‘Nebraska’ : el paisaje de la derrota

| 4 febrero, 2014 | 0 Comentarios

Fotograma de 'Nebraska'

Bruce Dern y Will Forte protagonizan esta ‘road movie’ de Alexander Payne

“Una familia es como un archipiélago: todos formamos parte del mismo grupo, pero estamos separados, y nos vamos alejando lentamente”,  afirmaba el personaje interpretado por George Clooney en Los descendientes, el anterior trabajo de Alexander Payne. Esta definición resumía perfectamente las circunstancias vitales de su protagonista, un abogado de Honolulu que, tras un accidente que deja a su esposa en coma irreversible, debe reformular su rol de padre y tomar las riendas de un hogar disfuncional. Esa misma metáfora se aplicaba a su papel de administrador de unas tierras familiares cuya herencia comparte con sus numerosos primos, unos perfectos extraños desperdigados por las diferentes islas de Hawái con los que mantiene una relación más económica que emocional.

Igualmente, en Los descendientes, como también pasaba con los viñedos de Santa Bárbara de Entre Copas, el escenario en el que se desarrolla la historia adquiría tanta entidad que casi era un personaje más. Con Nebraska, Alexander Payne indaga de nuevo en esa imperfecta entidad llamada familia, en las relaciones paterno-filiales y en el uso metafórico del espacio, pero con una depuración y una sutileza muy superiores a su anterior esfuerzo cinematográfico. Las paradisíacas playas y las coloridas camisetas hawaianas dan paso a los áridos, fríos y casi míticos parajes en blanco y negro de la América profunda de Hawthorne y Lincoln (Nebraska). La imagen de un archipiélago se sustituye por la carretera en línea recta, puntuada por algunos desvíos, que marca el viaje de ida y vuelta de un padre y un hijo que, como ocurría en Los descendientes, redefinirá su relación.

Desde que Woody Grant (Bruce Dern), un anciano alcohólico con una incipiente demencia senil, recibió una carta fraudulenta que asegura que ha ganado un millón de dólares, su único obsesión es viajar a Lincoln para cobrar su premio. Aunque su hijo David (Will Forte) sabe que es un engaño, accede a hacer en coche el largo recorrido entre Nevada y Nebraska junto a su padre, con la oposición de su madre  Kate (June Squibb), una vieja gruñona que no pierde ninguna oportunidad para llamar inútil a su marido. Un inesperado incidente en el camino lleva a David a proponer a Woody hacer un desvío para ir a Hawthorne (Madison County), su pueblo natal, y visitar a su familia, un plan al que se sumarán más tarde Kate y su hermano Ross (Bob Odenkirk). A través de los amigos, hermanos y antiguos vecinos de Woody, David empieza a descubrir hechos del pasado de su padre que le llevarán a comprender mejor a ese hombre que, a pesar de que le ha concebido, siempre ha sido un extraño para él.

Fotograma de 'Nebraska' con Bruce Dern y June Squibb

Bruce Dern y June Squibb están nominados al Oscar por su trabajo en ‘Nebraska’

Con Nebraska, Alexander Payne nos regala un personaje memorable, perfectamente comprensible y magníficamente encarnado por un excelente Bruce Dern, nominado al Oscar por este papel. Es fácil compadecerse de Woody, un ex-combatiente de la Guerra de Corea que decidió alejarse del lugar donde nació, y que, en el ocaso de una vida aparentemente marcada por la frustración y el sentimiento de derrota, se aferra a la que parece su última esperanza para sentirse un ganador. Pero lo último que pretende Payne es pintar a su protagonista como un patético y exagerado perdedor. El bello tramo final nos muestra a Woody en su pequeña y personal victoria, aunque cubierta sin duda de la inevitable melancolía que acarrea la inevitable pregunta que todo ser humano en plena decadencia puede plantearse: ¿qué habría pasado si…?

En este viaje al pasado, el escenario casi atemporal, cuya iconicidad parece reforzada con el blanco y negro, de la América profunda, y el retrato pintoresco de sus habitantes funciona casi como un recordatorio de aquello que no cambia, como esas fotografías que nunca pierden su capacidad de evocación. El paisaje se funde con los personajes como nunca antes en el cine de Payne, quien muestra a sus criaturas empequeñecidas por encuadres abiertos que, como si fuera una película de Antonioni, parecen alienarlos, pero que en realidad los incrustan más en una realidad que los define y de la que forman parte por mucho que huyan.

Como es habitual en el cineasta, que nunca ahoga totalmente a sus hijos, el director de Entre copas tiñe de humor todo el relato, incluso con trazos caricaturescos en algunos secundarios, hasta tal punto que es imposible decidir si se trata de un drama cómico o más bien una comedia dramática. Payne también vuelve a presentar la familia nuclear como una tabla de salvación que, a pesar de sus fisuras, es capaz de cerrar filas cuando uno de sus miembros es amenazado. Nebraska es un viaje en dos direcciones: el de un padre con lapsus de memoria que ha de volver al pasado para dar sentido a un presente; y el de un hijo que necesita esa trasmisión paterna para poder afrontar su futuro. Un periplo que resulta emocionante, creíble y trascendente en ambos sentidos.

Nebraska llega a los cines el 7 de febrero.

Nominada a 6 Oscar, incluidos Mejor Película y Director.

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