Pacific Rim: Freak Fest

| 2 agosto, 2013 | 0 Comentarios

¿A quién le importan los actores? Con ustedes Gipsy Danger, el verdadero protagonista de Pacific Rim

¿A quién le importan los actores? Con ustedes Gipsy Danger, el verdadero protagonista de Pacific Rim

Guillermo del Toro es de esos cineastas que saben venderse como nadie. Tanto que, a veces, echando un ojo a su filmografía, cuesta creer que este señor pueda estar tan valorado entre la crítica y, sobre todo, el fandom, con tan pocas películas verdaderamente redondas en su haber. Con esto no quiero postularme como detractor. No. De hecho, soy un gran admirador de Cronos, El espinazo del diablo y El laberinto del fauno. Ninguna de ellas, curiosamente, producida en Hollywood. Es allí donde el director mexicano está por crear todavía una obra tan especial como las antes citadas. Aunque la buena noticia es que con Pacific Rim ha estado muy cerca de lograrlo. De hecho, a pesar de sus defectos, es un magnífico entretenimiento y le da sopa con ondas a trabajos anteriores por tierras norteamericanas, como Mimic, Blade 2 y las dos entregas de Hellboy. Y en cuanto a esas comparaciones que algunos haters han hecho con Battleship o Transformers. Ni por asomo. Esta película juega en una liga bien distinta. Una que merece la pena.

Nada más verla, uno se pregunta porqué no ha funcionado bien en la taquilla norteamericana, aunque no cuesta encontrar razones para explicarlo. Pacific Rim es terreno acotado para frikis. Su principal influencia es nipona, específicamente el anime y el kaiju-eiga, el cine de monstruos japonés del que salieron bichos como Godzilla, Gamera o Mothra. Eso limita bastante su capacidad para conectar con la mayor parte de la audiencia. De hecho, su guión parece sacado de uno de esos buenos animes de ciencia ficción, repleto de ideas estimulantes y atrevidos conceptos. Ahí tenemos uno de sus mayores aciertos, en todas esas alusiones a realidades paralelas o al tráfico ilegal de restos orgánicos de monstruos, heces y parásitos incluidos. Conceptos algunos de ellos maravillosamente explotados, aunque otros, como el de la Deriva, que implica la fusión de dos mentes humanas para poder pilotar los robots gigantes que mantienen a raya a los monstruos, no terminan de estar lo suficientemente aprovechados a pesar de su originalidad.

La batalla de Hong Kong: el momento álgido de la película.

La batalla de Hong Kong: el momento álgido de la película.

Por supuesto, el plato fuerte de la cinta está en los enfrentamientos entre estos supermechas y esas abominaciones de otra dimensión. Sencillamente deslumbrantes. De una escala épica abrumadora, maravillosamente filmadas y exquisitamente concebidas. Y no sólo logradas gracias a unos alucinantes efectos visuales, obra en su mayoría de Industrial Light and Magic, sino también de una sabia puesta en escena de Guillermo del Toro, alérgico a planos imposibles sacados de un videojuego (véase El Señor de los Anillos), y a un extraordinario trabajo de diseño en el que, por cierto, hay parte española. Raúl Monge y Carlos Salgado, dos artistas de la productora User T38, sita en Madrid, viajaron hasta Canadá durante unos seis meses para colaborar en la previsualización y en la concepción de gran parte de las criaturas y artilugios que aparecen en la película. Un trabajo para sentirse orgulloso.

En cuanto a la premisa, muchos temían estar ante un plagio de la legendaria Evangelion, y aunque el argumento tiene bastante zonas comunes, el tratamiento de la historia y los personajes es bien diferente. Y en ese parentesco radica buena parte del escaso atractivo que ha supuesto para la mayoría. La ausencia de estrellas, el tono fantástico sin concesiones del planteamiento y una campaña publicitaria con el acento puesto en los robots y en los monstruos, en lugar del reparto, quizá hayan desorientado o espantado a esos espectadores potenciales. Ellos se lo pierden, porque Pacific Rim es puro cine palomitero de verano. Un superespectáculo para devorar en una pantalla gigante estilo IMAX.

Charlie Hunnam y Rinko Kikuchi, los héroes de Pacific Rim.

Charlie Hunnam y Rinko Kikuchi, los héroes de Pacific Rim.

Eso sí, el film sufre de algún que otro altibajo de ritmo. Su largo prólogo atrapa eficazmente nuestra atención presentándonos la brecha interdimensional por la que han penetrado en nuestra realidad estas criaturas gigantescas que pretenden conquistar nuestro mundo si los Jaegers, gigantes robots pilotados por humanos, no logran impedirlo antes. Luego la cosa se detiene un buen rato para presentar personajes, establecer relaciones, explicar el funcionamiento de los mechas y plantear la situación insostenible que nos precipite irremediablemente a la batalla final. Un primer acto repleto de clichés que se deja ver con agrado pero que desinfla un poco las expectativas. Sin embargo, es durante el segundo cuando la película toca techo, concretamente en el ataque de Hong Kong, una larga secuencia digna de aplauso planteada en tres escenarios diferentes. Emocionante, sorprendente, de una espectacularidad desbordante… que desemboca en un último acto que aun siendo eficaz, nunca logra estar a la altura del anterior. El subidón se diluye  en una traca final que deja un tanto frío (eso sí, una secuencia sorpresa nos espera tras la primera remesa de títulos de crédito para dejarnos con la sonrisa en la boca).

Pacific Rim es en todo momento consciente de lo que es. No es una película de personajes. No es ciencia ficción profunda. Es un entretenimiento ligero y deliberadamente exagerado, desde los diálogos hasta el diseño de vestuario y la ambientación, pasando por su colorista dirección de fotografía. El lenguaje que utiliza Del Toro es el de los cómics de superhéroes y la animación japonesa juvenil. Así, los actores, aunque resultan eficaces, no pueden sacar a sus personajes del puro estereotipo: el héroe atormentado (forzado, como de costumbre, Charlie Hunnam),  el rival gilipollas,  los dos científicos frikis, el militar implacable pero con corazón (imponente Idris Elba), el mafioso cool, su repulsivo secuaz (un Santiago Segura como pez en el agua)… y hasta una atractiva heroína japonesa (irresistible Rinko Kikuchi) que se convierte en una especie de hilo conductor entre el modus operandi hollywoodiense y esa sensibilidad nipona de la que tanto hablamos. Una galería de personajes que a casi todos sonará y que interactúa según los resortes habituales del género. Ahora bien, ni el guionista ni el director pretenden cambiarnos la vida. Sólo hacernos pasar un buen rato. Y, en ese sentido, Pacific Rim es un triunfo.

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Category: Críticas

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