‘Profesor Lazhar': una clase magistral

| 18 mayo, 2012 | 1 Comentario

Mohamed Fellag en el Profesor Lazhar

La impactante escena inicial, que hiela la sangre por la sencillez con la que está planteada, lo deja claro: esto no es una estúpida película americana sobre profes enrollados y alumnos pandilleros. Aunque Montreal, lugar donde se desarrolla la acción del filme, se encuentra geográficamente más cerca de Estados Unidos que de Europa, Profesor Lazhar se emparenta, tanto en el fondo como en la forma, con una manera de hacer cine de la que nuestros vecinos franceses son maestros. Es inevitable pensar en títulos como La clase, Hoy empieza todo o La piel dura de François Truffaut mientras se ve este filme dirigido por el canadiense Philippe Falardeau. A estas películas les une una mirada reflexiva sobre el papel de la educación y las contradicciones y los desafíos que viven tanto alumnos como docentes dentro de las instituciones educativas y, sobre todo, su mirada siempre respetuosa, sincera y comprometida con la infancia.

Profesor Lazhar, que fue candidata al Oscar a Mejor Película en habla no inglesa en la última edición de estos premios, narra la historia de Bachir, un inmigrante argelino que entra a trabajar en un colegio de Montreal como sustituto de una profesora que se suicidó en el mismo aula donde impartía clase. Bachir, con unos métodos pedagógicos de vieja escuela, tiene dificultades para adaptarse a los criterios educativos de la dirección del centro, sobre todo en lo que respecta a cómo tratar con los alumnos después de la trágica muerte de su ex tutora.

La presencia de este personaje, interpretado por un genial Mohamed Fellag, además de introducir en la trama algunos apuntes sobre la situación de los refugiados políticos, sirve como catalizador que saca a relucir las paradojas de un sistema educativo enfermo e incapaz de preparar a los alumnos para hacer frente a los verdaderos desafíos del mundo real. Bachir, que procede de un país donde los tabúes son la norma y donde pasar ciertas fronteras se paga con la vida, se da de bruces con una directiva que prohíbe cualquier contacto físico con sus alumnos. Bachir choca con un código interno que silencia toda referencia al suicidio de una de sus profesoras, cuando estos críos lo que más necesitan es un abrazo, una bofetada que les abra los ojos o una explicación que les haga entender que la muerte forma parte indisoluble de la existencia.

Profesor Lazhar plantea preguntas complejas, cuestiona un estado de las cosas en el que todo lo que recuerda al pasado se toma por reaccionario, abriendo un debate interesantísimo. Pero la principal virtud de su director es la de exponer su discurso de manera diáfana, simple, como en una master class de primera, sin caer en una excesiva complacencia ni en un postizo pesimismo. “No queremos que eduque a nuestro hijo, sino que le enseñe”, le dicen los padres de una alumna al profesor Lazhar en un momento de la película. Aquí se resume la cuestión fundamental que recorre el filme. ¿Cuál debe ser el verdadero papel de la escuela? Si los ministros de Educación tuvieran en mente trabajos como éste, tal vez otro gallo nos cantaría. En plena política de recortes, en una época en la que la educación parece ser considerada por los gobiernos como un bien de segunda categoría, Profesor Lazhar nos hace preguntarnos: ¿y si en el colegio, más que enseñarnos los conocimientos necesarios para ser un numero uno, nos hubieran mostrado el modo de, si no ser felices, al menos de aprender a no sentirse terriblemente desgraciados?

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Category: Críticas, Destacados

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