‘Gloria': una mujer descasada

| 3 octubre, 2013 | 2 Comentarios

Paulina García en un fotograma de 'Gloria'

Paulina García en un fotograma de ‘Gloria’

La película seleccionada por Chile para competir en la próxima edición de los Oscar como Mejor Película Extranjera no sólo comparte nombre con uno de los títulos más emblemáticos de  John Cassavetes. Al igual que gran parte de la obra de uno de los pioneros del cine independiente americano, Gloria es también un retrato femenino perfectamente construido, vertebrado en un personaje tan bien definido, y tan expuesto en su más absoluta intimidad, que uno puede llegar incluso a sentir pudor.

Una mujer de más de 50 años baila en un bar frecuentado por solteros y divorciados maduros. Empequeñecida por unas gafas enormes y nada favorecedoras, su mirada escanea el entorno en busca de algún contacto visual masculino. Horas después, vemos a la misma señora saliendo con dificultad del local, sin compañero, y con un evidente estado de embriaguez. Al día siguiente, suena el despertador, y la mujer se despierta sola en su cama. En su coche, de camino al trabajo, Gloria, que así se llama, escucha y canta ‘Eres‘, el éxito de Massiel. Con apenas tres escenas y ningún diálogo, ya tenemos introducida y presentada a grandes, pero eficaces rasgos, a nuestra ‘heroína’. Poco a poco, y siempre con la misma sutileza, iremos conociendo más a esta mujer descasada adicta a la canción melódica, hasta comprenderla de tal modo que nos será imposible despegarnos de su historia personal.

'Gloria' es la candidata chilena a los Oscar

‘Gloria’ es la candidata chilena a los Oscar

El drama de la protagonista de esta película orquestada por Sebastián Lelio, y producida por el director de No, Pablo Larraín, no es el de una madre coraje, sufridora y maltratada por la vida. Gloria tiene empleo estable, unos hijos emancipados, y mantiene una cordial relación con su ex marido, a pesar de que la abandonó por una amante más joven y guapa. Su situación es simplemente la de cualquier mujer madura que se enfrenta a la difícil tarea de rehacer su vida y espantar la temida soledad. La llegada de Rodolfo (Sergio Hernández) , otro divorciado al que conoce en una de los clubs que visita por las noches, le devuelve la esperanza de construir una relación. Sin embargo, Gloria pronto descubrirá lo complicado que es vaciar una mochila en la que las experiencias del pasado, el miedo a envejecer y la desconfianza que dan los años pesan demasiado.

Sebastián Lelio nos lleva de la mano sin subrayados, con precisos toques de áspero humor, y con tremenda naturalidad – especialmente en las escenas de sexo –  por esta particular reeducación sentimental de una mujer a la que todas las señales le alertan de que quizás no queda tanto tiempo para intentarlo de nuevo. En Gloria, desde las gafas de la protagonista, hasta el impagable tracklist al más puro estilo Onda Nostalgia, casi todo funciona como una nota a pie de página, como un apunte que añade un matiz nuevo a un personaje increíblemente rico. De igual modo que el Aschenbach de Muerte en Venecia, al que Lelio parece hacer un guiño incluyendo un extracto de  la partitura de Mahler que utilizó Luchino Visconti en su célebre adaptación cinematográfica; o el Geoffrey Firmin de Bajo el volcán, Gloria se cruza con símbolos premonitorios, no tanto de la cercanía de La Guadaña, como de su irreversible decadencia, siendo el esqueleto bailarín con el que un feriante pide dinero en la calle el más evidente de todos.

El espectador termina sintiéndose tan cerca de esta mujer, a lo que ayuda sin duda la portentosa interpretación de  Paulina García (Oso de Plata en Berlín), que cuando en la escena que cierra el filme suena el conocido éxito de Umberto Tozzi que da nombre a la película, a uno le entran ganas de ponerse a bailar con la protagonista, a pesar de lo amargo de su situación. Al fin y al cabo, la existencia de esta magnífica Gloria justifica cualquier celebración.

 

Gloria se estrena en salas el 4 de octubre.

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Comentarios (2)

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  1. Interesante texto, Ángel, sobre una propuesta que a mí también me pareció muy, muy estimulante. Ese retrato agridulce de un personaje que opera con idéntica fuerza en su condición de individuo (único y particular) y en la de arquetipo ajustado a un patrón cada vez más extendido como fruto de la concurrencia de una serie de factores económicos y sociales en el mundo (occidental acomodado) en que se desenvuelve la trama, me parece que está muy logrado por parte del autor, y, sobre todo, por parte de la que, al fin y a la postre, termina resultando principal ‘facedora’ de la cinta, en su condición de protagonista omnipresente, que es Paulina García, la actriz que da vida a Gloria. Un film estimulante y muy recomendable para todo/a espectador/a con interés en un cine de calado humano y a ras de tierra.

    Felicidades y un abrazo.

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