Non-Stop (Sin escalas): Liam Neeson intenta mantener el vuelo

| 27 marzo, 2014 | 0 Comentarios

Liem Neeson se afana por salvar el vuelo de la discordia en Non-Stop (Sin escalas)

Liem Neeson se afana por salvar el vuelo de la discordia en Non-Stop (Sin escalas)

Me acomodo en la butaca siendo consciente de lo que voy a ver: una de acción, con un Liam Neeson que, durante los últimos años, se ha postulado como uno de los héroes del género. Admito que esa clase de películas nunca han sido del todo de mi agrado, especialmente cuando los argumentos hacen aguas por todos lados, cuando algunos personajes están metidos con calzador y cuando sus diálogos rezuman esa pomposidad tan fingida. Nada tengo que objetar de una cinta en la que silben balas por doquier, siempre y cuando su trama me subyugue. Si el relato me convence y me entretiene, pueden entrar en escena todas las patadas voladoras que sean necesarias y pueden estamparse cráneos enteros contra el asfalto. Pero los amasijos de sangre y hueso que sean justificados, por favor; cuando son gratuitos y porque sí, por muy de acción que sea la película, me sobran. Por eso mismo, este insumiso decide darle una oportunidad a lo último de Jaume Collet-Serra, un catalán que hace casi una década que realizó sus primeras incursiones en Hollywood, hasta convertirse en uno de los nuevos abanderados del cine de acción. Se apagan las luces. Suspiro. Comienza Non-Stop. Titulazo, por cierto.

Lo primero que cabe resaltar es el ceño fruncido que Liam Neeson luce durante toda la película. En la primera secuencia ya lo podemos contemplar con esa expresión taciturna en el rostro, y os aseguro que la llevará esculpida con martillo y cincel a lo largo de toda la historia. Inamovible. Por lo tanto, de entrada ya damos por sentado que este señor está jodido, pero jodido de verdad. Sentado al volante de su vehículo, se sirve un whisky y apura un cigarrillo, con esa cara de “me pesa la vida más que un muerto”. Es una lástima que el actor norirlandés se haya entregado a esta clase de cintas. Lo considero un actor con carisma y talento, que puede presumir de papelones como el que nos regaló con La lista de Schindler. Han pasado veintiún años, cierto, pero, ¿qué cinéfilo no lo recuerda? Su buena sintonía con Collet-Serra ya funcionó en taquilla con Sin identidad (2011), pero ese tipo de roles no le permiten lucirse del todo. Un desperdicio, teniendo en cuenta su indiscutible categoría. Con Non-Stop, seguiremos al protagonista deambulando por un aeropuerto, con el aliento oliéndole a mil demonios borrachos y embarcando en un avión. Pero cuidado, Liam tiene una pistola. Se presenta de esta manera el primer misterio de la historia, que el realizador catalán dilata durante los primeros quince minutos de metraje, jugando al equívoco. Pero tal enigma se desvela cuando nos damos cuenta de que Neeson interpreta el papel de un agente aéreo armado, encargado de velar por la seguridad de los pasajeros del avión. Uno de tantos destinados a cumplir con semejante misión, con la alargada sombra del terror de los atentados del 11-S como telón de fondo. Su nombre es Bill Marks, y desde el momento en el que ocupa su asiento, el vuelo se transformará en una pesadilla de dimensiones demasiado inverosímiles. Por lo tanto, abróchense los cinturones y preparen las bolsas de vómito. Aunque no es que avecinen turbulencias, precisamente.

La oscarizada Lupia Nyong`o ofrece una actuación discreta en la película

La oscarizada Lupia Nyong`o ofrece una actuación discreta en la película

El marshall Bill Marks, una vez despega el avión, empieza a recibir mensajes de un terrorista anónimo que amenaza con asesinar a un pasajero cada veinte minutos si no le ingresan la friolera de 150 millones de dólares en su cuenta bancaria. La suspicacia inicial del agente da paso a la más absoluta incredulidad cuando la primera víctima cae fulminada. Se inaugura de esta manera una contrarreloj sin descanso para un Liam Neeson forzado a desenmascarar al asesino. El interior del avión se convierte en un escenario del crimen que sobrevuela el Atlántico, un espacio cerrado donde jugar al Cluedo se antoja como algo sumamente surrealista. Y a pesar de las licencias que se admiten en esta tipología de films, nos hallamos ante un absurdo en el que disimular alguna risilla resulta tarea imposible. De todos modos, se percibe la comodidad con la que se mueve Collet-Serra en estos terrenos, incluso cuando se encuentra a 10000 metros de altura y en un entorno tan claustrofóbico. El ritmo responde a lo que busca el espectador, sin tiempo para recuperar el resuello. Ni siquiera con las máscaras de oxígeno puede el público darse un respiro. La enorme corpulencia de Neeson le permite descansar sobre sus hombros todo el peso de la acción, mientras el director se esfuerza en mantenernos pegados a la butaca tratando de camuflar las incongruencias de un guión insostenible. El uso de la cámara es más que correcto, pero acaba siendo un motivo insuficiente para darle el aprobado a la película si el argumento falla.

Julianne Moore en una imagen de Non-Stop (Sin escalas)

Julianne Moore en una imagen de Non-Stop (Sin escalas)

Tal vez lo atractivo del relato, y en lo que ha intentado esmerarse Collet-Serra, reside en ahondar en ese personaje solitario y atormentado que es Bill Marks. Pero ya lo hemos visto millones de veces: el perfil de un hombre que está en horas bajas, un reflejo deformado de lo que fue, con un pasado que lo persigue y que lo ha exprimido hasta dejarlo con los ojos vidriosos de tanto beber y fumar. Un hombre que querrá redimirse en esta misión para resucitar de sus cenizas cual ave Fénix, limpiando su mancillada reputación. No falta en la historia ese momento de subirse al púlpito y embutirse en una sotana para largar un discurso que intentar ser conmovedor, pero que pronunciado en una situación tan desesperante, suena más falso que el peluquín de Bruce Willis en El sexto sentido.

Todo ello aliñado con algún secundario de lujo y de relleno. Tal es el caso de Julianne Moore, esa pasajera que se sienta al lado de Marks durante todo el vuelo, prácticamente su única aliada en medio de una situación tan fuera de control. Un personaje plano, sin motivaciones, que está ahí simplemente porque Neeson necesita algún apoyo. Por no hablar de las azafatas de vuelo; puros maniquís. Personajes sin alma ni personalidad. La televisiva Michelle Dockery, conocida por su papel en la serie Downton Abbey, se dedica a permanecer con los ojos como platos y la boca entreabierta. En cuanto a la recién oscarizada Lupita Nyong’o (12 años de esclavitud), tuve que recurrir a los títulos de crédito para enterarme de su aparición en la película.

Non-Stop podrá ser un éxito de taquilla, pero ese guión tramposo, su superflua historia y un desenlace tan hilarante la acreditan como una de esas pelis con las que “entretenerte” durante un domingo de tormenta. Y de resaca.

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Category: Críticas, Destacados

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