El quinto poder: Un guión anodino para una historia de película

| 21 octubre, 2013 | 0 Comentarios

Benedict Cumberbacth se come la pantalla como Julian Assange en El quinto poder

Benedict Cumberbacth se come la pantalla como Julian Assange en El quinto poder

La figura de Julian Assange está envuelta en un manto enigmático que despierta odios y simpatías a partes iguales. Para muchos, es considerado como un ardiente valedor de la verdad de este incipiente siglo XXI; en cambio, otros lo han llegado a tildar de terrorista, equiparándolo con Osama Bin Laden. A pesar de que estos últimos atributos provengan de los gobiernos cuyos trapos sucios ondearon al viento gracias a las filtraciones de Wikileaks, el nombre del ex hacker australiano se ha cubierto de elogios e insultos, hasta el punto de que tanta dicotomía lo ha convertido en un personaje totalmente extravagante. Por eso mismo, una personalidad de semejante calado requería de un biopic made in Hollywood, género excesivamente manido durante los últimos años. Y alguien como Bill Condon –que ya se había adentrado en el terreno de la recreación de celebridades en la aclamada Dioses y monstruos (1998) y en Kinsey (2004)- se ha encargado de la dirección de tan esperado proyecto.

Daniel Brühl y Benedict Cumberbacth son Daniel Berg y Julian Assage en la película

Daniel Brühl y Benedict Cumberbacth son Daniel Berg y Julian Assage en la película

Desde hace algo más de un año, Assange permanece recluido en la Embajada de Ecuador en Londres, pero su aislamiento no le impidió escribirle una carta a Benedict Cumberbacth, actor que le da vida en la ficción, para advertirle de que el film en el que iba a participar el actor iba a ser una “mala película”. El informático presagiaba una historia en la que la verdad, precisamente el valor que él mismo tanto ha perseguido, se vería tergiversada y manipulada. Desconocemos la distancia que separa la realidad de la ficción en este relato, pero sabemos que la obra se basa en un libro publicado por alguien que acompañó a Assange durante el nacimiento de Wikileaks, y que salió de la corporación por la puerta de atrás, despechado y enemistado con su fundador. Dejando a un lado todo lo que atañe a lo real y ficticio, El quinto poder acaba siendo una película desdibujada, donde las dosis de información se presentan de manera caótica y con un ritmo que no ayuda a su entendimiento. El trabajo de Benedict Cumberbacth y Daniel Brühl brilla en medio de una producción gris, dejando mucho que desear después de las altas expectativas que se habían generado. Uno sale de la sala de cine frío, indiferente, con una historia que no llega al espectador a pesar de sus pretensiones. No sabemos si Assange llevaba razón en cuanto a la veracidad de la cinta, pero debemos estar de acuerdo con él cuando se refería a la película como “mala”.

Laura Linney y Stanley Tucci, dos actores desaprovechados en El quinto poder

Laura Linney y Stanley Tucci, dos actores desaprovechados en El quinto poder

Wikileaks difundió más de 90.000 documentos secretos de EEUU con el objetivo de desprestigiar a diplomáticos y altos cargos de la potencia más poderosa del mundo. Ese argumento es de por sí lo suficientemente potente para suscitar el interés de un público que, durante los últimos años, ha seguido de cerca los escándalos que ha provocado la plataforma. Pero parece ser que tanto el director como el encargado de firmar el libreto adaptado, John Singer, no han sabido aprovechar una trama tan suculenta como la que ofrece El quinto poder. Se les escapa de las manos un guión empecinado en enseñarnos como los protagonistas dan la vuelta al mundo en tiempo récord para escapar de los gobiernos que los espían, víctimas del descrédito provocado por las travesuras cibernéticas de Assange. Llega un punto en el que uno no sabe si se encuentra en EEUU, Islandia o Londres. Los viajes espaciales son tan frecuentes que descolocan, desordenan la trama cuando uno empieza a sumergirse en ella. Por no hablar del recurso que utiliza Condon para expresar los sentimientos que experimentan ambos personajes, donde nos traslada a un espacio imaginario que representa una Wikileaks repleta de mesas desocupadas con ordenadores inutilizados, para entender que la empresa tan solo la forman un puñado de geeks capaces de sacudir los cimientos del mundo. Se nos presenta un sitio vacío, tal y como lo llega a ser la trascendencia de la película, que entre tanto viaje espacial e ilusorio se pierde en sí misma.

Las tramas secundarias son tan accesorias como innecesarias. Es una pena desperdiciar a dos actores de la talla de Laura Linney y Stanley Tucci, cuyos personajes no aportan nada aparte de la falta de credibilidad de las tramas en las que se ven inmersos. En especial la del personaje que da vida Linney, representante de la política exterior de EEUU, que trata de mostrarnos una antigua relación entre la diplomática y un infiltrado del gobierno que corre peligro en su país a raíz de los documentos destapados por Wikileaks. Esa subtrama pone de manifiesto la falta de profundidad de unos personajes poco trabajados. No se duda del talento de los actores, pero sí el ensamblaje del guión.

Imagen de El quinto poder

Imagen de El quinto poder

Tal vez la parte más entretenida es la del primer acto de la película, cuando Assange y Daniel Berg se conocen. Cumberbatch, metido de lleno en la piel de un personaje que le viene como anillo al dedo, hace uso de su inagotable registro interpretativo para recrear a un tipo no dado a conceder entrevistas ni a dejarse ver en público. Aún así, Cumberbatch está en estado de gracia. Es una de las estrellas del momento y lo mejor del largometraje, sin duda, es su actuación. No es de extrañar que a Assange no le gustase la película cuando nos referimos a alguien que es exhibido como un manipulador y un antisocial, un genio que se partiría la cara para dar a conocer la verdad y, al mismo tiempo, para satisfacer su ego a base de mostrar su clarividencia al mundo. Cumberbatch llena la pantalla, con esa voz de profundidades recónditas y físico estrambótico, parece que el personaje ha sido escrito para él. Y si de pareja tienes a alguien tan cumplidor como Daniel Brühl, que interpreta al vengativo Daniel Berg (autor del libro en el que se centra el proyecto), tenemos un baile de actores de lo más apetitoso. Cierto es que el personaje de Brühl no tiene tantas capas como el de Julian Assange, pero el catalano-alemán está más que correcto, un poco a la sombra del inglés. La relación existente entre ambos protagonistas es lo más atractivo del film. Su primer acercamiento, sus desavenencias de principios, sus reconciliaciones, sus diferencias de criterio… Una tira y afloja constante que acaba por diluirse en el argumento irregular de la película.

Es una lástima que la historia no esté a la altura de sus protagonistas.

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Category: Críticas, Destacados

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