‘Thor: El Mundo Oscuro': Dios del trueno al cubo

| 8 noviembre, 2013 | 0 Comentarios

Loki y Thor: Dos hermanos eternamente a la gresca.

Loki y Thor: Dos hermanos eternamente a la gresca.

Cómo ha cambiado el cuento. Hace apenas dos años se estrenaba con éxito bastante moderado Thor, revelándose como la hermana pobre de las películas de la denominada Fase 1 de Marvel Studios. Menos presupuesto (por mucho que la cifra oficial fuera de 150 millones de dólares, la mayoría de ese dinero se destinó a publicidad) por una cuestión de riesgo vinculada a la prueba de fe que lanzaba el estudio a la gran audiencia: un dios nórdico como fichaje estrella de un equipo de superhéroes. A pesar de ser uno de los cómics mejor vendidos por aquel entonces en Estados Unidos, mucha gente se reía de semejante idea, por canónica o familiar que resultase para cualquier lector habitual.

Pero con su habitual buen olfato, Marvel Studios fichó a un talento como Kenneth Branagh para dirigir la cinta y la llenó de candor y buenos actores a pesar de tener un envoltorio más bien pobretón, algo que dejaba patente su estructura narrativa, que arrancaba de forma espectacular en Asgard para luego trasladar la acción casi a perpetuidad a un pueblo de mala muerte en Nuevo México. Sin embargo, hoy sigue siendo una de las más sólidas entradas de la Fase 1, y aguanta revisiones con mejor salud que otras compañeras de curso con más éxito de taquilla, como es el caso de la fallida Iron Man 2, o mejores críticas, como la caótica El increíble Hulk.

Sif guarda las enormes espaldas de Thor.

Sif guarda las enormes espaldas de Thor.

Hoy, con el éxito de Los Vengadores aún presente en la memoria colectiva y la resaca reciente de Iron Man 3, la cinta más taquillera del año (de momento), Thor regresa con su primera secuela. Una película enorme en comparación a su predecesora. Más escenarios, más personajes, más acción y la misma voluntad de entretener al espectador por encima de todo. Un objetivo que no  siempre garantiza películas infalibles, como Los Vengadores o Iron Man 3. Thor: El Mundo Oscuro tiene unos cuantos problemas, pero no por ello deja de ser una de las propuestas más entretenidas que uno pueda encontrar en la cartelera.

Se nota la ausencia de un buen director. Alan Taylor, realizador con algún que otro olvidable largometraje en su haber, bien curtido, eso sí, en la televisión, aporta a esta secuela justo lo que se esperaba de él, que es el factor Juego de tronos, por cuyo trabajo ha obtenido su silla de director en esta superproducción. Es decir, tenemos un Asgard menos alienígena y lustroso, y sí más sucio, brutal y terrenal. Pero poco más. Le falta un hervor al coreografiar la acción y no saca todo el partido que podría haber sacado el Kenneth Branagh del primer Thor a un reparto tan dotado. Por supuesto, no hace falta apretar mucho a gente como Anthony Hopkins o Tom Hiddleston para que brillen, pero es obvio que Alan Taylor no ha sido la mejor opción de Marvel Studios, que suele arriesgar y casi siempre acertar con sus directores elegidos (ni que decir tiene que el más discutido de todos, Joss Whedon, resultó ser el mejor).

El villano Malekith, lo menos logrado de Thor: El Mundo Oscuro.

El villano Malekith, lo menos logrado de Thor: El Mundo Oscuro.

