‘La gran familia española': ¡Cómo mola ser un perdedor!

| 11 septiembre, 2013 | 2 Comentarios

Fotograma de 'La gran familia española'

Fotograma de ‘La gran familia española

El sorprendente éxito de crítica y público de AzulOscuroCasiNegro, su primer largo, colocó de la noche a la mañana a Daniel Sánchez Arévalo en la liga de los directores españoles más prometedores del cine patrios. En Gordos, su siguiente trabajo, el cineasta quiso marcarse un más difícil todavía que estuviera a la altura de las –desmesuradas- expectativas creadas por su anterior filme, dejando cierta sensación de desconcierto y decepción. Con Primos, su mayor éxito de taquilla, Sánchez Arévalo exhibió su capacidad para conectar con un público más amplio, esa parte del mercado que sólo consume películas españolas cuando parecen americanas o capítulos de series de televisión alargados.

Con las espaldas bien cubiertas por el reconocimiento compartido de los espectadores y de la mayor parte de la prensa especializada, debe de resultar difícil pararse a pensar si a uno le quedan cosas por pulir. Después de ver La gran familia española, parece claro que  Sánchez Arévalo aún tiene mucha tela por cortar. Su último filme sigue arrastrando los mismos defectos que ya presentaba su desmesuradamente celebrada ópera prima y que han pasado a formar parte de su marca de autor con el aplauso cómplice de sus seguidores: forzadas transiciones del drama a la comedia, dispersión narrativa, excesos melodramáticos, una falsa adoración a la figura del perdedor y una actitud muy “yo por un buen gag, mato”,  aunque sea a costa de cargarme la verosimilitud y el tono del conjunto.

La gran familia española parte de una premisa potente que le garantiza una buena recaudación, al menos en su primer fin de semana, y un estreno con alto share en el prime time televisivo –no por casualidad, Atresmedia figura como productor- : durante la final del mundial de fútbol de Sudáfrica que terminó con el triunfo de España, se celebra el enlace de Efraín (Patrick Criado), el más pequeño de una familia de cinco hermanos no muy bien avenidos. Mientras todo un país entero está a punto de sufrir una catarsis de felicidad colectiva, la ceremonia se paraliza cuando el patriarca del clan sufre un infarto, un hecho que sacará a flote rivalidades, miedos y secretos familiares.

Verónica Echegui y Miquel Fernández en 'La gran familia española'

Verónica Echegui y Miquel Fernández en ‘La gran familia española

El telón de fondo del partido no es más que una excusa argumental, muy mal aprovechada por cierto, que le sirve a  Sánchez Arévalo para servir otra de sus impostadas y artificiales loas a la familia disfuncional. La película no utiliza el desarrollo del encuentro deportivo para marcar el pulso de una narración arrítmica que se dispersa en múltiples afluentes que no fluyen, ni confluyen, de manera orgánica. Cuando llega el esperado golpe de efecto del histórico gol de Iniesta, la emoción creada es tan sutil como quien quiere llamar tu atención dándote un pelotazo en la cara tras haberte mareado durante un buen rato moviendo el balón entre las piernas. No mucho más delicado es el mensaje subterráneo del filme, muy de eslogan publicitario, algo así como la familia unida jamás será vencida o que no importa ser un perdedor  (o pseudoperdedor) mientras puedas hablar con los tuyos con tu Vodafone. Para entendernos, por mucho que lo intente, el universo de Sánchez Arévalo está más en la órbita de Los Serrano que de Los Tenenbaums, o incluso que de Little Miss Sunshine.

Reclamos argumentales aparte, La gran familia española tampoco hace honor a un título que podría indicar que estamos ante una sátira de costumbres o una película coral a lo Berlanga o Altman. Poca verdad hay en una película con arquetipos y situaciones de comedia romántica tan convencionales que, si no llevara la ‘marca España’ escrita en la frente, se encontraría con críticas menos amables. A su favor, hay que destacar un sólido reparto, donde nuevos miembros de la ‘familia’  Sánchez Arévalo como Patrick Criado o Sandra Martín  brillan tanto, o más, que los cómplices habituales Antonio de la Torre o Quim Gutiérrez; y un puñado de ingeniosos gags que demuestran el talento de Sánchez Arévalo para la comedia más pura.

En un raro caso de timing, La gran comedia española se estrena en una semana en la que el ridículo “relaxing cup of café con leche” de Ana Botella ha provocado la hilaridad nacional. Corriendo el riesgo de resultar rebuscado, encuentro un curioso punto en común entre La gran familia española y la vergonzosa intervención de la alcaldesa de Madrid: son dos ejemplos del esfuerzo por jugar en la liga de los grandes  de dos personas  con un particular concepto de qué es aquello de lo que debemos sentirnos orgullosos. ¿Para cuándo la segunda parte del anuncio de Campofrío?

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Category: Críticas, Destacados

Comentarios (2)

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  1. ADEFESIO dice:

    1 Mal low concept total
    2 No cumple los protocolos de guion básicos
    3 El publico no es tonto
    4 Con cuatro chistes buenos
    5 actores bien
    6 demasiado local pesimas repercusión internacional
    7 El tema de la peli no es la famila,mas bien es la inmadurez en la clase media española
    8 El director es muy majo, pero tiene que ponerse la pila con el guion y sobre todo superar su inmadurez. PLEASE mata tu puto ego

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