‘The Monuments Men’, la frívola canción de guerra de Clooney

| 19 febrero, 2014 | 0 Comentarios

George Clooney y el resto de su séquito en The Monuments Men

George Clooney y el resto de su séquito en The Monuments Men

George Clooney tenía una apetitosa idea en mente. Una de esas premisas poderosas de las que podía acabar saliendo una historia para recordar, a pesar de lo trillado de su ambientación y contexto. Pero un planteamiento suculento no puede llegar a buen puerto si las aguas sobre las que navega tu proyecto están plagadas de escollos, especialmente cuando éstos aparecen a lo largo de tu itinerario porque el mismísimo director ha querido ponerlos allí. No se sabe si por estética o si por capricho, pero el señor Clooney ha tirado por la borda una de las películas que habían despertado más expectativas en 2014. Y lo ha hecho a lo grande, anunciándolo a todo trapo, al son de fanfarrias y con bombo y platillo. Incluso los integrantes del espectacular reparto que compone la cinta tuvieron la osadía de bailar la conga en la Berlinale durante la presentación de The Monuments Men, advirtiendo al espectador de lo que se iba a encontrar durante el visionado del film: una fiesta entre colegas. Ni más ni menos.

Todo el mundo ha podido ser testigo del batacazo que se ha dado el actor y realizador en su quinto intento tras las cámaras. Todos han podido presenciar ese particular homenaje que ha dedicado a aquellos valerosos restauradores y directores de museo que por amor al arte (y nunca mejor dicho) recorrieron media Europa en las postrimerías de la II Guerra Mundial, en un ímprobo esfuerzo por recuperar las obras que los nazis habían robado durante su expolio, para saciar el inabarcable ego del Führer. Esos héroes merecían una película hecha a su medida: un concienzudo ejercicio histórico y bélico de aquellos años fatídicos, donde las proezas de sus protagonistas estuviesen engalanadas con los tintes dramáticos necesarios para que la historia llegase al público. Pero no. Clooney ha organizado una reunión de amigos que, a pesar de las adversidades a las que tienen que hacer frente, parecen casi cachondearse de su misión. “Una vida vale más que una obra de arte”, indica el personaje que interpreta el director antes de que sus camaradas comiencen su aventura. Pero si uno aterriza en territorio hostil para esquivar balas y camuflarse entre la maleza, debería tomarse su cometido con la responsabilidad y seriedad que se merece. Clooney, la francachela para los festivales. La guerra es la guerra.

Matt Damon y George Clooney en un fotograma de la película

Matt Damon y George Clooney en un fotograma de la película

Porque el problema del amigo George no estriba en la dirección de actores, precisamente. Pues quién mejor que un avezado artista como él para blandir la batuta ante sus compañeros de profesión. Y es que el elenco de esta película es el sueño de cualquier director: Matt Damon, Cate Blanchett, John Goodman, Bill Murray, Jean Dujardin y Bob Balaban acompañan a Clooney en sus correrías por el viejo continente. Todo un lujo para aquel que quiera afianzar actuaciones de categoría para su película. Por eso mismo, no son las interpretaciones los puntos débiles que presenta la historia, ya que éstas cumplen con lo esperado. Son el desarrollo irregular de la película y el impreciso tono que quiere adoptar su realizador las deficiencias más remarcables de un proyecto desilusionante.

En primer lugar, Clooney lleva a cabo el reclutamiento de su banda de expertos en arte al más puro estilo Ocean’s Eleven, y desconozco el motivo. Tal vez lo hace para rememorar viejos tiempos como ladrón de casinos, o para quitar hierro a un asunto de semejante envergadura. Estamos hablando de robar a los nazis. De cruzar Europa en busca de obras desaparecidas, poniendo en riesgo la vida de uno. Pero para el personaje de George convencer a sus secuaces de una labor tan arriesgada es un juego de niños. Basta con moverse por el mapa siguiendo el rastro de colegas de oficio, hallarlos realizando sus labores rutinarias, esbozar una sonrisa picarona, utilizar las palabras acertadas, chasquear los dedos…y ya disponemos de cuadrilla para hacer frente a los despojos de las fuerzas del III Reich.

Cate Blanchett acapara el personaje feminino en The Monuments Men

Cate Blanchett acapara el personaje feminino en The Monuments Men

Cierto es que el diseño de producción nos traslada hasta 1943 con una fidelidad encomiable, adentrándonos en un continente desgastado por las fatalidades del conflicto armado. Pero seamos claros, y no lo hago para restarle mérito al personal encargado de hacernos viajar en el tiempo, pues ya le pueden ceñir la corona de laurel si hace falta, pero con un presupuesto tan elevado, ¿qué película de Hollywood no tiene un diseño tan elaborado como el que nos ocupa? La banda sonora de Alexandre Desplat también es otro elemento a destacar entre tanto disparate. El ganador de un Globo de Oro y de un Grammy hace uso de todo su talento para demostrarnos que sabe conducir una orquesta con pulso seguro.

No tan seguro se sintió Clooney con el tono de su historia, como remarcábamos anteriormente. La amalgama de estilos que pretende imponer a lo largo del largometraje desorienta al público sobremanera, como si estuviese visualizando diversas películas en una misma sala de cine. El resultado se perfila como una película desdibujada, un relato que se mece entre vaivenes constantes en los que el director nos lleva de la comedia al drama bélico. Parece que su creador no sabe expresar con exactitud lo que quiere contar. Y es que Clooney no tiene ningún reparo a la hora de incrustarnos un primer plano de Bill Murray ofreciéndonos una de sus muecas geniales, para acto seguido obsequiarnos con los ojos encharcados de Cate Blanchett mientras ésta relata sus penurias a Matt Damon. Parece que George Clooney tenía entre sus manos un proyecto que apuntaba maneras, pero se olvidó de lanzar la granada después de tirar de la anilla.

Seguramente, las calamidades que debieron pasar aquellos valientes para poder conservar nuestra cultura fueron inenarrables. Pero Clooney, aparte de su dudoso tono, tiene momentos en los que casi frivoliza sobre un tema tan delicado.

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Category: Críticas, Destacados

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