‘Emperador': La II Guerra Mundial sin pena ni gloria

| 19 diciembre, 2013 | 0 Comentarios

Tommy Lee Jones es el general Douglas MacArthur en Emperador

Tommy Lee Jones es el general Douglas MacArthur en Emperador

La II Guerra Mundial siempre ha sido foco central de multitud de largometrajes. Perderíamos la cuenta si tuviésemos que enumerar todas las películas que recordamos acerca de uno de los conflictos más sanguinarios de la historia de la humanidad. El holocausto se ha utilizado para alimentar el argumento de tantas cintas hollywoodienses que conocemos de sobra los horrores vividos en aquellos años aciagos. Aunque no por ello debe de detenerse la elaboración de esa tipología de cine bélico. Una mirada al pasado contribuye a que no olvidemos la capacidad que tiene el ser humano de odiar sin razón; de cómo las naciones pueden llegar a poner en peligro la amistad entre los pueblos. En ese sentido, el séptimo arte – como muchas otras disciplinas – actúa como recordatorio. Como si de una advertencia se tratase, nos hace ver el camino que no debemos tomar para acabar desembocando en otra conflagración de repercusiones catastróficas. Y a pesar de que ya conozcamos las causas que hicieron estallar el conflicto y su resultado, existen capítulos que han caído en el olvido, o que, simplemente, no han obtenido la resonancia mediática necesaria para que tengamos conciencia sobre ellos. Uno de esos desconocidos pasajes es el que narra Emperador, cuando el imperio del sol naciente se rindió bajo el yugo estadounidense, justo después del lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. La película que dirige Peter Webber (La joven de la perla, 2003) retrata la llegada de las tropas aliadas norteamericanas a Japón en 1945, destinadas a instaurar la paz y a reconstruir  una nación arrasada.

El relato parte des del punto de vista del General Bonner Fellers, interpretado por un Matthew Fox – protagonista de la exitosa serie Perdidos – al que le encasquetan la misión de investigar si el emperador Hirohito puede ser hallado culpable de crímenes de guerra. La premisa del film se antoja interesante, pues tales hechos han pasado prácticamente desapercibidos por el mundo del cine, pero después de ver la película uno sale de la sala con la inequívoca sensación de haber presenciado el desaprovechamiento de una trama suculenta. Estamos ante una historia que te deja frío, casi indiferente, con un comienzo que promete pero que se va desinflando a medida que avanza la trama, hasta que el interés suscitado en un principio deja paso a la indolencia del espectador hacia su visionado.

Matthew Fox y Kaori Momo en Emperador

Matthew Fox y Kaori Momo en Emperador

La película arranca con unas imágenes de un Japón de edificios ruinosos y suelos horadados por los cráteres de las bombas que provocaron la capitulación de la nación nipona. El diseño de producción es uno de los puntos fuertes que nos regala el film de Webber, pues a pesar de que nos ofrezca, en todo momento, la perspectiva de los vencedores, arrastran estas imágenes dantescas una connotación de cierta culpa con respecto a los métodos usados por las fuerzas de ocupación para someter a la patria enemiga. Esa sensación de responsabilidad hacia lo sucedido subyace a lo largo de toda historia como un elemento latente, que asoma de vez en cuando como para pedir disculpas a Japón. O al público. Tímidamente. De todos modos y como indicábamos anteriormente, es innegable la reconstrucción de unos escenarios más que logrados, donde se respira la miseria de unos habitantes que se ven obligados a convivir entre los cascotes de una ciudad derruida.

Por otro lado, el personaje que encarna el fogueado en mil combates Tommy Lee Jones, que no es otro que el Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en el Pacífico – el General Douglas MacArthur – es otro de los atractivos por los que puede valer la pena ver la película. Lee Jones se mete en la piel del hombre que tuvo que restablecer el orden en Japón, una de las figuras militares norteamericanas más influyentes de la II Guerra Mundial. El actor hace una recreación del comandante más que acertada. Con ese espíritu de líder indiscutible e inflexible. Severo en sus decisiones y ambicioso, aspirando a poder realizar sus incursiones en política para optar a la presidencia. Con esa pipa de panocha de maíz colgando de sus labios y esa mirada altanera y displicente, el avezado actor se merienda la pantalla y al desafortunado Matthew Fox, al que su papel protagonista le viene un tanto grande. Y tal vez es esa una de las razones por las que no consigo empatizar con la película, pues su interpretación carece de emociones. No toca la fibra del espectador ni consigue arrastrarnos hacia sus tormentos e inquietudes. Suyo es el rol que dirige la historia, y a partir de él se vertebra toda la trama principal. Fox debería conducir todas las secuencias con el peso suficiente para que nos creamos el relato y su interpretación, pero su trabajo deja mucho que desear y pone en evidencia sus limitaciones.

La tarea de demostrar al público las investigaciones que se abrieron para tratar de inculpar o exonerar al emperador

Matthew Fox en Emperador

Matthew Fox en Emperador

Hirohito pueden atraer nuestra atención. El propósito que tenía el gobierno de Estados Unidos de ver su cuello estrangulado por una soga y la decisión que se tomó finalmente son argumentos que dicen mucho a favor de las intenciones del film. Pero cuando estas pesquisas las dirige el General Bonner Fellers, llevado a la vida por Matthew Fox, que pasa gran parte de la película recopilando datos y entrevistando personalidades cercanas al emperador, el guión pierde enteros. Y ése no es el único motivo que empaña el desarrollo de la historia, pues somos testigos del avance de una trama paralela que tiene que ver con un romance que Fellers vivió con una japonesa mientras ésta pasaba una temporada en EEUU. El General se enamoró de la chica, la cual tuvo que regresar a su hogar sin previo aviso, dejando al militar con un recuerdo amargo de su amorío. Esa subtrama, presentada mediante continuos flashbacks que desorientan la dirección que toma la historia, desdibujan la finalidad de la película. El personaje de Fox se obceca en encontrar a su amada entre los escombros de la ciudad mientras realiza sus indagaciones acerca del papel que desempeñó el emperador Hirohito durante el conflicto. Por momentos, el argumento amoroso parece eclipsar las averiguaciones de Fellers, descuidando el objetivo del general y el de la narración.

Emperador es otra película más sobre la II Guerra Mundial, que no conseguiremos retener en nuestras retinas debido a un guión mal gestionado. Pasará sin pena ni gloria.

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Category: Críticas, Destacados

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