‘El páramo': viaje al final de la noche

| 9 enero, 2013 | 0 Comentarios

Fotograma de ‘El páramo’, dirigida por Osorio Marquez

Fotograma de ‘El páramo’, dirigida por Osorio Marquez

A veces, el terror más efectivo es aquel que no tiene forma, ese miedo primario que hace que la mente alimente los fantasmas más escalofriantes. Alejado de su mundo ordinario, incomunicado y rodeado de muerte y podredumbre moral, el hombre puede sacar el animal que todos escondemos en nuestro interior. Una contienda bélica es quizás el escenario más idóneo para que esa delgada línea roja que separa al salvaje del ser civilizado se difumine de manera evidente. Joseph Conrad lo plasmó en su extraordinaria novela El corazón de las tinieblas, donde la barbarie del colonialismo británico en el Congo lleva al jefe de una explotación de marfil a la locura, una historia  que, años después, Francis Ford Coppola trasladó a la guerra de Vietnam en su película Apocalypse now.

Al igual que estos dos clásicos, Jaime Osorio Marquez sigue la tradición de colocar a una serie de personajes en una situación hostil que acaba por desestabilizarlos. El páramo, que participó en el Festival de Sitges de 2011, sigue a un grupo de nueve soldados destinados a una base militar cuyos responsables hace tiempo que no dan señales de vida. Cuando llegan allí, descubren que están todos muertos y, aunque piensan que puede haber sido obra de la guerrilla colombiana, hay indicios que evidencian que tal vez se trate de algo más inquietante. Un inesperado hallazgo detrás de una pared acabará de descuadrar al equipo militar, que poco a poco va perdiendo el temple, según empiezan a ser conscientes de que pueden correr la misma suerte que sus predecesores.

Fotograma de 'El Páramo'

Fotograma de ‘El Páramo’

El planteamiento de esta coproducción entre Colombia, Argentina y España recuerda en cierto modo a Alien, el octavo pasajero y La cosa, donde un grupo de personas se enfrentan a algo inexplicable que siembra un clima de paranoia y desconfianza entre ellos, mientras son diezmados sistemáticamente. Aunque en El páramo no hay ningún monstruo, la presencia de una amenaza invisible recorre todo el filme, un peligro latente vivido por los protagonistas y percibido en todo momento por el espectador.

Verdadero ejercicio de terror psicológico, la cinta mantiene la tensión gracias a una cámara inquieta, que tan pronto se pega al rostro de los personajes para hacernos respirar su sudor frío como nos oculta en fuera de plano lo que está ocurriendo, con desconcertantes sonidos como única referencia. Como si fuéramos nosotros mismos los que estuviéramos en este páramo cubierto de niebla, la incertidumbre nos acompaña hasta el final, sin negarnos el malsano placer de un par de buenos sustos. ¿Se trata de una fuerza sobrenatural o simplemente la consecuencia del sinsentido de una guerra? Quienes busquen explicaciones fáciles pueden salir decepcionados y el plano que cierra el filme no hace sino confundirnos más. Al menos, Osorio Marquez  deja una certeza: el hombre es un lobo para el hombre. Nos suena, ¿no?

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Category: Críticas, Destacados

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