‘The Amazing Spider-Man': otro héroe propenso al llanto

| 3 julio, 2012 | 0 Comentarios

Andrew Garfield en The amazing Spider-man

Andrew Garfield en The amazing Spider-man

Las malas noticias primero: echaréis de menos a Sam Raimi (ojo, al de los dos primeros Spider-Man, no al de la desastrosa tercera entrega). La buena es que The Amazing Spider-Man, a pesar de sus defectos, funciona.

La fórmula: menos dinero, más drama, menos humor y más romance. No es de extrañar, por tanto, que sus productores seleccionaran como director a una revelación (para algunos) del cine indie, Marc Webb, responsable de la bastante sobrevalorada 500 días juntos. Y no le negaremos a Webb el mérito de enfrentarse a semejante empresa, la de disimular un presupuesto modesto y convencer al público de que apenas 10 años después de su estreno, una superproducción tan digna como Spider-Man necesitaba un reboot, como llaman ahora a los remakes tempraneros. Balance: aprobado para lo primero, insuficiente para lo segundo.

Si el Spidey de Sam Raimi era un cóctel de la versión clásica de Stan Lee y Steve Ditko de 1962 con la del sello Ultimate de 2001 (escrita por Brian Michael Bendis y dibujada por el innombrable Mark Bagley), el trepamuros de Marc Webb apuesta por la sencillez, es decir, se aparta del universo Ultimate y presenta los elementos canónicos actualizados para el siglo XXI. Resultado, el equilibrio entre lo melodramático y lo humorístico que siempre ha definido el tebeo original queda descompensado esta vez en favor de un tono mucho más oscuro. No es el Batman de Christopher Nolan, pero casi, porque la influencia del director de Inception se percibe en este nuevo Spider-Man, algo que no negó Marc Webb durante su reciente visita a España. Su película no prescinde del humor totalmente, pero sí que lo reduce a la mínima expresión, siendo posiblemente la mayor de las diferencias que encontramos en la nueva película con el cómic que la inspira.

Emma Stone y Andrew Garfield en The amazing Spider-Man

Emma Stone y Andrew Garfield en The amazing Spider-Man

Los puristas, probablemente, se preocupen todavía más por los cambios argumentales que incluye el nuevo origen, como que los padres de Peter Parker, agentes secretos del gobierno de Estados Unidos en las páginas originales, sean aquí reputados científicos y compañeros del que será el villano de la cinta, Curt Connors, más tarde conocido como el hombre lagarto. Ahí radica una de los aciertos del guión (en cuyo desarrollo ha colaborado Alvin Sargent, uno de los artífices del Spidey de Raimi). Como ya ocurrió en el primer Batman de Chris Nolan, los productores ha recurrido a un villano no utilizado en versiones cinematográficas anteriores. Por supuesto, todo apunta a que la inevitable secuela nos devolverá al Duende Verde, pero los guionistas han querido y sabido encajar para esta primera entrega un papel importante del doctor Connors en el origen del propio Spider-Man, sin traicionar notablemente por ello su génesis original, al menos en opinión del que esto suscribe.

Porque eso es lo que básicamente es The Amazing Spider-Man: una película de origen. Y al igual que la versión de Sam Raimi, su estructura sigue los pasos de la memorable Superman de Richard Donner. Eso sí, tomándose tal vez demasiado tiempo para hacerlo (unos 136 minutos). Webb afirma que lo que buscaba era aportar solidez al personaje deteniéndose en sus raíces. Tampoco ha desaprovechado, como él mismo ha confesado, la oportunidad de narrar un primer amor, algo que le ha permitido, a la vez, esbozar el retrato de dos adolescentes inseguros y enfrentados repentinamente a los reveses de la vida, Peter Parker y Gwen Stacy, así como las motivaciones y dilemas morales de su némesis, encarnado por Rhys Ifans, que no duda en afirmar que estamos explorando aquí la parte más real y humana de los personajes. Lástima que en el proceso hayan quedado algo más desdibujados otros como Ben y May, los entrañables y abnegados tíos del protagonista.

The amazing Spider-man

The amazing Spider-man

La maquinaria de Hollywood, por supuesto, a sabiendas que la maniobra del reboot es de las que levantan ampollas, al menos de primeras, nos vende la película como lo que nunca se había contado sobre el origen de Spider-Man. Una estrategia cuyo fin último es minimizar la acción y ampliar el drama de personajes, evitando así una elefantiasis del presupuesto. Y aunque haya nuevos detalles en la ecuación, el guión deja suficientes zonas oscuras en ese origen para alimentar los guiones de futuras entregas (a ese respecto, atención a la escena que hay escondida, al estilo de Los Vengadores, en mitad de los títulos de crédito finales). El director, ejerciendo de malabarista durante la promoción del film, asegura que la estereoscopía no está ahí para vender la película o aumentar el nivel de espectáculo de las escenas de acción, sino también para aportar intimidad y naturalismo a ese romance entre Gwen Stacy y Peter Parker. Nosotros, la verdad, tampoco notamos gran cosa viéndola en 3D.

Así que ya tenemos listo otro superhéroe propenso al llanto y a la autoflagelación. No lo negaremos, éste es un plato muy del gusto de buena parte de la audiencia. Chavales que detestan que se asocie la idea de producto familiar o infantil a la de personajes como Batman, por lo que aplauden a rabiar cuando estos son tratados como si se moviesen en el mismo universo que el de la familia Corleone o el de los protagonistas de Persona, de Bergman. Más de un padre se sorprenderá al descubrir que no estamos ante una película para niños (que tendrán que esperar más de una hora para ver a Spidey luciendo su uniforme), más bien exclusivamente para adolescentes y adultos con ganas de volver a sentirse en el instituto. Ya sabemos que no hay nadie que exteriorice más su sufrimiento que los adolescentes de hoy en día. Y ellos están encantados de que se los recuerden con películas de éxito como Tengo ganas de ti o The Amazing Spider-Man.Andrew Garfield en The amazing Spider-Man

Pero que no cunda el pánico. Más allá de su evidente y forzada estrategia comercial, hay buen hacer detrás de este proyecto. Un reparto bien elegido en el que brilla especialmente el elenco de secundarios y su protagonista, , con una versión muy personal y carismática de Peter Parker (aparte de contar con un físico más que apropiado que nos recuerda algunas de las más iconográficas épocas del personaje, como las ilustradas por Ditko, John Romita Sr. o Romita Jr.). Quizá Emma Stone no sea la mejor elección para Gwen Stacy, pero ese es un debate más apropiado para lectores veteranos. A pesar de sus irregularidades, el guión está más trabajado que de costumbre para un producto de estas características. Y sus escasas escenas de acción explotan oportunamente las posibilidades de la estereoscopía, aunque a veces caigan en el émulo de algún conocido videojuego.

Por otro lado, tomarse las cosas con calma es una buena decisión cuando es tan obvia la construcción de una franquicia inspirada en un personaje con 50 años de historias publicadas a sus espaldas. Y, si son listos los chicos de Columbia Pictures y se ponen de acuerdo con Disney y Marvel Studios (los productores afirman que, de momento, hay interés al respecto), deberían encontrarle un hueco a Spidey en alguna secuela de Los Vengadores. Seguro que alguno bueno se le pega.

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Category: Críticas, Destacados

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