Con todo, Thor: El Mundo Oscuro tiene más virtudes que defectos, empezando por un guión que aunque aunque a veces peca de redundante y caótico, sobre todo al comienzo de la historia, poco a poco demuestra una clara solidez a la hora de no perder de vista a los personajes ni la dirección de los acontecimientos. Eso sí, el gran punto flaco del film no es moco de pavo: Malekith, un villano de la función bastante deslucido. Lo de menos es su escaso parecido al personaje visto en las viñetas originales, creado por cierto por uno de los más grandes autores que pasaron por ese cómic, Walter Simonson. Tampoco la elección de Christopher Eccleston para interpretarlo. Sepultarlo bajo tanto maquillaje sí que no parece tan acertado, aunque lo más grave es que los guionistas no han conseguido dotarlo de carisma, y el director tampoco se muestra preocupado por subrayar su presencia o hacerlo más interesante. En ese sentido, es su lugarteniente, convertido posteriormente en un gigantesco bruto que pondrá en más de un aprieto al dios del trueno, el que le acaba robando casi todas sus escenas.

Apártate, Legolas, que llegan los elfos oscuros.

Apártate, Legolas, que llegan los elfos oscuros.

Pero la película es tremendamente generosa a la hora de dosificar épica, acción, humor e, incluso, autoparodia. Cuando toca ponerse serios, nos ponemos serios, cuando hay que divertirse, van dos tazas. Y las peleas y destrozos no podrían ser más abundantres. El ataque a Asgard y, sobre todo, la posterior huida del reino dorado, son secuencias de acción memorables, donde la calidad de la dirección artística y los efectos visuales elevan el espectáculo hasta cotas muy altas. Y, de paso, los personajes tienen tiempo la lucirse e interactuar a placer. Thor y su padre Odín discuten como está mandado, al igual que Loki con su hermanastro, trufando los diálogos de incontables guiños a los que llevamos décadas leyendo estos tebeos. Y nunca nos aburrimos de un mismo escenario. La tierra ya no es el decorado más importante, sino buena parte de los nueve reinos, haciendo que estos acaben cruzándose de forma divertidísima a cuenta de la convergencia entre mundos que intenta aprovechar Malekith para doblegar a toda la existencia… si Thor no puede impedirlo antes.

Natalie Portman y Chris Hemsworth, una química cada vez menos forzada.

Natalie Portman y Chris Hemsworth, una química cada vez menos forzada.

Marvel Studios ha dado con una fórmula que, aunque parezca mentira tras un lustro en funcionamiento, sigue resultando fresca. Una que evita a toda costa la afectación y la gravedad de la distinguida competencia, es decir, Warner Bros. y sus recientes versiones cinematográficas del Universo DC, que han dejado a un lado el color y el humor para reinventar a Batman y Superman como héroes más torturados y mesiánicos que nunca. Está claro que el público abraza con entusiasmo ambos universos de ficción en la gran pantalla, pero el de Marvel ha llegado más lejos a la hora de conectar con un espectro más amplio de espectadores. Aparte de la acción y el envoltorio espectacular, es en su generosa dosis de humor, en su contagiosa sensación de ligereza, donde reside la clave del éxito de la gran mayoría de sus películas.

Más allá de los problemas que puede acusar el film de Alan Taylor, esto es pura diversión, como la de los buenos tebeos de superhéroes. Una alegría contagiosa que te deja con ganas de más, porque la historia de este universo interconectado no sólo se va enriqueciendo, sino que nunca tiene visos de agotarse. Y el grado de complicidad con los fans del cómic se hace así extensivo al de los neófitos, como podemos comprobar en las salas de cine durante los títulos de crédito de las películas de Marvel Studios, un ritual donde casi ningún espectador abandona la sala porque sabe que habrá alguna sorpresa, aunque vaya a ser un simple chiste. Y esta vez ofrecen una doble propina: dos escenas con una función distinta pero complementaria. Primero tenemos un adelanto de Los Guardianes de la Galaxia (que parece filmado por su director, James Gunn). Más tarde, un doble epílogo que ofrece romance y comedia. Un auténtico fan service con el que Marvel Studios está ganando legiones de adeptos en todo el mundo. Próxima parada: Capitán América: El Soldado de Invierno.

 

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Category: Críticas, Destacados

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