‘Las nieves del Kilimanjaro': La vuelta a casa de Guédiguian

| 26 abril, 2012 | 0 Comentarios

En sus cuatro últimas películas, de las cuales sólo ha llegado a España Presidente Miterrand, Robert Guédiguian se había alejado del retrato costumbrista de la clase obrera marsellesa que le trajo popularidad entre la cinefilia a partir de Marius y Jeannette. Pese al cambio de género, el espíritu militante y comprometido del cineasta siempre ha estado presente de una manera u otra en su obra, ya sea al contar la historia de un grupo de resistentes en la Francia ocupada por los nazis de L’armée du crime o en el inesperado giro al cine policíaco que fue Lady Jane.

Con Las Nieves del Kilimanjaro, Guédiguian regresa a su Marsella proletaria, al barrio obrero de L’Estaque que enmarcó sus títulos más populares. Aunque el título hace referencia a una canción de Pascal Danel, que suena varias veces en el filme, la idea de la película surge de Les Pauvres Gens (Los pobres), un poema de Victor Hugo que conmovió al cineasta francés por su manera de expresar la bondad con los más necesitados.

Guédiguian sigue fiel a sus actores fetiche. Ariane Ascaride, su esposa en la vida real, y Jean-Pierre Darroussin interpretan a Michel y Marie-Claire, un matrimonio que lleva más de 30 años juntos y que siempre ha luchado por sus convicciones políticas y sociales. Michel, líder sindical en una empresa portuaria, resulta ser uno de los damnificados tras un traumático reajuste de  plantilla. A pesar del despido, Michel y Marie-Claire siguen llevando una vida sin sobresaltos rodeados de sus hijos y sus nietos, quienes les regalan un viaje a Tanzania para celebrar su aniversario de boda. Sin embargo, un día, un par de encapuchados entra en su casa y, a punta de pistola, les roban todo el dinero recolectado para su segunda luna de miel y sus tarjetas de crédito. Por azar, Michel descubre que uno de los asaltantes es un joven compañero de trabajo que también fue despedido.

Las nieves del Kilimanjaro es un filme de tesis, con el que el Guédiguian disecciona la crisis de identidad de la clase obrera actual a través del dilema moral de Michel, un viejo luchador por los derechos de los trabajadores que se enfrenta a una situación personal que pone en jaque sus pilares ideológicos. La nueva película del cineasta marsellés retrata este convulso momento económico y social en el que nos encontramos, donde los viejos discursos se ahogan y los sindicatos pierden su fuerza, al tiempo que aparecen nuevas formas de miseria; donde los lunes al sol cada vez son más largos y los ERES cada vez más frecuentes; y donde los jóvenes, agobiados por un precario mercado laboral y ajenos al credo de lucha colectiva en el que se criaron sus padres, recurren al pragmatismo y al individualismo. Pero Las Nieves del Kilimanjaro también plantea viejos fantasmas del socialismo, materializados en el típico complejo de culpa que sucede al aburguesamiento y en la necesidad de revisar sus fundamentos.

Guédiguian, actualizando el poema de Victor Hugo, viene a recordarnos que lo único que puede salvarnos es la solidaridad más fraternal. Frente al resquebrajamiento del estado de bienestar y la erosión del tejido social, la esperanza está, en palabras del propio director, “en la reconciliación de las gentes pobres”. Puede que Guédiguian, al igual que le sucede a Ken Loach, su equivalente inglés, peque de poco sutil en ocasiones y que se noten los brochazos en la exposición de sus argumentos, pero tanto uno como otro han mantenido un discurso coherente a lo largo de su cinematografía. Es esta voluntad de compromiso, a medio camino entre el lúcido desencanto y un necesario idealismo, lo que sigue haciendo de Guédiguian un autor reivindicable, aunque sólo sea por hacernos creer que los cuentos proletarios también pueden tener un final feliz.

Tags: , , , ,

Category: Críticas, Destacados

Deja un comentario