‘Las ventajas de ser un marginado': más Bowie y menos Prozac

| 26 enero, 2013 | 0 Comentarios

Emma Watson, Ezra Miller y Logan Lerman en el repato de 'Las ventajas de ser un marginado'

Los protagonistas de ‘Las ventajas de ser un marginado

Los avatares de la edad ingrata, como llaman lúcidamente los franceses a la adolescencia, son un recurso muy agradecido por la ficción, tanto por su fuerza dramática como por su imperecedera actualidad. Generación tras generación, el retrato de unos jóvenes en su duro paso a la madurez sigue siendo infalible gracias a lo fácil que resulta identificarse con esta fase vital a la que nadie escapa.

Entre los múltiples tratamientos que propicia el tema, las películas de instituto permanecen como una de sus variantes más populares. Y quien dice instituto, dice high school. Equipos de rugby, largos pasillos llenos de taquillas, bailes de graduación…, la televisión y el cine americanos han nutrido el imaginario colectivo de jóvenes espectadores de todo el planeta a través de sus títulos sobre estudiantes pre-universitarios. No importa qué tipo de alumno hayas sido, seguro que hay un título que te representa. De la frivolidad de Fuera de onda al existencialismo post-Columbine del Elephant de Gus Van Sant, hay para todos los gustos en la historia del cine con acné.

Si eres de los que nunca predicaron con el puritanismo pijo de 90210: Sensación de vivir, estás de enhorabuena. Las ventajas de ser un marginado no es otra estúpida película americana. Para su debut como director, Stephen Chbosky adapta su propio libro, una novela epistolar publicada en USA en 1999 por, no puede ser casualidad, MTV books, y que se convirtió en una obra de referencia para muchos estudiantes estadounidenses.

La cinta narra la historia de Charlie (Logan Lerman), un adolescente traumatizado por varios dramas en su pasado que vive con angustia sus primeros días de instituto. Ignorado por sus compañeros, y con el único apoyo de su profesor de literatura (Paul Rudd), Charlie consigue entablar amistad con Sam (Emma Watson) y Patrick (Ezra Miller), dos pintorescos hermanos del último curso que tampoco encajan con el convencionalismo del liceo. A partir de este momento, el joven se adentra en un nuevo mundo de experiencias donde, acompañado por la música de David Bowie y The Smiths, descubrirá el amor, las drogas y el sexo. Un viaje tras el que ya nunca será el mismo.

Emma Watson y Ezra Miller en un forograma de 'Las ventajas de ser un marginado'

Emma Watson y Ezra Miller en un forograma de ‘Las ventajas de ser un marginado

Las ventajas de ser un marginado cae en tantos lugares comunes como anuncia un argumento tan manido, pero no por comunes dejan de ser reconocibles por cualquiera que se haya sentido un bicho raro en algún momento de su vida. Aceptando ya como inevitable el cliché de que cualquier persona supuestamente diferente que aparezca en una película americana tiene que ser fan del ex-grupo de Morrissey, escuchar a Bowie o leer El guardián entre el centeno, el filme capta muy bien esos instantes de soledad en los que la letra de una canción podía salvarnos la vida. Stephen Chbosky plasma con momentos de verdadera emoción esa etapa crucial donde uno se empieza a oler que la vida va en serio, que es también la época en la cualquier experiencia liberadora se marca a fuego en tu cabeza para ser mitificada más tarde cuando la juventud quede como un lejano recuerdo.

Es inevitable recorrer la peripecia del joven Charlie con una sonrisa de complicidad y dejándose llevar por el irresistible encanto de muchos de sus pasajes. La educación sentimental de su trío protagonista adquiere credibilidad gracias al excelente trabajo de sus tres actores principales. Logan Lerman interpreta a Charlie con sensibilidad mientras que Ezra Miller, el hijo psicópata de Tilda Swinton en Tenemos que hablar de Kevin, sorprende con un luminoso cambio de registro. Emma Watson, por su parte, demuestra que es la única alumna de Hogwarts que ha aprendido a usar la magia en sus actuaciones. Todo esto, y una banda sonora para poner en modo loop en Spotify, elevan una película que, aunque casi patina al final con un rebuscado repunte dramático, agradará a aquellos a los que ver Gandia Shore les deprime más que una canción de Radiohead.

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