‘Tan fuerte, tan cerca': La complicada aritmética de la emoción

| 15 marzo, 2012 | 1 Comentario

Tan fuerte, tan cerca

Tan fuerte, tan cerca

Stephen Daldry es un tipo con arrestos. Desde que El Lector, su anterior filme, se coló por sorpresa entre los nominados al Oscar a Mejor Película y Director en 2009, desplazando a Christopher Nolan y El Caballero Oscuro, muchos le tenían ganas al cineasta. Y lejos de amilanarse, va el inglés y elige como siguiente proyecto una historia protagoniza por un niño que trata de superar el trauma de la muerte de su padre en el ataque del 11-S a las Torres Gemelas de Nueva York, con Sandra Bullock y Tom Hanks en su reparto. No podía ponérselo más fácil a los que piensan que el director de Las Horas y Billy Elliot sólo hace películas para ganar estatuillas.

Además, para tocar más lo bemoles, Daldry adapta una celebrada novela de Jonathan Safran Foer, autor de Todo está iluminado, uno de esos libros que cuentan con una legión de fans dispuestos a sacar las garras frente a la más mínima infidelidad al original.

No me he leído la obra en la que se basa Tan Fuerte, tan cerca, así que no soy capaz de estimar el alcance de los daños; ni soy de los que consideran un crimen contra la Humanidad que el último Batman no estuviera nominado al tío Oscar. Sin embargo, por muy apreciable que me parezca la filmografía de Daldry, no me queda más remedio que reconocerle algo a sus detractores: Tan fuerte, tan cerca no funciona.

La película plantea un singular acercamiento a la conmoción que supuso para la ciudad de Nueva York el derrumbe de la Torres Gemelas el fatídico 11 de septiembre, “el peor día de todos”, como repite continuamente su joven protagonista. Las consecuencias del atentando se muestran desde el punto de vista de Oskar (Thomas Horn), un niño neoyorquino que pierde a su padre en los atentados, y que se convierte en metáfora del sentir de toda una ciudad que busca un sentido a lo ocurrido en medio del desconcierto, la paranoia y el dolor generado. Cuando Oskar encuentra por accidente una llave entre los trastos de su progenitor, el pequeño emprende una búsqueda por toda la ciudad con el fin de descubrir qué es lo que abre el objeto. Durante su aventura, Oskar cuenta con la ayuda de los personajes más variopintos de Nueva York, entre ellos un inquilino de su abuela, un anciano mudo interpretado por Max Von Sydow, candidato al Oscar a Mejor Secundario por este papel.

Tan fuerte, tan cerca

Tan fuerte, tan cerca

Viaje iniciático, melodrama, radiografía social… Daldry tiene que lidiar con demasiados géneros y tonos, sin conseguir darle una unidad a un trabajo hipertrofiado que pasa de la histeria al intimismo, del pudor al exhibicionismo sin solución de continuidad. Al igual que Oskar, uno se pasa la película buscando pistas que le ayuden a ubicarse, intentado pillarle el punto a una película que debería emocionar pero finalmente sólo abruma y desconcierta.

Resulta decepcionante que a alguien como Daldry, que demostró ser un buen malabarista de emociones en Billy Elliot, donde combinaba drama y comedia de manera natural, se le haya ido la mano en Tan lejos, tan cerca. Lo más grave no es que el cineasta busque la lágrima, sino que no lo haga bien. Nunca he estado en contra del sentimentalismo, de las catarsis, ni de los finales de nudo en la garganta, tal vez porque vengo de una generación para la que la muerte de Chanquete en Verano Azul sigue siendo un highlight de nuestra infancia. Pero hasta en el arte de hacer llorar hay que dosificar bien tus ingredientes y a Daldry se le ha estropeado esta vez el metrónomo, acumulando demasiados momentos emotivos en su alargado tramo final y anulando, por exceso, su alcance.

Pese a todo, Tan lejos, tan cerca contiene pequeños momentos de genialidad, breves destellos de magia que hacen que no perdamos la fe en el director de Las horas, como la primera escena en la que Oskar se encuentra con el personaje de Viola Davis, o cuando el pequeño escucha en el contestador automático las últimas palabras de su padre. Por eso, aunque en esta ocasión a Daldry le ha superado la compleja aritmética que lleva a la verdadera emoción, estamos dispuestos a hacer borrón y cuenta nueva.

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Category: Críticas, Destacados

Comentarios (1)

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  1. Daniela Campos dice:

    Es una buena película para reflexionar de la vida, y sobre las consecuencias que dejó el ataque del 11 de septiembre, había escuchado del trabajo de Stephen Daldry y me gustó, especialmente la gran actuación de Tom Hanks y de Sandra Bullock. Muy buen trabajo del personaje de Oskar, me gustó su interpretación.

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