‘El vuelo': De adicciones y otras crisis

| 13 febrero, 2013 | 0 Comentarios

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Tildar El vuelo de moralista, como se está leyendo por ahí, es algo así como tachar de explícita una película porno. Estamos ante un cuento moral acerca de las adicciones con una tesis muy sencilla: las drogas en exceso son malas, y peores si vivimos en una sociedad donde se tiende a retorcer sencillos principios morales como ese en pos de un beneficio inmediato.

Es el caso aquí de un piloto alcohólico que no reconoce su adicción o el de la compañía aérea que, para justificar el consumo de bebidas espirituosas por parte de la tripulación de un vuelo siniestrado, recurre a la calumnia para no poner en peligro sus jugosos beneficios.

La gracia del guión está en que el protagonista de la historia es un profesional para el que la palabra control lo es todo, un piloto de vuelos comerciales simplemente excepcional, cuyo talento permite salvar la vida a un centenar de personas en un accidente aéreo magistralmente puesto en escena por Robert Zemeckis, que con este largometraje vuelve al cine de imagen real tras 12 largos años dedicados a la animación generada por ordenador y a la estereoscopía. Un regreso esperado por los que nos encontramos entre sus admiradores, y uno realmente inteligente y modesto, sin hacer demasiado ruido mediático, con un nivel de producción relativamente barato y apoyándose más en el guión y en los actores que en la pirotecnia visual, aunque el espectacular sello del director de Regreso al futuro está omnipresente en cada escena del film.

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Con un brillante Denzel Washington, afortunadamente más contenido que de costumbre, Zemeckis se mueve con pericia entre el drama y el cine de suspense, logrando que el espectador se sienta fatigado entre tanto tabaco, alcohol y cocaína, y hasta amenazado por su sola presencia, aunque sin cargar las tintas en ese sentido. Y es el pulso narrativo del cineasta, su ejemplar dirección de actores y la solidez del guión los que desmarcan el resultado de las habituales historias de adicción que tan a menudo vemos tanto en la pequeña como en la gran pantalla, a años luz de bodrios como 28 días o  Cuando un hombre ama a una mujer, y acercando el resultado a títulos clásicos como Días sin huella, El hombre del brazo de oro o Días de vino y rosas, aunque revelándose más sutil y menos melodramática, todo hay que decirlo. Eso sí, un poco de mesura con el metraje tampoco le hubiera venido mal, ya que sus 138 minutos de duración acaban por ser excesivos, mal demasiado común del actual cine norteamericano.

Pero por muy evidente que sea su mensaje o extensa su argumentación, El vuelo es una película en todo momento elegante y bastante contenida, como revela el muy comedido uso de su banda sonora original, un rasgo nada hollywoodiense, además de ofrecernos una reflexión atinada y oportuna sobre la evidente crisis de moral que atraviesa estos días nuestra sociedad.

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