas que no son sino un vulgar truco de los guionistas para justificar los numerosos giros de la trama y marcarnos un gol tras otro. Si a eso añadimos la estética hortera elegida por Boyle, que nos zambulle en imposibles casoplones último diseño y en locales de chillones colorines… la sensación de hartazgo se impone irremediablemente.

Rosario Dawson es lo mejor de "Trance".

Rosario Dawson es lo mejor de “Trance”.

Si algo merece la pena destacar de Trance es que reivindica y aprovecha el potencial de estrella de Rosario Dawson, actriz siempre eficaz y natural, de belleza tan personal como despampanante y, todo hay que decirlo, flamante nueva compañera sentimental del cineasta, que explota al máximo su belleza, hasta el punto de justificar un desnudo integral con una excusa de guión que arrancará la carcajada de más de uno a cuenta de una depiladora eléctrica.

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Category: Críticas

Comentarios (1)

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  1. Gonzalo dice:

    Guillermo, bonito nombre, como mi hijo o como un amiguete que trabaja en una cadena de cines…
    qué lástima que tengas tan mala baba…

    Otro día que no haga tanto sofocón de calor te contesto… no sea que vaya a pasarme como a tí. ¿es que estás a punto de perecer? en Madrid?

    Refrescáte,
    nos escribimos

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