‘La jungla: Un buen día para morir': Die Hard R.I.P.

| 14 febrero, 2013 | 2 Comentarios

Bruce Willis como John McLane en La jungla de cristal: un buen día para morir

Bruce Willis como John McLane en La jungla de cristal: un buen día para morir

Una repentina explosión. Vuelan cuerpos, tiembla la tierra y el fuego y el humo inundan el espacio. Corta a: John McClane, ya en el suelo y con cara de sufrir hemorroides.

Los años no pasan en balde. Recuerdo cuando, 18 años atrás, en su tercera aventura cinematográfica en la piel del incombustible detective neoyorquino, Bruce Willis saltaba, se revolcaba por el suelo y hasta se dejaba dar todavía algún mamporro. Pero claro, ya estamos mayores y un tanto frágiles. Es hora de tirar de los dobles de acción y no moverse demasiado dentro del encuadre. 25 años  y cinco películas después quizá sea el momento de jubilar al personaje.

Pero la maquinaria de Hollywood es lo suficientemente conservadora para aprovechar a una estrella que sigue teniendo tirón y una franquicia que sin hacer grandes números ha demostrado mucha solidez comercial no sólo en las salas de cine, sino en el mercado doméstico. Lamentablemente, los ejecutivos detrás de las dos últimas entregas parecen haber olvidado que las dos mejores y más genuinas entradas de la serie estaban firmadas por el mismo director, John McTiernan. El hombre detrás de Jungla de cristal y Jungla de cristal. La venganza puede que sea un nombre hoy maldito por su interminables problemas con la justicia, pero nunca se le podrá negar que ha sido uno de los cineastas que más ha hecho evolucionar el cine de acción. Dejando a un lado consideraciones comerciales, o de originalidad, la cámara nerviosa y la estudiada suciedad de su planificación convirtieron a este cineasta neoyorquino en un verdadero autor dentro del género.

Fue gracias a él que, a pesar de las exageraciones del guión, John McClane acabase resultando un héroe de carne y hueso en Jungla de cristal. Un poli duro capaz de llorar y manchar la camiseta con mugre,  sudor y mucha sangre, de derrumbarse y perder los nervios como cualquier hijo de vecino. Eso pasaba en 1988, justo al final de la era Reagan, cuando la mayoría de los espectadores estábamos ya cansados de musculados héroes interpretados por inexpresivos forzudos como Sylvester Stallone, en sagas como Rambo, o Arnold Schwarzenegger, en cintas como Commando. Tras una secuela inferior, pero entretenida a pesar de todo, estrenada en 1990 y dirigida por el impersonal Renny Harlin, John McTiernan retomó al personaje en 1995 para una tercera aventura que hoy sigue siendo, con diferencia, la mejor de la serie. El humor, algunos buenos detalles de guión y una extraordinaria fotografía y puesta en escena encumbraron el concepto de héroe solitario que debe valerse, sobre todo, de su ingenio, para vencer a un pequeño ejército villanos.  Aunque quizá contase a favor  el tener a su lado a un divertidísimo Samuel L. Jackson para la ocasión.

Aquella película funcionó especialmente bien en Europa y la inevitable continuación acabó demorándose 12 años al no encontrarse una excusa argumental que hiciera las delicias de estrella y productores. La revolución tecnológica que supuso internet iluminó el camino a seguir para La Jungla 4.0, que llegó a los cines en 2007. Una nueva generación de espectadores aplaudió el esfuerzo, pero faltó la figura de un director capaz de diferenciar el resultado de otras tantas películas de acción de planteamiento similar. Len Wiseman, responsable de esa cosa horripilante titulada Underworld, firmó una cinta aséptica y monótona, con un par de momentos sin duda espectaculares, pero sin la chispa de las anteriores. Además, un algo acartonado Bruce Willis aparecía ya con su habitual piloto automático para estas lides.  La saga de John McClane había entrado de lleno en la mediocridad.

La jungla de cristal: Un buen día para morir

La jungla de cristal: Un buen día para morir

Este quinto capítulo, ambientado en Rusia aunque filmado en Hungría, con una duración inferior a las más de dos horas habituales de sus predecesoras y filmada en un formato de pantalla menor para ahorrar costes, mancilla el recuerdo de una saga que nació para innovar, y que hoy se ha convertido en otra vulgar muestra de un género escaso de ideas. Con un guión ridículo, en el que McClane acude en ayuda de su hijo para evitar una conspiración que implica a empresarios y políticos corruptos, el elegido para dirigir la cinta acaba convirtiéndose en su peor enemigo, uno de los más indeseables cineastas de la actualidad: John Moore, el hombre detrás de engendros como Tras la línea enemiga, Max Payne o el remake de La profecía. Menudo tino el de los productores.

El resultado es una cuesta abajo sin frenos. La cinta nos mete en situación casi inmediatamente. Pero enseguida queda al descubierto su pobre ensamblaje. Y flaco favor al conjunto el que su mejor escena de acción sea la precisamente primera,  una persecución de coches apocalíptica que, más que de dirección, es un ejercicio de logística, efectos visuales y montaje. El resto del film ya nunca está a la altura, convertido, para más inri, en una especie de frustrante videojuego en el que el espectador no puede intervenir.

Con este panorama, y con su progenie ya crecidita y metiendo baza para hacer posible un producto más blando, familiar y baboso, a John McClane más le valdría morir… de una vez por todas.

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , ,

Category: Críticas, Destacados

Comentarios (2)

Trackback URL | Comentarios RSS Feed

Sites que enlazan a este post

  1. collier anti aboiement Pour chien | 4 septiembre, 2014
  1. Jander dice:

    tan especialista que eres para la saga y lo poco que sabes como se escribe el nombre: JOHN MCCLANE

Deja un comentario