‘The Grandmaster': esencia Wong Kar-Wai

| 9 enero, 2014 | 0 Comentarios

Tony Leung es Ip Man, maestro de Bruce Lee

Tony Leung es Ip Man, maestro de Bruce Lee

Vayamos al grano. Los fans del director hongkonés pueden respirar tranquilos. The Grandmaster es Wong Kar-Wai en estado puro. ¿Por qué dejarlo claro desde el principio? Si uno se guía por el tráiler y el cartel promocional que nos anima a descubrir la leyenda del maestro de Bruce Lee, se puede tener la impresión de que, como ya hicieron otros colegas orientales como Ang Lee o Zhang Yimou, a Wong Kar-Wai le había dado por hacer un filme canónico de Kung fu. Pues no, el director de Deseando amar se ha llevado a su terreno el género wuxia (variación del cine de artes marciales, con un componente histórico y melodramático más marcado) y le ha aplicado sus obsesiones temáticas y formales.

Tres años de producción y seis de planificación ha necesitado Wong Kar-Wai para poner en marcha  The Grandmaster, un trabajo tan ambicioso y lujoso como inaccesible. A través del personaje real de Ip Man, un maestro de las artes marciales que fue mentor del malogrado Bruce Lee, esta apabullante superproducción hongkonesa recorre varias décadas de la historia de la China de la primera mitad del siglo XX. Un periodo convulso en el que la Guerra Civil entre nacionalistas y comunistas, la ocupación japonesa y el cierre de la frontera con el territorio británico de Hong Kong marcarán el fin de la época republicana, conocida como la edad dorada del Kung fu chino. A lo largo de todo este periodo, Ip Man (Tony Leung), maestro del estilo Wing Chun del sur, y Gong Er (Zhang Ziyi), hija del gran maestro del estilo Ba Gua del norte, tendrán unos breves pero intensos encuentros en una de esas historias de amor no consumado tan queridas por Wong Kar-Wai.

Zhang Ziyi en un fotograma de 'The Grandmaster'

Zhang Ziyi en un fotograma de ‘The Grandmaster’

 

Fresco histórico, melodrama de época, filme de artes marciales… The Grandmaster parece encerrar tres películas distintas que no terminan de cuajar narrativamente entre sí. Con una trama que avanza y retrocede en el tiempo de manera abrupta, con elipsis difíciles de completar, Wong Kar-Wai abruma a un espectador que termina agotado intentado encajar las piezas de un relato para el que, además, se necesitan bastantes conocimientos de la historia de China para apreciar en toda su dimensión. Hay que señalar que todo lo que estamos comentando corresponde a una de las tres versiones del filme que se han estrenado por el mundo, adaptadas al mercado europeo, americano y chino, no sabemos si atendiendo a criterios de mayor o menor capacidad intelectual para entenderla.

Confusa, dispersa y manierista como gran parte del cine de Kar-Wai, The Grandmaster es un recital de efectos expresivos repleto de impresionantes transiciones, poéticas sobreimpresiones, jump cuts, cámara lenta, planos difuminados y otro tipo de recursos de todo menos minimalistas con los que dejar claro que es una película de su autor. Todo ello al servicio no tanto de contar una historia o hacerla comprensible, como de transmitir esa sensación, ese instante de belleza que nos hipnotice y nos convenza de que los que estamos viendo es arte con mayúsculas. Pero, más allá de la brillantez técnica con la que están rodadas las escenas de lucha, y de su resultón pero tramposo barniz poético, uno tiene la duda de si Wong Kar-Wai realmente nos está vendiendo agua del grifo usando toda la artillería visual propia de un anuncio de perfumes.

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Category: Críticas

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