The Collection: Suma y sigue

| 15 noviembre, 2013 | 0 Comentarios

Mamá, quiero ser artista.

Mamá, quiero ser artista.

Qué generosos se han sentido estas últimas semanas nuestros distribuidores españoles, desempolvando cuatro largometrajes con solera. Dejando a un lado el thriller Deadfall (La huida, en España), destacan tres cintas de terror. La más reciente, El último exorcismo Parte II, lleva nueve meses estrenada en Norteamérica, mientras que las otras dos esperaban desde hace un largo año su llegada a nuestra cartelera. Que luego no se quejen si no obtienen la taquilla esperada, ya que muchos aficionados las tienen más que vistas gracias a puntuales festivales de cine fantástico o al bendito blu-ray.

La mejor de todas, La cabaña en el bosque, ya la ha tenéis comentada en Cinemastric. El turno ahora es para The Collection, secuela de The Collector que retoma la acción casi, casi donde la dejaba su predecesora. ¿Qué no os acordáis? Pues os refresco la memoria: Arkin, un exconvicto manitas decide saquear la casa donde ha estado trabajando los últimos días para poder saldar las deudas que tiene con su esposa. Pero el tipo, que tiene bastante mala suerte, decide dar el golpe la misma noche que un misterioso psicópata siembra el caserón de trampas mortales. Y no se escapa ni el gato. Bueno sí, nuestro protagonista sí tras pasarlas canutas, pero como ya os dije, el pobre tiene el gafe suficiente para acabar en manos del asesino, que lo encierra en un baúl y se lo lleva en su furgoneta para someterlo a todo tipo de mataperrerías que logramos atisbar durante los primeros minutos de The Collection.

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Cuidadín, cuidadín, que las trampas pueden estar en cualquier parte.

Para empezar, torturas con insectos y objetos cortantes que no son nada comparado con las locuras a las que deben hacer frente otras de sus víctimas, que al parecer, por lo que nos relata una especie de noticiario durante la secuencia de títulos de crédito iniciales, son muchas y de toda índole: hombre y mujeres de todas las edades que, en el mejor de los casos, pierden la vida, ya que podrían acabar transformándose en excéntricas mascotas caníbales o, como nuestro antihéroe, en objeto de crueles y retorcidos martirios. Pero no adelantemos acontecimientos, porque esta secuela arranca con una chavalina de pasado traumático que decide irse de juerga con sus amiguitos una noche, con tan mala pata que acaban en un club semiclandestino donde el temible Coleccionista tiene preparado un asesinato en masa. La chica, que acaba apresada por el indeseable matarife, antes de caer en sus garras activa la trampa mortal que libera al bueno de Arkin, que al estilo de Ripley en Aliens, o al igual que Sarah Carter en The Descent: Part 2, apenas tiene tiempo para recuperarse de sus muchas heridas, porque es requerida su presencia para una misión de rescate en la boca del lobo.

El padre de la muchachita desaparecida tiene el suficiente dinero para reclutar a un grupo de mercenarios cuyo objetivo será salvar a la jovencita y eliminar de la ecuación al Coleccionista, cuyo uniforme de trabajo sigue siendo tan ridículo como en la primera entrega de sus dementes travesuras. Es decir, embutirse el rostro bajo una máscara que le convierte en algo así como una polla vendada en lugar de una amenaza real. Otra cosa, eso sí, son las trampas. Esas dan más miedo, y esta vez, además, tenemos obras de arte delirantes, con cuerpos cosidos unos a otros.

Y esto es sólo el comienzo.

Y esto es sólo el comienzo.

 

Si creen que les hemos destripado la peliculita de arriba abajo se equivocan, porque apenas hemos desgranado los primeros 25 minutos. Lo que resta es casi una hora de pesadilla sin salida en la guarida del mal, es decir, la casa del coleccionista. Si alguna virtud tiene The Collection es que no engaña a nadie. Es exactamente lo que pretende ser: un subproducto exclusivamente reservado para desprejuiciados devoradores de gore. Con sus efectos de maquillaje a la altura de las expectativas, una dirección de fotografía justita y una dirección artística eficaz. No me preguntéis por los actores, que con semejante guión mucho hacen ya.

Sí, esta una de esas películas a la que es mejor someterse de madrugada y en buena compañía, con ganas de divertirse y sin preguntarse el sentido de lo que está pasando ante sus ojos. Donde no falta ese asesino imbatible y todopoderoso, al estilo del Jason de Viernes 13, aunque más inteligente y tarado, dicho sea de paso. Una fiesta descerebrada que no admite lógica alguna ni análisis serio posible. Y si queréis saber mi sincera opinión os diré que es una mala película. Pero una de esas que entretiene, al contrario que otros abortos en cartelera como Aviones o Cuerpos especiales, sin ir más lejos.

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Category: Críticas, Destacados

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