La mujer del chatarrero: desigualdad, vida y naturalismo

| 22 febrero, 2014 | 0 Comentarios

Fotograma de La mujer del chatarrero con los actores y protagonistas reales de la historia

Fotograma de La mujer del chatarrero con los actores y protagonistas reales de la historia

Siempre me han llamado la atención este tipo de películas. Las pequeñas y modestas. Las que se ruedan con una meta bienintencionada, que es la de dar a conocer historias anecdóticas basadas en hechos reales, que no podrían ver la luz si no fuese porque algún director o guionista ha puesto sus ojos en ellas para que el mundo sea testigo de su existencia.

Danis Tanovic ya consiguió captar nuestra atención cuando se alzó con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa con En tierra de nadie, cuando colocó su objetivo en la guerra de 1993 entre Bosnia y Herzegovina. En La mujer del chatarrero, el realizador prefiere no cruzar las fronteras de su país natal para ofrecernos un relato acerca de las desdichas que atraviesa una familia de etnia gitana que vive en un remoto poblado de Bosnia. En medio de un paraje cubierto por un manto de nieve y en unas condiciones sumamente precarias, los protagonistas de la cinta tienen que combatir contra una cotidianeidad que, debido la escasez de comodidades, se les pone demasiado cuesta arriba. El conflicto surge cuando Senada, la madre de la familia, sufre un aborto involuntario y tiene que ser intervenida de urgencia en un hospital. Su marido, que se dedica a la recolección de chatarra mientras cuida de sus dos hijas pequeñas, no puede asumir el coste de la operación, a sabiendas de que la vida de su esposa corre peligro.

El trabajo de Nazif Mujic, protagonista real de la historia, conquistó el festival de Berlín

El trabajo de Nazif Mujic, protagonista real de la historia, conquistó el festival de Berlín

Tanovic conoció las peripecias que tuvo que padecer esta familia gracias a una noticia que leyó en un periódico. Impactado por la injusticia que subyace a lo largo de este desgraciado episodio, el director se puso en contacto con los involucrados en el suceso para proponerles la realización de un largometraje, el cual podrían interpretar ellos mismos. El resultado se ha traducido en dos galardones cosechados en el Festival de Berlín, uno que recayó en su protagonista –Nazif Mujic- y otro tan meritorio como el del Gran Premio del jurado. Atractiva carta de presentación para una película tan humilde. Después de su visionado, uno entiende los motivos de tales logros.

Tanovic apuesta por una estética muy cercana a la del documental para invitarnos a formar parte de las vicisitudes de esta familia. Con una cámara al hombro y bien pegados a los protagonistas de la historia, el realizador nos hace sentir las dificultades que afrontan sus personajes como si nos ocurriesen a nosotros mismos; tal es el grado de realismo que consigue. Filmado con una crudeza sobrecogedora y exento de todo tipo de endulzamiento, el relato nos absorbe por completo durante sus escasos setenta minutos de metraje. El naturalismo de la cinta también se ve acentuado por las interpretaciones de su reparto, que al no ser actores profesionales y enfundándose en su propia piel, nos regalan unas actuaciones salpicadas con enormes dosis de espontaneidad. No se precisó de guión alguno para llevar a cabo la película. Tanovic, simplemente, daba un par de instrucciones de cómo se iban a desarrollar las secuencias y dejaba que la improvisación fuese la herramienta central de su trabajo. De ahí la naturalidad de todas sus escenas. De ahí que la realidad, a veces, se muestre tan despiadada cuando no la adornamos con guirnaldas.

Imagen de La mujer del chatarreo

Imagen de La mujer del chatarreo

La falta de música, tanto diegética como no diegética, es otro rasgo característico de la película de Tanovic. Y no es que la echemos de menos, pues el sonido ambiente de la historia y los silencios que se adueñan de la recóndita aldea gitana en la que se sitúa la trama son elementos esenciales para que nos plantemos de lleno en el seno de esta familia. El ruido que emiten los ensordecedores martillazos de Nazif contra la chatarra componen una banda sonora de lo más particular. El crepitar del fuego al prenderse el asiento de un coche, las pisadas de los protagonistas en la nieve y el silbido del hacha antes de impactar contra la madera sustituyen los acordes de cualquier violín lacrimógeno.

Aunque la película tenga un ritmo sosegado, sin sobresaltos, y a pesar de que sepamos de antemano que su desenlace no pudo resultar fatal porque somos conscientes de que los actores se representan a ellos mismos, no deja de sorprendernos cómo las desgracias siempre se ceban con los más desfavorecidos. Y si ése es el objetivo que pretendía alcanzar su director al poner en pie esta historia, lo ha conseguido con creces. No solamente se trata de la suma de dinero que la familia no puede permitirse para que Senada pueda ser operada –siendo éste el principal conflicto de la cinta- la avería que sufre su vehículo en un momento crucial y la falta de luz en el domicilio familiar son desventuras que se van acumulando en un saco de infortunios excesivo.

Analizar el conflicto de la antigua Yugoslavia desde diferentes ángulos siempre ha sido una constante en la obra de Tanovic. En La mujer del chatarrero, el realizador ha querido situarnos en los estratos sociales más damnificados por las consecuencias de la guerra. Sólo ese esfuerzo es merecedor de todos los elogios, aunque no consiga cambiar el rumbo de las cosas. Aunque la cinta acabe siendo como un grito enrabietado que se pierde en medio de la oscuridad.

Porque esta clase de historias no tienen que caer en el olvido.

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Category: Críticas, Galerías

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