“Noé”: Como los cangrejos

| 4 abril, 2014 | 0 Comentarios

Jennifer Connelly y Russell Crowe, pareja protagonista de Noé.

Jennifer Connelly y Russell Crowe, pareja protagonista de Noé.

Es curioso como algunos expertos, revelando su predilección por algunos autores, recurren a ciertos subterfugios a la hora de llamar a las cosas por su nombre. He llegado a leer la palabra controversia en alguna que otra reseña, muy probablemente para lidiar con la ola de reacciones negativas que, con toda razón, ha despertado entre los aficionados la nueva película de Darren Aronofsky. ¿Controvertida? No, yo más bien la definiría como un paso atrás, una mala película, o exponiéndolo sin mayor dramatismo, una bien decepcionante. De hecho, es un fracaso artístico que nos recuerda poderosamente otro batacazo del cineasta neoyorquino, La fuente de la vida, que extremó reacciones entre sus fans más acérrimos, que la tildaron de obra maestra, y los que pensamos que, simplemente, era una soberana estupidez.

No le anda lejos Noé por su vocación espiritual. No en vano adapta con bastante libertad uno de los fragmentos más célebres del Antiguo Testamento. Arronofsky, sin embargo, acaba siendo más papista que el papa, y su película, tras un prólogo que aparentemente pretende modernizar el cine bíblico, con un tono abiertamente fantástico, tarda poco más de media hora en sumergirnos en los tópicos y malas maneras de cintas tan inaguantables como Los Diez Mandamientos o La Túnica Sagrada. Con dilemas morales muy de hoy en día, pero con un conservadurismo de siglos pretéritos.

La familia de Noé, casi al completo, posando junto al arca.

La familia de Noé, casi al completo, posando junto al arca.

Entre los síntomas evidentes del miedo que su distribuidora ha tenido a la hora de promocionar la película no sólo ha contado el embargo al que ha sometido a la prensa, con toda razón, hay que decir, para que nadie, adelantándose a las más que posibles malas reseñas, publicase nada sobre el asunto hasta del día del estreno, y no condicionar así a los posibles espectadores de la cinta. También merece la penas echar un vistazo a los tráilers para darse cuenta de todo lo que se ha pretendido esconder para no desconcertar a nadie. Como esos Ents de piedra, ángeles caídos que ayudan a Noé a construir su gigantesca arca, una de las licencias más interesantes y fantasiosas del film, pero también una de las menos logradas. Por otro, el personaje de Emma Watson, ausente en la mayoría de avances hasta poco antes del estreno. Y no es para menos, porque da lugar a una de sus tramas más embarazosas.

Sí, el film goza de grandes valores de producción, como su ilustre reparto, su adecuada banda sonora, del siempre cumplidor Clint Mansell, o una audaz dirección artística, que recurre a los fascinantes paisajes de Islandia para ambientar buena parte de la historia; pero el guión nunca acaba de funcionar y, lo que es peor todavía, la puesta en escena del director de Réquiem por un sueño deja bastante que desear. Su reinvención de las primeras páginas de La Biblia es poco imaginativa y bastante fea en cuanto a diseño, por no hablar de lo farragosa que resulta. Sus titubeos a la hora de perfilar al personaje de Noé, al que nunca logra hacer atractivo un voluntarioso Russell Crowe, y la poca pericia con la que ha reimaginado el Diluvio Universal acaban por convertir la película en un espectáculo monótono en el que la emoción brilla por su ausencia.

Todo bestezuela es bienvenida en el arca de Noé.

Todo bestezuela es bienvenida en el arca de Noé.

Su cinta propone un buen puñado de buenas ideas, pero todas ellas acaba siendo desaprovechadas o abandonadas a mitad de camino… quien sabe si algunas, o la mayoría, en la sala de montaje. Porque Arronofsky ha intentado contemporizar, no sólo con los católicos que desean ver una buena adaptación de este pasaje de La Biblia, sino con los espectadores del siglo XXI con ganas de disfrutar de un cine de catástrofes con algo nuevo que ofrecer. La analogía con el mundo de hoy en día está ahí. Noé podría estar perfectamente ambientada en un futuro postapocalíptico en el que el hombre está a punto de ser borrado de la faz de la tierra por la mano de Dios. Nos habla de un mundo donde la propagación de la maldad humana es la pandemia definitiva, y no faltan tampoco la sobreexplotación de los recursos naturales del planeta, el maltrato animal o las guerras interminables. Pero el discurso acaba revelándose de lo más pueril y predecible, doblegado finalmente al manual del más anquilosado cine bíblico.

Anthony Hopkins es Matusalén. En serio.

Anthony Hopkins es Matusalén. En serio.

Sirva como ejemplo ese Matusalén encarnado por Anthony Hopkins, uno de los peores errores del invento, dando lugar a situaciones de comedia involuntaria casi tan ridículas como las que protagonizan los animales en la película, tanto cuando se internan en las profundidades del arca, como cuando acaban aletargados para hacer más armoniosa su futura y apretujada travesía. Y es que este asunto, tan primordial en el texto original, está despachado de una forma sorprendentemente burda por Arronofsky. Sin olvidar tampoco otro personaje clave, el que encarna Ray Winstone, un descendiente de Caín, villano a la fuerza de la narración, predecible hasta la náusea y desencadenante de algunas de las situaciones más absurdas. Una de las numerosas malas decisiones que definen este Noé como fracaso artístico, que no comercial, a juzgar por la nada desdeñable taquilla que ha comenzado a amasar en Estados Unidos, cuyo público mayoritario es más que posible que abrace esta superproducción sin tantos miramientos como el europeo.

Tags: , , , , , , , , , ,

Category: Críticas, Destacados

Deja un comentario