Kiseki (Milagro): La magia del instante de Kore-eda

| 19 abril, 2012 | 0 Comentarios

Fotograma de Kiseki (Milagro) de Kore-eda

Fotograma de Kiseki (Milagro) de Kore-eda

En Nadie Sabe, Hirozaku Kore-eda demostró una especial sensibilidad al retratar la infancia con la terrible historia de cuatro hermanos que son abandonados por su madre en un piso de Tokyo. En su siguiente película, Still walking (Caminando), el director japonés se reveló como un sobresaliente pintor costumbrista con una reunión familiar que, bajo su aparente calma, escondía un amargo relato de rencores, reproches y desengaños que salían poco a poco a la luz con pasmosa naturalidad. El cine de Kore-eda es un cine de emociones pilladas al vuelo, donde la magia surge cuando menos te lo esperas, sin previo aviso, y en el que tradición y modernidad conviven y acaban por chocar como dos trenes desbocados.

Es fácil reconocer en Kiseki (Milagro), su última película, elementos de sus dos títulos más celebrados. Pero esta vez Kore-eda tiñe su trabajo de una luminosidad, de un inusitado halo esperanzador, donde el mundo se ve a través de los ojos de unos niños cuya inocencia no ha sido tan bruscamente interrumpida como los de Nadie Sabe, y la amargura que sufren los mayores por el paso del tiempo, a diferencia de los personajes de Still Walking, logra encontrar un bálsamo, aunque sea pequeño.

Imagen de Kiseki de Kore-eda

Imagen de Kiseki de Kore-eda

Koichi, de 12 años, vive con su madre divorciada y sus abuelos en Kagoshima. Su hermano menor reside con su padre en Fukuoa, a kilómetros de distancia. El joven Koichi sueña con que su familia vuelva a estar junta, pero para ello necesita un milagro. Es entonces cuando Koichi se entera de que la nueva línea del shinkansen (el tren bala) que une Kagoshima y Hakata está a punto de ser inaugurada. Según la cultura popular, basta con estar presente en el momento en que dos trenes se crucen para que tus deseos se hagan realidad. Koichi idea entonces con su hermano un plan para viajar a Kumamoto, el punto exacto en el que tendrá lugar la mágica coincidencia. En este emocionante periplo les acompañarán sus respectivos amigos, y la ayuda de familiares, profesores e incluso desinteresados desconocidos, será vital para cumplir su misión.

Como en Los Goonies o Cuenta conmigo, este grupo de muchachos, más allá de una aventura, vivirá un viaje iniciático y simbólico del que no volverán siendo los mismos. A partir de las emociones, los anhelos y las rutinas de estos niños, Kore-eda dibuja con precisión, veracidad, calidez y genuina emoción ese universo infantil en el que la felicidad puede reducirse a unos buñuelos de pulpo, la ilusión sigue siendo el motor de tus acciones y donde tus profesores te preguntan en la escuela qué quieres ser de mayor mientras que en tu casa ves que tus progenitores apenas son una sombra de aquello que soñaron. En este particular microcosmos, los adultos permanecen en segundo plano, pero su papel es fundamental, ya que son ellos los que posibilitan finalmente que los pequeños puedan realizar su sueño, como una manera metafórica de seguir dando vida a ese niño interior que amenaza con desaparecer definitivamente. Un niño interior que continúa teniendo reminiscencias en una madre que se emociona tras una noche de copas con sus compañeros de trabajo; en una abuela que acude a clases de baile o en un padre que se niega a dejar el grupo de rock en el que toca desde su juventud.

Kiseki

Kiseki

Y la pregunta del millón es: ¿en qué consiste el milagro de la película? No te vamos a destripar nada, pero la epifanía a la que asistimos al final de Kiseki nada tiene que ver con los milagros de filmes como Rompiendo las olas u Ordet (La palabra). Las revelaciones del filme de Kore-eda tienen más que ver con la famosa bolsa de plástico que flotaba en American Beauty o el jilguero con el que sueña Laura Dern en Terciopelo Azul. Kiseki viene a decirnos que la vida está plagada de pequeños milagros cotidianos, pequeños momentos de magia y felicidad que hay que agarrar y valorar para no caer en la tristeza y el desamparo. La vida es como un dulce japonés tradicional, al principio crees que no tiene mucho sabor, pero al final te acostumbras y le encuentras disfrute. Como los grandes, Kore-eda consigue emocionar recurriendo a lo más simple. En estos tiempos en los que muchos esperan un milagro económico, Kiseki nos regala un milagro cinematográfico. Bienvenido sea.

Kiseki (Milagro) llega a los cines el viernes 20 de abril.

Tags: , , , , , , , , , ,

Category: Críticas

Deja un comentario