“Godzilla”: Mi héroe

| 19 mayo, 2014 | 0 Comentarios

 

Con todos ustedes, el esquivo Godzilla.

Con todos ustedes, el esquivo Godzilla.

Es frustrante, sobre todo para el aficionado más curtido, ver una película de semejante calibre quedarse  a medio camino, pero no se le pueden negar sus aciertos a este nuevo remake del clásico japonés de Ishirô Honda estrenado hace 60 años. De hecho, es la conexión argumental con la franquicia original japonesa la que otorga los momentos más gozosos de esta nueva monster movie made in Hollywood.

Dejando a un lado la obvia sequía de ideas de la que lleva haciendo gala la Meca del cine en los últimos lustros, y entrando en lo que nos importa, que es si merece la pena dedicarle un par de horas al asunto, hay que empezar diciendo que el film de Gareth Edwards lograr borrar de nuestra impresionable memoria el horripilante exabrupto de Roland Emmerich, estrenado allá por 1998. Este nuevo Godzilla es un espectáculo bastante más logrado a todos los niveles y algo más respetuoso con la masa gris de la audiencia. Para empezar, el envoltorio es exquisito, algo que ya pudimos empezar a apreciar en los primeros avances. No es algo que se pueda decir de la mayoría de películas de entretenimiento hoy en día, pero la puesta en escena aquí es uno de los platos fuertes. Y en ese sentido es el director, Gareth Edwards, la verdadera revelación, y eso que el legendario monstruo gigante se luce de lo lindo a pesar de su escaso tiempo en pantalla.

Los hijos del átomo.

Los hijos del átomo.

Edwards, contratado para la ocasión tras parir en 2010, con un presupuesto minúsculo, un film titulado Monsters, en el que estos, curiosamente, brillaban por su ausencia, si exceptuamos su escena final, se revela aquí como un digno sucesor del Spielberg de cintas como La guerra de los mundos o Encuentros en la tercera fase. Si en la citada Monsters supo jugar con la atmósfera para mantener al espectador en tensión dándole gato por liebre la mayoría del tiempo, esta vez repite la operación, aunque dosificando no sólo con un presupuesto infinitamente superior, sino con gran inteligencia, lo que ocurre delante de la cámara y lo que escapa a esta, siguiendo los pasos del director de Tiburón, revelando poco a poco a los monstruos, jugando con la luz , la cámara y el montaje y sin perder nunca de vista las reacciones de los abrumados humanos que, impotentes, se convierten en desdichados espectadores del paso devastador de los titanes.

Evitando repetirse, teniendo en cuenta que todo se reduce a una trifulca entre monstruos gigantes, Godzilla arranca como un misterio, un rompecabezas cuyas piezas no empiezan a encajar hasta bien pasada la media hora de metraje. Siguiendo la estela de la cinta original, el terror nuclear sigue presente en el origen del peligro, aunque esta vez, el lagarto gigante que da título a la cinta, haya nacido mucho antes de la llegada de la maldita bomba atómica. Es decir, el concepto se actualiza sin traicionar al original, y lo que es mejor, el héroe incomprendido que casi siempre fue Godzilla en sus numerosas apariciones cinematográficas, vuelve a serlo aquí para deleite de sus fans. Eso sí, un justiciero cuyo tamaño descomunal deja un rastro de muerte y destrucción allí por donde pasa, aunque todo sea para librar nuestro querido planeta de las más indeseables criaturas.

El salto sobre San Francisco: una secuencia memorable.

El salto sobre San Francisco: una secuencia memorable.

Todas y cada una de las secuencias en las que aparecen estos bicharracos haciendo de las suyas son dignas de aplauso, dejando en evidencia, algo por otro lado habitual en esta madurita franquicia, el aspecto humano de la historia. Sus responsables han querido que los personajes sean el motor de la narración, pero llegados a cierto punto, queda claro que no son más que una excusa para rellenar metraje entre cada una de las apariciones de los deseados engendros. De hecho, cuadrar el viaje de su protagonista, el inexpresivo Aaron Taylor-Johnson, con el de las criaturas, es algo tan pillado por los pelos, empezando por su condición de militar y especialista en explosivos, que acaba siendo conveniente ignorar tanta coincidencia para poder disfrutar de la película.

Y es que el peaje que se paga aquí con los personajes es bastante alto y penaliza gravemente el conjunto. Bryan Cranston otorga credibilidad e intensidad, pero su personaje está desaprovechado, aunque algo menos que el de una fugaz hasta la carcajada Juliette Binoche. Menudo desperdicio, señores. Ellos podrían haber sido unos más que dignos protagonistas, pero la dictadura juvenil de Hollywood es cosa seria a la hora de aprobar grandes presupuestos y la familia de yogurines no tarda en imponerse al relato: El soldadito ejemplar casado con la enfermera ejemplar. Y padres de un niñito adorable. Ella es Elizabeth Olsen, una actriz más que capaz que, oh sorpresa, también resulta desaprovechada, convertida en una damisela en apuros con la que el film pretende buscar la empatía con la audiencia en los momentos en los que la pelea de monstruos alcanza las zonas pobladas. Nota friki adjunta: Olsen y Taylor-Johnson aquí son marido y mujer, pero en la inminente Los Vengadores: La Era de Ultrón serán hermanos (y esperemos que Joss Whedon sepa y pueda aprovecharlos mejor).

Cierren puertas y ventanas... la batalla está a punto de empezar.

Cierren puertas y ventanas… la batalla está a punto de empezar.

Otros buenos candidatos a protagonistas, aunque reducidos a simples comparsas, son Sally Hawkins y Ken Watanabe, pareja de científicos que, junto a Cranston, nos explican a toda pastilla la película para luego dejarla en manos del ejército, no vaya nadie a aburrirse. Una lástima que nos tomen por tontos cuando el guión realmente apunta maneras en su discurso contra la energía nuclear y el canto a la indomabilidad de las fuerzas de la naturaleza. Al menos ahí queda el espectáculo. Uno realmente mayúsculo, ejecutado con gusto y saber hacer, y que al menos dejará un delicioso sabor de boca a los que simplemente busquen una buena película de Godzilla.

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Category: Críticas, Destacados

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