Spring Breakers: De humo y bikinis

| 15 marzo, 2013 | 0 Comentarios

De espaldas, por exigencias del guión, Vanessa Hudgens, Rachel Korine, Selena Gomez y Ashley Benson.

De espaldas, por exigencias del guión, Vanessa Hudgens, Rachel Korine, Selena Gomez y Ashley Benson.

Si sus distribuidores no se hubiesen gastado tanto dinero en la campaña publicitaria, sin duda estaríamos hablando ahora de uno de los mayores fenómenos de taquilla de 2013, teniendo en cuenta la proporción de beneficios respecto a lo invertido. 5 millones de dólares de presupuesto y más de 30 cosechados en la taquilla internacional. Todo un triunfo para una película independiente cuyo mayor reclamo es tener en el cartel a cuatro esculturales jovencitas en bikini y un macarra empuñando dos pistolas.

En ese sentido, Spring Breakers cumple. Ellas casi nunca aparecen vestidas. Y si lo hacen llevan unos shorts tan minúsculos como sus trajes de baño. James Franco parece un mal encarado traficante de drogas y armas y la dosis de disparos, sangre y tacos es lo suficientemente generosa… Pero aparte de eso, aquí no hay nada más que rascar. Su director, Harmony Korine, harto quizá de hacer películas feístas y sin éxito sobre gente fea e inadaptada, ha optado esta vez por dejar de vender humo sólo en festivales y sacar un dinerillo, dándose además el gusto de filmar gente guapa. Pues misión cumplida.

En bikini hasta el día del juicio.

En bikini hasta el día del juicio.

¿Pero qué cuenta Spring Breakers? La historia de unas descerebradas que, para pagarse unas vacaciones, cometen un atraco sin pensar en las consecuencias. Sus fantasías acaba dándose de bruces con la terrible realidad. Todo contado desde una pretendida sensibilidad y comprensión hacia ese mundo adolescente de sexo a flor de piel, borracheras descontroladas y diversión a todo costa. El resultado quizá le haya sacado los colores al propio Korine, que ahora define su película como una gran broma. El problema es que no tiene puñetera gracia. No es una comedia, como se dice por ahí, ni un drama ni mucho menos una de acción. Pero todo exuda una innecesaria y ridícula seriedad, una pretendida poesía, efecto secundario, sin duda, de esa búsqueda del sello indie, término que hoy en día parece más próximo al de impostura que al de cine alternativo. Y ni siquiera el forzado voyeurismo de la cámara, flotando intermitentemente hacia el escote o la entrepierna, literalmente, de sus atractivas protagonistas, ayuda a que el despropósito sea más digerible o, como mínimo, entretenido.

El responsable, Harmony Korine, junto a su esposa Rachel Korine, una de las protagonistas del film.

El responsable, Harmony Korine, junto a su esposa Rachel Korine, una de las protagonistas del film.

La tomadura de pelo se percibe ya desde los primeros minutos, cuando estas chavalinas de metro y medio, ataviadas con bikinis, pasamontañas, martillos y pistolas de juguete perpetran su atraco agrediendo a sus, al parecer, muy asustadas víctimas con palabras malsonantes. Una secuencia que en manos de alguien consecuente podría haber sido genuinamente cómica, pero que orquestada por un moderno con ínfulas sólo despierta vergüenza ajena. Lo peor es que el tono de la narración no cambia ni siquiera cuando las chicas descubren que sus idealizadas aventuras criminales han degenerado hasta el punto de convertirse en secuaces de un mafioso de tomo y lomo. Todo se nos sigue presentando como una especie de ensoñación adolescente, con su poquito de crudeza y decepción, pero todo bien bonito y muy cool.

Un auténtico himno a la superficialidad y el aburrimiento capaz de poner de los nervios a cualquier espectador en busca de hora y media de entretenimiento por 10 euros. Este atraco sí que ha funcionado a escala mundial.

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Category: Críticas

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