‘Philomena': Stephen Frears y el pecado del melodrama

| 23 febrero, 2014 | 0 Comentarios

Judi Dench opta al Oscar por su papel en 'Philomena'

Judi Dench opta al Oscar por su papel en ‘Philomena’

En estos tiempos en los que la búsqueda de la lágrima fácil y de la catarsis mal entendida se explota de la peor manera en gran parte de la programación televisiva, lo emotivo parece haber sido desvirtuado y desprovisto de cualquier legitimación artística o intelectual. Un primer plano de Terelu Campos con los ojos llorosos mientras confiesa su terrible enfermedad en Sálvame, o las diferentes historias de espacios como Hay una cosa que te quiero decir son ejemplos de esta nueva gramática del melodrama que lleva al extremo recursos que en su momento dieron lugar a grandes títulos de la Historia del cine. Con este panorama de pornografía emocional, casi podría entenderse la actualmente habitual alergia de los críticos a un género del que nombres como Douglas Sirk o Pedro Almodóvar han sacado lo mejor, mientras que otros como el cine negro nunca pierden estima.

Por eso, atreverse a tratar una historia que es carne de tabloide como la de Philomena sin ironías, sin cínica distancia, sin lecturas posmodernas y con voyeurísticos primeros planos resulta casi una provocación a la prensa especializada más festivalera. Sin embargo, en su último trabajo, Stephen Frears demuestra que no hay géneros menores o mayores, sino tratamientos más o menos acertados. A partir de un guión de Steve Coogan, quien también protagoniza y produce el filme, y Jeff Pope, el director irlandés relata el caso real de Philomena Lee, una jubilada (Judi Dench) que en el 50 aniversario del nacimiento de su hijo, un bebé del que la separaron tras dar a luz siendo adolescente para vendérselo a una familia americana, decide ir a buscarlo. Basado en el libro The Lost Child of Philomena Lee de Martin Sixsmith, ex reportero de la BBC y asesor del gabinete de Tony Blair, el filme se centra en su relación con esta enfermera retirada a la que ayuda a encontrar a su niño robado, en un viaje que les lleva primero a un convento en Irlanda y luego a Washington. La aparente ignorancia y candidez de una Philomena que no conoce el rencor y que no ha perdido su fe en Dios a pesar de una institución eclesiástica que le ha hecho tanto daño, contrasta con el carácter agnóstico y resentido de este periodista acostumbrado a cubrir temas periodísticos más políticos que humanos.

Judi Dench y Steev Coogan forman una extraña pareja en 'Philomena'

Judi Dench y Steev Coogan forman una extraña pareja en ‘Philomena’

Aunque esta relación puntualmente cómica vertebra gran parte de una película con leves toques de crítica social, es el drama personal de Philomena el que da cuerpo a un trabajo que reivindica el melodrama con un acercamiento equilibrado, honesto y, como no podía ser menos, finalmente emocionante. Sí, hay golpes de efecto,  planos cerrados sobre rostros llorosos y ganas de que se te encoja el corazón, pero todo está orquestado de tal manera que uno no se siente manipulado. Se nota que tanto el director como el guionista respetan profundamente a su protagonista, y ponen todo su empeño en destacar su dignidad, en hacer entender su actitud vital más allá de los prejuicios, una tarea facilitada por la presencia de una insuperable Judi Dench.

Sería injusto reducir la labor de Stephen Frears tras las cámaras a la de un artesano, cuando lo que hace es justamente lo contrario. Su opción de mostrar las cosas de forma sencilla, cristalina y sin alardes narrativos es una manera de fundirse completamente con la propia Philomena, un personaje sin dobleces, capaz de narrar con ingenua pasión y gran capacidad de concisión las novelas folletinescas que lee asiduamente, y cuya aparente simpleza no es más que falta de cinismo. Por esta, y otras razones, Stephen Frears queda absuelto del ‘pecado’ del melodrama.

 

Philomena se estrena el 28 de febrero y opta a cuatro premios Oscar, incluidos  mejor película, actriz principal y guión adaptado.

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Category: Críticas, Destacados

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