“Sabotage”: Arnie regresa a los 80

| 11 julio, 2014 | 0 Comentarios

Arnold Schwarzenegger y Olivia Williams, protagonistas de Sabotage.

Arnold Schwarzenegger y Olivia Williams, protagonistas de Sabotage.

¿Os acordáis cuando Chuache era Terminator? Y no me refiero al babas simpaticón que sólo disparaba a las piernas en Terminator 2: El juicio final, sino a la máquina de matar de la peli original de James Cameron de 1984, cuando el tipo empezaba a despuntar en esto del cine tras hacer pequeños papeles, como el de matón en cintas como Un largo adiós. Todo vuelve, y aquí tenemos a Arnie, una vez más, eligiendo personajes interesantes, como hacía en los viejos tiempos. Ya es un abuelo, ya tocó techo y ya no le hace falta mantener ese estatus de actor para todos los públicos de los tiempos de superestrella durante la década de los 90. La ambigüedad regresa a su filmografía, y lo hace sin tapujos en esta sorprendente aunque irregular Sabotage.

No es el viejo brasas que recita una y otra vez la cantinela de volveré en las abominaciones de la serie Expendables (o Los Mercenarios, como insisten en llamarlos nuestros “ínclitos” distribuidores), ni el sheriff de manual de la entretenida pero vulgar El último desafío. No, esta vez hay personaje. Uno con sus virtudes y defectos. Y con unas zonas oscuras que producen escalofríos. Un amargado agente de la DEA de pasado turbulento que ahora está bajo sospecha tras la desaparición del botín de unos narcos, y cuyo equipo comienza a sufrir bajas unos meses después de haber dado el golpe bajo cuerda con el que el equipo de élite pretendía sacar un dinerillo extra. Un grupo en el que no hay trigo limpio: Violentos, alcohólicos (los más sanos) y con tendencia a mentir, a pesar de que todos sean compañeros de juerga, amigos del alma de esos que confían su vida a sus compañeros cuando llega el momento de jugársela en una de sus misiones de asalto.

David Ayer, abajo, entre Josh Holloway y Max Martini, posa junto a su particular equipo de élite .

David Ayer, abajo, entre Josh Holloway y Max Martini, posa junto a su particular equipo de élite .

Es en estas zonas ambiguas, en el retrato de la corrupción policial y unos personajes excesivos donde reside el poder de seducción de este thriller brutal, de una violencia que sacude el estómago. Es decir, de vocación realista. Afán algo forzado, teniendo en cuenta que la cinta paga su peaje al puro cine de género en más de una ocasión. Pero la intención de su director es que el espectador se sienta incómodo desde el principio, y afortunadamente David Ayer logra que uno espere cualquier cosa una vez las cartas se van poniendo sobre la mesa. No en vano, Ayer fue el guionista de la sorprendente Día de entrenamiento, y ha escrito y dirigido dirigido las notables y desasosegantes Vidas al límite y Sin tregua (menos euforia me produce la decepcionante, aunque con momentos, Dueños de la calle). Su obra se caracteriza por los personajes atormentados, por la violencia arrolladora, por la corrupción y la doble moral, y Sabotage no es una excepción. Es cine cafre desde el minuto uno.

Y el reparto acompaña, porque gorilas inexpresivos como Joe Manganiello (True Blood) o Sam Worthington (Avatar) nunca han estado más convincentes, aunque aparte de un Schwarzenegger sobrio, efectivo y con un par de momentos memorables que es mejor no destripar, la reina de la función es Mireille Enos, esa actriz todoterreno que parecía una mosquita muerta en la soporífera The Killing para luego convertirse en la atractiva señora de Josh Brolin en la divertida Brigada de élite. Aquí la Enos está gigantesca. Da muy mal rollo en su papel de agente de la DEA politoxicómana. Viciosa y autodestructiva, letal y explosiva. Y no me olvido de otra gran dama de la televisión (Dollhouse) y el cine (Academia Rushmore) como es Olivia Williams, a la que los años siguen sentando de maravilla, y que aquí se nos antoja como un remanso de paz y cordura entre tanto mal bicho desbocado.

Mireille Enos, la auténtica estrella de Sabotage.

Mireille Enos, la auténtica estrella de Sabotage.

El diablo está en los detalles, dicen por ahí, y Sabotage, al amenos a este humilde escribiente, le ha conquistado de esa manera. En conjunto, tiene algunos agujeros de guión poco menos que insalvables y su tendencia a la sordidez la acerca a lo grotesco en más de una ocasión, pero es una película con personalidad, valiente, divertida a pesar de su mala leche y con alergia a la mojigatería que vivimos hoy en día. Y eso hay que aplaudirlo y valorarlo en su justa medida. A buena parte de la audiencia norteamericana se le ha atragantado, pero Europa es otro cantar. Yo, desde luego, la recomiendo sin dudarlo. Y si os hacéis con el blu-ray que acaba de salir en Estados Unidos descubriréis sus sorprendentes finales alternativos entre el material extra. Yo no tengo nada en contra del epílogo con el que cuenta actualmente el film, pero desde luego la intención inicial de sus creadores era todavía más oscura y descarnada que la que ha llegado a la cartelera.

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Category: Críticas, Galerías

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