La vida de Adèle: el naturalismo de Abdellatif Kechiche

| 2 noviembre, 2013 | 0 Comentarios

Adèle Exarchopoulos es Adéle en la cinta ganadora de la Palma de Oro en Cannes

Adèle Exarchopoulos es Adéle en la cinta ganadora de la Palma de Oro en Cannes

Quienes acudan al cine en busca de las escenas mas tórridas de la cinta ganadora de la Palma de Oro del pasado Festival de Cannes, caerán en el mayor de los errores. El mito de La vida de Adèle ha ido creciendo a medida que los espectadores acuden a las salas solícitos para entregarse al reto que nos plantea el director tunecino, Abdellatif Kechiche. Un reto que por momentos resulta agotador y que tras vencer a sus 180 minutos de metraje nos deja el peor de los sabores de boca. Nunca el relato de una vida con sus alegrías y sus penas se nos presentó tan realista y con apenas filtros. Y eso duele.

Para ello, el director de Cuscús se sirve de infinitos primeros planos. Bellos momentos de miradas, gestos y sensaciones que nos acercan poco a poco a la protagonista de la película, Adéle. Magistralmente interpretada por la actriz Adèle Exarchopoulos, nos adentramos en el mundo de una adolescente de 18 años que enfrenta su paso a la madurez con una entereza y seguridad impropias de su edad. La experimentación y la turbación de la adolescencia dan lugar a una búsqueda interior en la que la protagonista se nos antoja como una veleta sin rumbo hasta que conoce el amor verdadero de mano de Emma, una estudiante de Bellas Artes al que da vida la actriz Léa Seydoux.

Adéle Exarchopoulos y Léa Seydoux, protagonistas de La vida de Adèle

Adéle Exarchopoulos y Léa Seydoux, protagonistas de La vida de Adèle

Juntas comienzan una apasionada y tórrida historia de amor de la que seremos testigos hasta el último detalle. Kechiche nos lanza directos al interior de lo más íntimo de una relación de pareja, consiguiendo incomodarnos por la realidad de las sensaciones que de ella se desprende. Somos partícipes de la intimidad más íntima de ambas mujeres, hasta tal punto que a veces sonroja. No sólo por la interminable explícita escena sexual de diez minutos en la que ambas actrices se devoran casi literalmente, sino por otros muchos momentos que forman parte de la intimidad entre dos personas y que pocas veces traspasa la pantalla. La vida de Adéle lo consigue, a través de pequeños gestos, miradas y sensaciones que sus dos protagonistas nos ponen delante de los ojos a veces sin nosotros quererlo.

Y es que más allá de etiquetas, esta película habla de la evolución personal y del amor. De cómo cambian las relaciones de pareja y cómo poco a poco la pasión y la magia dan lugar a la monotonía y el tedio entre dos personas aburridas de conocerse.

Lejos de resultar una película fácil, La vida de Adéle es una cinta incómoda, larga y arriesgada en la forma. En definitiva, nos cuenta la vida tal y cómo es, tal y como la conocemos, pero que pocas veces ha sido plasmada de manera tan realista en el cine.

Para ello, Abdellatif Kechiche exigió a sus actrices lo máximo en escenas complicadas y a pesar del buen ambiente que parecía reinar entre el equipo durante la recogida de la Palma de Oro en Cannes, lo cierto es que el rodaje ha dejado secuelas. Y no es para menos. Cualquiera que se atreva a pasar por el trance seguro que estará rumiando la película durante varios días. No obstante, merece la pena el mal trago.

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Category: Críticas, Destacados

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