‘La vida secreta de Walter Mitty’ : bocados de irrealidad

| 16 diciembre, 2013 | 0 Comentarios

La gestación de esta nueva adaptación del relato más famoso del periodista y dibujante James Thurber, que ya fue llevado al cine en 1947 por Norman Z McLeod, no ha sido fácil. Desde el proyecto original, con un entonces taquillero Jim Carrey, hasta la actual versión de Ben Stiller, han mediado casi dos décadas con un impresionante baile de estudios, guionistas, directores y actores interesados en el remake. Cineastas como Ron Howard, Steven Spielberg o Gore Verbinski, y cómicos como Owen Wilson, Sacha Baron Cohen o Mike Myers sonaron en algún momento para participar en un filme que no acababa de ver la luz. Finalmente, el fichaje de Stiller, en la triple tarea de productor, director y protagonista, culminó este largo camino para resucitar a Walter Mitty.

Convertido en inesperado autor de culto gracias a las satíricas Tropic Thunder y Zoolander –que cuenta incluso con el impagable reconocimiento de calidad hipster del mismísimo Terrence Malick, admirador confeso del filme-, el intérprete de Noche en el museo parte esta vez de un guión ajeno para su quinto trabajo tras las cámaras, algo que los seguidores del cómico sin duda echarán en falta.

Walter Mitty trabaja en el laboratorio fotográfico de la revista Life. Normalmente objeto de burla o simplemente invisible para los demás, Walter tiene una acusada tendencia a soñar despierto, imaginando que es otra persona más valiente envuelta en fantásticas aventuras lejos de su gris existencia. La llegada a la redacción de Cheryl (Kristen Wiig) provoca en el empleado unos sentimientos que le llevan, por primera vez en mucho tiempo, a pasar a la acción e intentar alcanzar la vida que siempre había anhelado. Sin embargo, la crisis económica de la revista lleva al cierre de la edición impresa y a una reestructuración del personal. Antes de perder su empleo, Mitty tendrá una importante misión: encontrar un negativo perdido que será la portada del último número de Life, una tarea que le llevará a destinos exóticos que hasta ahora sólo había podido visitar vicariamente a través de las fotos que revelaba.

Ben Stiller y Sean Penn en 'La vida secreta de Walter Mitty'

Ben Stiller y Sean Penn en ‘La vida secreta de Walter Mitty

Estrenada estratégicamente en Navidad, la época ideal para vender cuentos de esperanza, felicidad y buenos propósitos, La vida secreta de Walter Mitty es un caro espectáculo pirotécnico tan entretenido como cínico. Resulta paradójico que un filme que vehicula mensajes decora-carpetas (o decora-muros de Facebook para los menos carrozas) tipo “la felicidad está en las cosas sencillas”, “deja de soñar y empieza a vivir” haga ostentación de su gran presupuesto con las  apabullantes e impresionantes, pero en el fondo poco mágicas, imágenes que pueblan la imaginación y describen el viaje del protagonista. Aún más sangrante es la insalvable contradicción entre el nostálgico lamento por el fin del encanto de lo analógico que entona la cinta y la artillería de efectos especiales digitales que utiliza para contárnoslo. Tampoco casa su crítica a la ineptitud de los jóvenes ejecutivos amamantados en el capitalismo más feroz que sólo saben de marketing y poco de arte con la estética de un trabajo que a ratos parece un anuncio alargado.

Tan profunda como un eslogan publicitario, La vida secreta de Walter Mitty cuenta sin embargo con algunos momentos que delatan que, pese a todo, Ben Stiller maneja los mandos. Aunque la película se escora definitivamente hacia lo más convencional y formateado en su último tercio, el talento para el gag visual y la sensibilidad de su director se dejan notar en escenas como la de la aduana con el detector de rayos X o el tête à tête de Walter Witty con un tiburón; y en la selección musical, con temas de Arcade Fire y José González, e himnos como Don’t you want me de Human League o el infalible Space Oddity de David Bowie, pequeños guiños generacionales con los que Stiller parece asegurarse el perdón de los que esperen la misma causticidad de sus dos anteriores trabajos. Es una lástima que su ironía habitual apenas asome la patita en la elección de un Sean Penn como un fotógrafo especializado en cubrir zonas de guerra, un jocoso apunte que termina siendo desaprovechado, como la vis cómica de Kristen Wiig, reducida a poco más que objeto del deseo. La vida secreta de Walter Mitty está hecha de la misma materia que los sueños prefabricados de la publicidad. Esa misma publicidad que nos vendió Reality Bites (Bocados de realidad), el debut tras las cámaras de Ben  como la primera película sobre la generación X, y que tan bien satirizó el director en sus celebradas Zoolander y Tropic Thunder. Esperemos que este Walter Mitty no signifique que Stiller se ha convertido finalmente en una marca blanca

 

‘La vida secreta de Walter Miitty’ se estrena el 25 de diciembre.

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Category: Críticas, Destacados

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