El último concierto: El declive de un cuarteto

| 1 septiembre, 2013 | 0 Comentarios

Imagen de El último concierto con sus cuatro protagonistas Christopher Walken, Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener y Mark Ivanir.

Imagen de El último concierto con sus cuatro protagonistas Christopher Walken, Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener y Mark Ivanir.

Cuando un pieza falla, todo el mecanismo se desmorona como un castillo de naipes. Así es cómo se atascan las máquinas cuando creemos que están perfectamente engrasadas. Un chirrido inesperado indica que ensamblar el engranaje puede convertirse en una tarea ardua; que todo lo que se había construido con tanta pasión puede venirse abajo con solo un soplido, reportando unas consecuencias catastróficas. Incalculables. De eso nos habla Yaron Zilberman en su primera película, El último concierto, donde un cuarteto de cuerda llamado La Fuga ve amenazada su continuidad cuando uno de sus miembros decide retirarse.

El declive del cuarteto es sólo una metáfora, un punto de partida que nos ofrece el director para que afloren toda una retahíla de envidias y rencores entre los miembros del grupo, después de veinticinco años de giras sobre sus espaldas y un enorme prestigio como carta de presentación. Zilberman es capaz de tejer las tramas de los cuatro protagonistas de manera inteligente, añadiendo tensión mientras los instrumentos desafinan tanto como las vidas de quienes los tocan. De repente surgen egos que habían permanecido escondidos hasta entonces, desconocidos por todo el mundo; la subsistencia de un matrimonio peligra tanto como la existencia del cuarteto; las relaciones de los cuatro componentes se convierten en continuos resquemores, en reproches que siembran asperezas entre unos músicos que jamás hubieran imaginado semejante final. O semejante nuevo comienzo. Víctimas de un súbito egoísmo y acobardados ante la falta de un verdadero líder que los guíe, el cuarteto teme disolverse entre recriminaciones y malos gestos después de haber tocado durante largo tiempo en hermosa armonía.

La actriz Catherine Keener en una imagen de El último concierto

La actriz Catherine Keener en una imagen de El último concierto

La fragilidad de este cuarteto la sostienen cuatro personajes que se afianzan como los conductores de la historia. Zilberman ha querido primar el trabajo del actor por encima de cualquier otro elemento que complete la historia, descansando sobre ellos todo el peso de las tramas. Y qué se puede decir cuando el reparto lo conforman un espléndido Christopher Walken, Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener y Mark Ivanir. Los diálogos se tiñen de una carga dramática que los actores soportan con grandiosa credibilidad, donde cada secuencia se transforma en un escenario donde el intérprete se puede lucir para deleite del público. Y así lo hacen.

Christopher Walken encarna bellamente al violoncelista que sopesa la posibilidad de jubilarse al descubrir que padece los primeros síntomas del parkinson. El detonante de la historia. Suyo es el personaje que representa la veteranía y la unión del cuarteto. Philip Seymour Hoffman, acostumbrado a brindarnos actuaciones soberbias y, para mí, uno de los mejores actores del momento, da vida al segundo violín del grupo. Alguien que siempre ha vivido a la sombra del primer violín y que pretende cambiar su rol, adquiriendo más protagonismo. Catherine Keener interpreta a la violista del cuarteto. Casada con el personaje de Hoffman, la mujer experimenta la agonía de la banda paralelamente al naufragio de su propio matrimonio. Y, finalmente, Mark Ivanir. Más desconocido para el público pero encarnando el papel de primer violín. Perfeccionista, obsesivo, de carácter rígido. Líder. Su cometido en el grupo se ve puesto en entredicho por los demás, así como también su talento.

John Voight es uno de los miembros del cuarteto de El último concierto

Christopher Walken es uno de los miembros del cuarteto de El último concierto

Solamente el trabajo de los actores es motivo suficiente para disfrutar de El último concierto. Una historia que nos habla de una batalla de egos e inseguridades que reposa sobre las delicadas cuerdas de los instrumentos, con la dificultad que entraña tocar el Opus 131 de Beethoven como telón de fondo.

El último concierto se estrena en cines el 23 de agosto de 2013.

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