‘Grandes esperanzas': Dickens reloaded

| 25 marzo, 2013 | 0 Comentarios

Helena Bonham Carter en un fotograma de 'Grandes esperanzas'

Helena Bonham Carter en un fotograma de ‘Grandes esperanzas

Cuando Roman Polanski estrenó en 2005 su versión cinematográfica de Oliver Twist, muchos críticos se mostraron decepcionados por lo que consideraban una adaptación correcta y visualmente impecable, pero demasiado impersonal para un cineasta de su prestigio. Sin embargo, el director polaco aseguró durante la presentación del filme que su pretensión no era otra más que hacer una película para sus hijos. Esta declaración de intenciones podría servir para responder a la pregunta que los espectadores más cinéfilos se plantean cada vez que se revisita un gran título de la literatura universal en pantalla grande: ¿qué necesidad había de volver a contar de nuevo la misma historia?

Las palabras de Polanski nos recuerdan que es muy probable que las nuevas generaciones no sepan quién es ese señor llamado Charles Dickens o que el musical de Los Miserables fue antes una novela de un tal Victor Hugo. Se nos olvida que nuestra memoria colectiva no es la misma que la que comparten unos espectadores más jóvenes para los que Crepúsculo es quizás el no va más de las historias de amor. Aunque sólo sea por el hecho de perpetuar la herencia cultural, la puesta en marcha de nuevas adaptaciones de grandes clásicos debería estar justificada sin necesidad de buscar otras coartadas autorales o económicas. Si por algo se consideran obras inmortales, es porque su vigencia y eficacia resiste el paso del tiempo, manteniendo sus historias la fuerza y trascendencia que engancharon a los lectores siglos atrás.

Jeremy Irvine y Holliday Grainger protagonizan 'Grandes esperanzas'

Jeremy Irvine y Holliday Grainger protagonizan ‘Grandes esperanzas’, de Mike Newell

Si resulta más interesante desde el punto de vista artístico hacer una relectura contemporánea de una obra cumbre o un acercamiento estilístico innovador que limitarse seguir al pie de la letra el férreo armazón narrativo que las sustenta, es otra cuestión donde no vamos a entrar. A diferencia de Polanski, cuando se anunció que Mike Newell era el encargado de llevar de nuevo al cine una de las últimas novelas de Charles Dickens dudo que muchos se esperaran una arriesgada puesta al día. Presentado en la publicidad del filme como el director de Harry Potter y el cáliz de fuego, los que ya contamos con más años lo recordamos como ese irregular cineasta capaz de concebir filmes tan apreciables como Cuatro bodas y un funeral o Donnie Brasco y fiascos del tamaño de La sonrisa de Mona Lisa o El príncipe de Persia. Newell lleva Grandes Esperanzas con oficio y buena letra, pero sin brillantez, sabiendo que la historia de Dickens sólo necesita estar mínimamente bien contada para despertar el interés de aquellos que la desconocen.

La aventura del joven huérfano que pasa de estar bajo la tutela de su cuñado, un humilde herrero, a heredar una gran fortuna de un desconocido benefactor reúne los temas y recursos más queridos por el novelista inglés: la ascensión social, la bondad que triunfa finalmente sobre la mezquindad; el retrato de la miseria y la codicia, las coincidencias más folletinescas y unos personajes pintorescos y extravagantes como el de Miss Havisham, interpretado por una Helena Bonham Carter que parece no haber abandonado el set de rodaje de una de las películas de Tim Burton. Nada chirría, ni tampoco sorprende, en esta adaptación cuya mayor virtud es recordarnos el gran guionista que habitaba en Charles Dickens, y que quizás requiere una virginidad parecida a la de los hijos de Polanski para ser disfrutada.

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