‘Nightcrawler’: Temas de siempre, gustos de ahora

| 28 enero, 2015 | 0 Comentarios

Fotograma de Nightcrawler

Jake Gyllenhaal en un fotograma de ‘Nightcrawler’

El mismo año en el que Nieves Herrero condujo en Antena 3 la polémica cobertura del crimen de las niñas de Alcasser, momento considerado por muchos el nacimiento oficial de la telebasura en España, Pedro Almodóvar estrenó una de sus películas más discutidas, pero también más proféticas. En Kika, el cineasta satirizaba el creciente sensacionalismo de unos medios de comunicación siempre dispuestos a sacar rentabilidad de las pulsiones voyeurísticas de los espectadores a través del personaje de Andrea Caracortada, una reportera desequilibrada interpretada por Victoria Abril que presentaba un espacio llamado  ‘Lo peor del día’. Aquello que en 1993 parecía una exageración, hoy nos resulta totalmente posible.

Pero los americanos, como en otras tantas cosas, nos llevan lustros de ventaja en cuanto al mercadeo de atrocidades televisadas. Dos décadas antes que Pedro, Sidney Lumet ya dibujó un escenario de apocalipsis moral en el que los responsables de una cadena ma-ta-ban por subir sus índices de audiencia en Network (un mundo implacable), título que sigue siendo uno de los más inteligentes y despiadados retratos del medio televisivo jamás realizado. Aunque el contexto en el que se desarrolla Nightcrawler dista bastante de los años 70 del filme de Lumet, es inevitable emparentar ambos trabajos.

Louis Bloom es un joven trapichero expulsado del sistema laboral por la crisis económica que se gana la vida vendiendo objetos y materiales robados. Harto de vagabundear de noche para conseguir unos míseros dólares, Louis ve la luz cuando presencia un brutal accidente y se topa con unos reporteros de sucesos. Al descubrir que se trata de un negocio muy lucrativo, el joven decide hacerse con una cámara y un ayudante con el que patrullar la ciudad de Los Ángeles en busca de imágenes impactantes para vender a las cadenas de televisión. Medrar en su nueva e improvisada profesión sólo es cuestión de tiempo gracias a su falta de escrúpulos y su fría mente empresarial.

Fotograma de 'Nightcrawler' con Rene Russo

Rene Russo, nominada a un Bafta por su papel en ‘Nightcrawler’

El personaje de Bloom, interpretado por un soberbio Jake Gyllenhaal también en labores de productor, se presenta como el enésimo monstruo creado por un capitalismo salvaje, como un miembro de una generación perdida dispuesta a todo para tomarse la revancha en una sociedad que les ha amamantado para conseguir el triunfo pero les ha arrebatado los medios para conseguirlo. Louis es un sociópata con todas las letras, sin la más mínima empatía, que se ha aprendido de memoria los mantras tipo ‘cómo hacerse rico en cinco pasos’ de los libros de desarrollo personal. Un autodidacta cuya fuente del saber se encuentra en la red, esa maraña de conocimientos sin filtro donde uno puede encontrar de todo, pero también perder la noción de la realidad.

Con un personaje tan potente como el de Bloom, el  guionista Dan Gilroy, que debuta como director, tiene mucho ganado. Pero potente, no es sinónimo de creíble. La excesiva ‘hijoputez’ de este arribista capaz de poner en jaque a una carroñera jefa de informativos –una felizmente recuperada Rene Russo– termina por delatar las verdaderas intenciones de una película con piel de despiadada crítica social pero alma de producto de prime time. Vibrante como entretenimiento, con un par de escenas de tensión cinematográfica admirablemente construidas y un toque Michael Mann en su ambiente nocturno, Nightcrawler funciona más como reflejo de los gustos audiovisuales y narrativos de nuestra época que como estudio de sus males. La fascinación encubierta  por seres extremadamente amorales – hábilmente maquillada por una supuesta incisiva lectura de la realidad –  como los que pueblan hitos de la ficción televisiva como House of Cards, Breaking Bad o Daños y perjuicios pulula sobre un filme que se empeña demasiado en que la ficción supere a la realidad.

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Category: Críticas, Destacados

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