‘The Purge: La noche de las bestias’, lo peor de la Serie B

| 8 julio, 2013 | 0 Comentarios

El cine de serie B, caracterizado por el bajo presupuesto y la mala calidad de sus películas, fue fecundo en el terror y ciencia ficción. A veces ofrecía milagros, gracias a la libertad creadora de directores y guionistas para dignificar el formato. Desgraciadamente, The Purge: La noche de las bestias de James DeMonaco ejemplifica lo peor del género, aunque por lo menos está cumpliendo el objetivo de asaltar la taquilla veraniega de Estados Unidos. Detrás de la película están dos expertos, como Michael Bay y James Blum, de atracar al público con productos infames.

La purga parte de un planteamiento que intenta ser original. En un futuro cercano tras guerras y crisis económicas han encontrado la fórmula para agarrarse a la prosperidad y terminar con la violencia. Una vez al año está permitido por el Gobierno el asesinato con total impunidad. Un procedimiento que reduce el índice de homicidios a la mínima expresión durante el resto del año y de paso purifica la raza eliminando a los más débiles. Una solución final parecida a la que pusieron en práctica hace más de diez años los hermanos Fukasaku, en su espectáculo bizarro Battle Royal para meter en cintura jóvenes japoneses.

Un año más, una familia acomodada de la nueva sociedad americana, agradecida por el flamante desarrollo del nuevo país, se dispone a pasar otra tranquila velada, en su casa convertida en búnker para la ocasión, para ver el espectáculo por televisión. Sin embargo, la noche se torcerá.

Pese al típico anzuelo: “de los productores de…” y un engañoso tráiler –sin duda mucho mejor que la propia película, son capaces de vender los tapacubos de un Renault 5-, no hay ni rastro de terror, ni se le espera durante todo el filme. Aunque intenta crear tensión con los recursos de cámaras endógenas dentro del relato como en Paranormal Activity, no tiene ni por asomo el mismo impacto. The Purge: La noche de las bestias es un thriller maniqueo con una leve pretensión que termina por irse por el retrete en su tosco y previsible desarrollo.

La película utiliza recursos reconocibles de otras películas: el antagonista como un joven educado y retorcido al estilo Funny games, máscaras para sus esbirros o cámaras subjetivas, pero de manera estéril. Y tropieza para pasar de puntillas con sugerentes ideas sobre el alineamiento social, la violencia o la desigualdad. Uno no espera un estudio sociológico al estilo de la magnífica película alemana El experimento, pero frustra que un producto infame intente vender una pseudocrítica contradictoria contra la cultura de la violencia a base de hostias.

Si la película se convierte en profética, sin duda Machael Bay y James Blum se ganarán el puesto en la lista de futuras purgas de los espectadores que vean la película.

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