‘Somos los Miller': La familia bien, gracias

| 8 noviembre, 2013 | 1 Comentario

No na hay nada como humillarse para pasar la frontera sin problemas.

No na hay nada como humillarse para pasar la frontera sin problemas.

Una de las primeras escenas de Somos los Miller activa todas las alarmas. El protagonista, treinta y muchos, camello de poca monta que trafica con marihuana, se encuentra con un viejo compañero del colegio. Este último, aparte de acusar los excesos de una vida sedentaria, le pregunta al primero si se ha casado y éste le confiesa que sigue soltero y sin compromiso, despertando la envidia del otro: ‘No te han cazado, no tienes hijos…’ Todos conocemos ya la psicología inversa de este tipo de comedias. Muchacho: pronto sabrás lo que es la familia y descubrirás que no hay nada mejor.

A partir de ese momento, esa es la lucha interna que libra esta comedia de vocación políticamente incorrecta que, oh, sorpresa, mantiene el tipo hasta el final a pesar de su tendencia al caca, culo, pedo, pis de la comedia norteamericana de nuestros días. Es decir, que aunque bastante chusca, es lo suficientemente atrevida y ocurrente para conservar nuestro interés, y no se torna babosa en su último tercio, algo a lo que yo nos tiene acostumbrados gente tan indeseable como Judd Apatow o Paul Feig (¿o hace falta rememorar fiascos como Virgen a los 40 o La boda de mi mejor amiga?)

Swingers principiantes.

Swingers principiantes.

Somos los Miller está más en la onda de títulos como Resacón en Las Vegas (ojo, la primera y genuina, no sus horripilantes secuelas). Tiene su inequívoca pátina de moralina, pero no da gato por liebre. Nace gamberra y muere gamberra. Efectivamente, sus protagonistas son una panda de inadaptados que se junta por dinero para hacer creíble la tapadera prevista por el solitario traficante, que debe saldar una deuda con su jefe yendo a México a recoger un cargamento de marihuana. Y como debe hacerlo por carretera, ¿qué mejor disfraz que viajar en una autocaravana acompañado por su esposa y dos hijos adolescentes? Sólo que ninguno de ellos guarda parentesco: ella es una stripper desahuciada a la que acaba de dejar su novio, el chaval un pobre desgraciado abandonado por su madre y la jovencita alguien que ha escapado de su casa por buenos motivos, aunque eso la haya obligado a malvivir en la calle. Juntos, por supuesto, encontrarán el necesario apoyo mutuo mientras encaran todo tipo de incidentes derivados de semejante farsa, por no hablar de los peligros que surgirán por el camino, que actuar como camellos no será precisamente un camino de rosas.

El guión lo firman cuatro personas, pero el material original se debe a Bob Fisher y Steve Faber, autores de un éxito de la comedia gamberra como fue De boda en boda. Está claro que su nuevo trabajo ha sido revisado para subir la moralina y reducir la mala baba, porque en el fondo el film crítica los más rancios convencionalismos de la familia norteamericana tradicional. Con todo, la cosa no les ha quedado tan mal como podría esperarse echando un vistazo al cartel de la película o a sus avances cinematográficos, que ponen el acento en los elementos más picantes derivados de contar con la estrella de Friends en el papel de una stripper. En ese sentido diré que la chica está rara. Cierto, Jennifer Aniston se ha cultivado el cuerpo en el gimnasio para estar espléndida, pero esa cara… se masca la tragedia del botox, la cirugía plástica o lo que ustedes prefieran, porque a veces parece una figura de cera.

Jennifer Aniston, luciendo palmito.

Jennifer Aniston, luciendo palmito.

Menos mal que la cosa no se reduce a ella, porque nunca ha sido una actriz destacable y porque ni es la protagonista, aunque aparezca la primera en los títulos de crédito, ni tiene las secuencias más divertidas del film, que descansan en Jason Sudeikis, Will Poulter y secundarios como Ed Helms, o esa pareja que intenta hacerse amiga de los Miller en carretera, interpretada por Kathryn Hahn y Nick Offerman.

Y es que son los detalles, esos buenos gags repartidos por ahí, los que salvan un conjunto cinematográficamente mediocre, porque a fin de cuentas Somos los Miller es una comedieta más, sin mayores pretensiones, cierto (bueno, quizá obtener su propia secuela, a juzgar por el final), pero una que sólo destaca levemente entre la morralla que últimamente suele ofrecer Hollywood dentro del género.

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Category: Críticas, Destacados

Comentarios (1)

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  1. Carla dice:

    Estoy de acuerdo contigo. La película es entretenida y tiene algunos puntos divertidos. Tampoco vamos a pedirle mucho más a una comedia con Jennifer Aniston, a pesar de que salga moviendo el trasero.

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